Ayatolá

La directora del CNI, Paz Esteban, en una imagen de archivo.

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Llámeme loco, pero, después de mucho reflexionar sobre la sucesión de fenómenos paranormales en que se ha ido convirtiendo la política en España, he llegado a una sola conclusión posible: la única explicación válida a tanta paranormalidad encadenada ha de residir en que nadie les ha explicado bien las reglas de la normalidad política a muchos de nuestros actores políticos.

A la directora del CNI, Paz Esteban, por ejemplo, nadie le ha explicado que con el enorme poder que acumula, protegido por una concepción opaca y predemocrática del secreto de Estado, viene una enorme responsabilidad que se resume en una frase: si te pillan espiando, te jodes; con orden judicial o sin ella. Si además te pillan espiando sin la autorización política competente a alguien que, por ejemplo, ocupa el cargo de vicepresidente de la Generalitat y es, por tanto, Estado, la pregunta no es si debe dimitir, sino a qué está esperando.

A la ministra Margarita Robles tampoco le han explicado, o prefiere olvidarlo, que cuando eres la máxima autoridad política y alguien de tu confianza se pone a espiar sin tu permiso a un rival político quien, además, ocupa un cargo en la administración del Estado, la dimisión es el mejor camino. Si espió con el permiso o bajo las órdenes de la ministra, la dimisión es el único camino. La lealtad que no es puesta a prueba no es lealtad. 

A la vicepresidenta Yolanda Díaz tampoco le han debido explicar bien que, con la pertenencia a un gobierno, viene la responsabilidad solidaria por sus decisiones. Tu trabajo no consiste en opinar desde los medios y exigir cuentas al cielo como cuando eras diputada. Ahora toca apechugar y lavar la ropa sucia en casa hasta dejarla como los chorros del oro. Para andar de tertulia en tertulia explicándonos lo que hay que hacer y ellos tampoco hicieron ya tenemos exvicepresidentes de sobra. 

A Pere Aragonés y a ERC les convendría echar una charla con los diputados de Bildu, que parece que han entendido perfectamente que no se puede estar en dos sitios a la vez: o quieres ser gobierno y gobiernas o no quieres ser gobierno y te conformas con denunciar al que gobierne. La carrera por tumbar al Ejecutivo Sánchez la corre Junts, no ERC, y solo la puede ganar Junts, nunca ERC. Hacer tambalear a este Gobierno no tiene nada que ver con la calidad democrática. Saber parar a tiempo siempre acaba resultando una victoria.

Ya metidos en faena, el presidente Sánchez y la ministra de Defensa podían aprovechar y echar un ojo al escandaloso sistema de compatibilidades que permite que medio CNI rentabilice en la empresa privada sus años protegidos a la sombra de la seguridad del Estado: el coronel Miguel Sánchez, máximo responsable antiterrorista del CNI, en Telefónica, Elena Sánchez, ex número dos del CNI en el Banco de Santander o el exjefe de prensa de Sanz Roldán en Indra….  ¿Estamos de coña? Siniestro Total sigue teniendo razón cuarenta años después: Ayatolá, no me toque la pirola.

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