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Amnesia colectiva

Luna Miguel

Solo quiero enseñaros el fragmento de un poema.

Pero antes debería poneros en contexto.

La autora de los versos que vais a leer al final de esta página es Koleka Putuma, una activista sudafricana nacida en 1993 que ha conseguido que su primer libro de poemas se convierta en un bestseller no sólo en su país, sino en buena parte del continente africano. En España podemos leerlo gracias a la editorial Flores raras y a la traducción de Arrate Hidalgo y Lawrence Schimel.

El libro, Amnesia colectiva, es un texto que analiza los conceptos de poder y privilegio, asociados especialmente a la cuestión de género y la raza. Amnesia colectiva es literariamente potentísimo: su autora usa sin pudor el lenguaje de las redes sociales y lo mezcla con el diario íntimo, con los titulares de prensa viral, con las listas, el haiku, los homenajes voluntarios a la generación beat y las vueltas de tuerca a los cánticos de una religión que justificó la violencia hacia su pueblo.

La poesía de Koleka Putuma también es potente en cuanto a su compromiso político, incluso si hoy su figura puede estar rodeada de curiosas contradicciones. Si por un lado Forbes y Marie Claire la eligen como una de las voces más influyentes de África, por el otro sus textos no son nada complacientes con ese tipo de dinámicas legitimadoras de la prensa occidental.

Por eso, cuanto más leo sobre Amnesia colectiva, más se me antoja este texto como un pequeño gran “milagro”. Para empezar, Putuma no se habría hecho tan conocida y de manera tan rápida si del cartel de la sesión TED a la que asistió para leer sus poemas no se hubiera caído a última hora otra escritora. Putuma leyó como ella solía hacerlo: con rabia y con verdad y sobre cuestiones raciales y de género que, por lo visto, incomodaron a la audiencia principalmente blanca del evento.

La polémica terminó con la censura de uno de sus poemas, eliminado de YouTube, pero también con la necesidad de la escritora de volcar todas sus ideas sobre el apartheid, sobre la lucha de clases y sobre la violencia machista del país que habita, en un poemario que al principio estaba hecho de fragmentos de sus vídeos, después de fotografías y versos sueltos, y que por último tomó la forma que ahora tiene Amnesia colectiva.

Ni libro de poemas al uso, ni novela generacional, ni manifiesto antirracista, pero quizá todas esas cosas a la vez y más, Koleka Putuma ha logrado aunar en pocas páginas lo que a mí se me antoja como la Teoría King-Kong de nuestra generación. O tal vez algo más fuerte y más rotundo, porque me interpela no solo desde el reconocimiento que siento ante sus reclamos feministas (como cuando dice “no quiero morir / con las manos en alto / ni abierta de piernas”), sino también desde el golpe que encaja a mis privilegios (como cuando escribe “quiero a alguien que vaya a mirarme / y quererme / como lxs blancxs miran / y quieren / a Mandela”).

Pero el fragmento del poema que yo quería enseñaros era otro.

Uno sencillo y perfecto.

Probablemente ni siquiera necesitabais que os pusiera en contexto para apreciarlo, aunque no quería perder la oportunidad de mostraros desde dónde escribe su autora y con qué urgencia nos interpela.

“¿No es curioso?

Que cuando preguntan sobre nuestra infancia negra,

solo les interesa nuestro dolor,

como si las partes felices fueran accidentales.

Escribo poemas de amor también,

pero

solo quieres ver mi boca desgarrada en protesta

como si mi boca fuera una herida

con gangrena y pus

en lugar de alegría“.

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