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¿Traerá Trump la paz o más bombas? Especuladores en la sombra parecen acertar siempre

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
1 de abril de 2026 22:16 h

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Cosas extrañas están ocurriendo en los mercados. El lunes pasado, 15 minutos antes de que Donald Trump publicara un anuncio de que se habían llevado a cabo “conversaciones productivas” con Irán, los operadores petroleros apostaron 500 millones de dólares sobre el precio futuro del petróleo. La declaración de Trump provocó una caída en los precios del petróleo crudo, y parece que algunas personas sabían que el anuncio se avecinaba, por lo que se hizo una apuesta rentable. No tengas envidia; simplemente algunas personas nacen con suerte.

No sabemos si las transacciones se realizaron con un conocimiento previo de los acontecimientos políticos, pero es una coincidencia tremenda. Todo parece “anormal”, dijo un analista petrolero a la BBC.

Las operaciones sospechosamente sincronizadas, si se realizaron realmente con conocimiento privilegiado, serían solo una parte de una bonanza de apuestas más amplia que reduce los acontecimientos políticos a una de las tantas oportunidades inesperadas para obtener ganancias. Tomemos Polymarket, un mercado de predicción en línea que despegó a principios de la década de 2020 y le permite apostar por cualquier cosa, desde el resultado del Super Bowl, hasta si Trump va a invadir otro país.

Previamente al ataque estadounidense contra Irán, varias cuentas nuevas en esa plataforma predijeron el momento de los bombardeos estadounidenses/israelíes, solo 24 horas antes de que ocurrieran. El mismo patrón se identificó después del golpe de Estado estadounidense en Venezuela en enero. Una sola cuenta, creada solo unos días antes de que ocurriera la acción militar, ganó más de U$400,000. Como resultado de estas transacciones, la gente se pregunta naturalmente si es posible que el presidente de los Estados Unidos o sus asociados se benefician ilegalmente del poder político, al tiempo que descubren que es casi imposible responder a esa pregunta. La Casa Blanca niega que la familia Trump haya participado en conflictos de intereses.

Los mercados de apuestas están aumentando en popularidad precisamente porque su actividad tiene pocas barreras de entrada y es difícil de rastrear. Las apuestas se hacen con criptomonedas como bitcoin, y, por lo tanto, dejan menos huellas y no tienen las restricciones bancarias tradicionales. Y las plataformas están descentralizadas, abiertas a usuarios globales y son muy difíciles de regular y ser cerradas Internacionalmente desde una sola jurisdicción. Los mercados financieros siempre han creado y negociado instrumentos especulativos basados en la anticipación de los movimientos de precios de un activo, pero los mercados de apuestas convierten el futuro en un activo sobre el que se puede apostar en función de un número casi ilimitado de escenarios, hasta e incluyendo cómo se interceptarán los misiles.

No sería exagerado especular sobre si algunas de esas apuestas sospechosas provienen directamente de una administración Trump descaradamente autoenriquecida. Desde que Trump asumió el cargo, su familia ha lanzado varias empresas de criptomonedas. Una investigación de The New York Times a principios de este año encontró que Trump ganó al menos U$1.500 millones en el primer año de su segundo mandato.

Esto no sugiere que Trump esté alertando activamente a cierta gente, pero tampoco parece inconsistente con la ética que ha exhibido hasta ahora. Hay otras posibilidades; que se trata de un conflicto desordenado rodeado de una gran y difusa banda de lacayos privados y profesionales. No es inconcebible que la gente simplemente recoja la información, y luego actúe y la transmita.

Pero hay un cambio cultural más amplio, que se está consolidando en la Casa Blanca y difundiendo en plataformas de apuestas. Es el de monetizar todo lo que sea posible, desde la presidencia hasta su presencia en línea, y convertir al público en marcas. Hay una promesa de que cualquiera puede lograr el mismo éxito que los estafadores. Es toda una industria. Los influencers en la manosfera venden plataformas de inversión dudosas, con la sugerencia implícita de que esta es la ruta para acceder a los lujosos estilos de vida que publican en las redes sociales. El anzuelo es que los exitosos de la sociedad tienen una fórmula, una fórmula secreta, una ventaja privilegiada, y que tú también la necesitas.

Detrás del apetito por estos esquemas hay una realidad a largo plazo: la reducción de las posibilidades de vivir una vida decente con un horario nueve a cinco que permite obtener una hipoteca, algunos ahorros, estabilidad laboral y una jubilación digna. Y con ello ha llegado la denigración cultural de trabajar para otro, la glorificación de ser tu propio jefe, de no volverte un mueble más con un trabajo de oficina. Optimice su dinero, tenga un pequeño ajetreo lateral especulando sobre los mercados de apuestas, obtenga un flujo de ingresos pasivos, ¡incluso el presidente de los Estados Unidos tiene uno!

Luego está el tipo de irrealidad que Trump ha inyectado en el mundo. Su tratamiento de todo como entretenimiento y espectáculo ha convertido la política en otra rama del deporte. Es a la vez un payaso malhumorado y un maestro de ceremonias todopoderoso de un circo global donde cada día es una sorpresa: ¿su decisión será pacífica o morirá gente? Haz tus apuestas.

Pero la política estadounidense siempre ha sido desconcertantemente laxa al regular los intereses financieros de quienes están en el poder. Los miembros del Congreso pueden comprar y vender acciones individuales, al tiempo que están al tanto de todo tipo de discusiones y regulaciones con respecto a las industrias que cotizan en bolsa. Nancy Pelosi ha amasado una fortuna durante su mandato y un “rastreador Pelosi” permite a otros seguir sus operaciones e imitarlas para replicar sus logros extraordinarios. El derecho a ganar dinero se extiende más allá de la oficina. Hillary y Bill Clinton convirtieron décadas de servicio público en una máquina de hacer dinero, ganando cientos de millones de dólares con discursos y consultorías, acumulando más dinero del que necesitan.

La pregunta que se cierne sobre gran parte del segundo mandato de Trump es si representa una aceleración de la dinámica que lo precedió, o si es un nuevo tipo de político. La respuesta puede ser ambas, dependiendo del escenario. Al impulsar abiertamente su fortuna y la de su familia, ha violado normas que veían aceptable cierto enriquecimiento de los cargos políticos pero no la descarada transformación de la Casa Blanca en una empresa privada. En la forma en que ha utilizado la oficina para vender la marca Trump ha roto con el decoro político, y ha igualado y acelerado una cultura más amplia de codicia sin escrúpulos.

Puede que nunca sepamos si estas transacciones sospechosas del mercado están directamente vinculadas a Trump, pero sí sabemos que encajan con el entorno actual: una cultura política desregulada, rapaz y especulativa que se está convirtiendo en un gran esquema global para enriquecerse.

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