El advenimiento de monsieur Reynders

Didier Reynders. EFE/EPA/OLIVIER HOSLET

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Es sumamente raro que los hombres cuenten una cosa simplemente como ha sucedido, sin mezclar al relato nada de su propio juicio

Spinoza

Monsieur:

No sé si usted es consciente de que su venida a España ha sido presentada desde múltiples instancias más como un advenimiento que como un viaje de trabajo. No sé hasta qué punto hay connivencia suya en ello. Lo que sí puede ver en cualquier resumen de prensa es que muchos esperan de usted que, convertido en juez todopoderoso, determine quién tiene razón y quién no en el tremendo quilombo que se ha organizado en nuestro Estado de Derecho por la continuada y persistente resistencia del Partido Popular a cumplir con sus deberes constitucionales. Es más, me temo que unos cuantos esperan que su veredicto pueda ser usado como herramienta política y de relato contra el adversario. 

Leo que sus compatriotas dicen que los adjetivos que mejor le cuadran a usted son inteligente, frío y cínico… No tengo el gusto de conocerle para poder rebatírselo, pero los dos primeros le van a ser muy necesarios y el último quizá le permita zafarse de las trampas que le irán colocando. Por supuesto, en este país no le importa a nadie que usted haya venido a preparar con algunos ministros la próxima presidencia europea o a estudiar la propuesta de aprobación de sanciones penales a aquellos que eludan las medidas restrictivas de la UE o a preparar la cumbre de cortes constitucionales o a cualquiera de las otras cuestiones que figuran en los órdenes del día. No, usted ha venido de hoz y coz a hacer de mediador aunque en sus palabras usted mismo lo limite a “animador de negociaciones”. Le confieso que en este país lo que no nos falta precisamente son animadores. 

No se le puede negar que se va a reunir con todo el que se lo ha pedido y que el minutado de su agenda es toda una declaración: con hora y media van a la cabeza los ministros Garzón y Calviño -con los que comerá- y la ministra de Justicia; luego llegan los de la hora justa, que son Lesmes, el presidente del TC y el fiscal general del Estado, y ya luego bajamos a los 45 minutos del ministro Bolaños, que comparte minutado -y es curioso aunque lo hayan dividido en dos encuentros diferentes en dos días- con el trío Arrimadas, Bal y Vázquez Lara, lo que le da a Ciudadanos más tiempo de entrevista que a González Pons, al que dedicará 40 minutos. No sabemos el orden del día ni los motivos de esas entrevistas, como tampoco lo que centrará sus 45 minutos de encuentro con Hay Derecho, una fundación que no es tampoco neutra, y a la que va a dedicar un cuarto de hora más que a las asociaciones judiciales Francisco de Vitoria y APM. Así, a bote pronto, yo diría que Ciudadanos, un partido en vías de extinción, tiene un curioso relieve en su agenda, pero serán cosas mías. 

Usted ya es consciente de que se las ve aquí con tres fuerzas dominantes tirando de los hilos: los dos partidos principales y los intereses corporativos judiciales, que en última instancia han sido colonizados por el partido conservador. Sepa que el PP es el responsable del mayor destrozo legislativo que haya afectado nunca al CGPJ y que fue un ministro suyo, Ruiz-Gallardón, el que lo neutralizó para entregárselo maniatado a Lesmes. No les salió como pensaban, pero así fue. También es responsable del destrozo institucional actual. Ahora son los más entregados a su advenimiento, como en una nueva epifanía europea, y esperan de su “mediación” que obligue a los socialistas a aceptar su versión del relato -esto es muy importante- y las condiciones que nunca podrían imponer según la Constitución y la legislación española. Usted verá, pero estos señores que ningunearon y hasta casi faltaron al Consejo de Europa cuando se le ocurrió aprobar una petición para que se dejara de perseguir a Puigdemont y otros políticos catalanes mediante el derecho penal y las órdenes europeas de detención, ahora sólo besan los pies por los que pisa GRECO, un organismo del Consejo de Europa. Lo mismo vale para otros tantos de los que usted va a recibir estos días. Eso sin mencionar que el PP ha tenido legislaturas varias para hacer que los jueces se eligieran a sí mismos para el CGPJ y que nunca lo ha hecho. Espero que al menos alguien le haya hecho reparar en que esos 12 vocales judiciales en España constituyen mayoría absoluta y controlarían el órgano, y no como en su país, Bélgica, en el que son elegidos así los 20 vocales judiciales, pero tienen a su lado otros 20 de otra procedencia. Eso marca una diferencia ¿no cree?

No entiendo que desde la UE se pueda imponer ningún sistema concreto para los nombramientos judiciales, dadas las diferencias existentes entre los estados miembros. De eso se trata, no se llame a engaño, de cambiar un sistema por otro sin debate democrático. Quieren que usted diga que las cosas tienen que ser de una forma sí o sí, pero usted y yo sabemos que no puede hacerlo. Según Ginsburg hay cuatro métodos posibles de nombramientos de la judicatura: el mecanismo de nombramiento de órgano único (el ejecutivo), los nombramientos profesionales, el mecanismo de nombramiento cooperativo y el mecanismo de nombramiento representativo y la mayoría están presentes en la UE, que no ha intentado jamás homogeneizarlos. Aquí lo que pretenden es cambiar de uno a otro dando la impresión de que no cabe un debate democrático en este país antes de legislar o no legislar al respecto. Como ciudadana me indigna esa idea. La presión en la opinión pública ha querido trasladar que los nombramientos profesionales propugnarán una especie de judicatura neutra ideológicamente -esa vieja idea tan franquista- que usted sabe mejor que nadie que es una entelequia. Digamos eso a los alemanes que con tanta naturalidad asumen la ideología de los suyos y demostremos que debido a ello no quedan jueces en Berlín. Sería burlesco.

El Instituto Internacional para la Democracia advierte de los problemas que pueden dar cada uno de los sistemas -ninguno es perfecto- y también el de elección de los jueces por los jueces: “Una judicatura que se auto perpetúa puede proteger la independencia y profesionalidad judiciales, pero también puede concentrar el poder en la magistratura superior, lo que mermaría la independencia de los jueces individuales, aumentaría el conservadurismo de los tribunales, y les restaría representatividad, responsabilidad y sensibilidad ante el público”. No deje que intenten descargar sobre usted la responsabilidad de si España debe asumir ese modelo o no. Pas question. El modelo actual ha estado plenamente en funcionamiento desde 1985 y nunca se han producido disfunciones salvo cuando el Partido Popular ha perdido el poder en las urnas y ha pretendido mantenerlo en otras instituciones. Es un hecho perfectamente comprobable. 

Por último, verá que algunos le reprochan no ser neutral, porque calibran el número de horas que ha pasado o va a pasar reunido con personas que ven las cosas de una manera frente a las que la ven de otra. Yo no lo voy a hacer. No creo que sea su papel decidir que una anomalía forzada por un partido puede convertirse en una obligación inmediata y formal de legislar contra la actual mayoría en la Cámara. Así que anímelos, anímelos, pero no olvide quiénes han roto dos veces una negociación ya firmada. Y no olvide tampoco que la última norma aprobada democráticamente para impedir a un CGPJ fuera de plazo seguir copando los tribunales no es sino la pataleta parlamentaria ante el descaro y el cinismo con que un partido, el PP, se ha reído impunemente de las normas y de las instituciones.

Que le sea leve.

Veuillez agréer, Monsieur, l'expression de mes salutations distinguées.

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