Todos cómplices de una traición

El Rey Felipe VI (2d) junto al presidente de la CEOE, Antonio Garamendi (2i), a su llegada al W Barcelona para asistir a una cena inaugural de la XXXVI reunión anual del Cercle D'Economía

24

En la política todo es efímero y fluyente porque, con la inestimable colaboración de los medios de comunicación, cada día es un espectáculo de fuegos de artificio, de fechas, de agendas, de propaganda y de fotografías. Un día se hunde Sánchez y Casado se consolida y, al siguiente, lo contrario. Sin transiciones, sin matices y sin grises. Todo se mira con el prisma del ciclo corto o instantáneo, y no con la perspectiva regida por los mandatos de cuatro años. Por eso a los líderes ya no se les pide grandeza ni mirada larga, sólo retórica, titulares e imagen. De algún modo habíamos aceptado que los planes a largo plazo eran imposibles mientras que los que mandan y los que aspiran a mandar estuvieran más preocupados por la campaña nuestra de cada día que por hacer historia.

Repasen el recorrido de la derecha de Pablo Casado con los fondos europeos para la reconstrucción de la España post pandemia: viajó a Bruselas para erosionar la credibilidad del Gobierno y despertar sospechas sobre la gestión que Pedro Sánchez haría de ellos, votó en contra del decreto en el Congreso de los Diputados y se reunió con los embajadores de los 27 en España para mostrar su absoluta desconfianza en la implementación de los 140.000 millones del fondo de recuperación. ¿Recuerdan? "Nunca apoyaré un plan que reparte fondos a dedo y crea un sistema clientelar", dijo el líder de la derecha, tras tachar de fracaso el plan de reactivación.

Y ahora que la UE  felicita a España por el trabajo bien hecho, pone en valor la solidez de los planes de recuperación, los califica con un sobresaliente y reclama consenso político, Casado guarda un atronador silencio. Claro que decir que Ursula Von der Leyen se ha convertido en cómplice de un fracaso y en cooperadora necesaria de una red clientelar para repartir millones entre los amigos de Sánchez tendría un coste incluso dentro de la dividida familia popular. Lo mismo que lo ha tenido que Ayuso convirtiese a Felipe VI en coautor de los indultos a los líderes del procés, una reflexión que la propia presidenta madrileña se ha encargado de recordar que comparte también Casado aunque ahora no lo diga pero lo apuntara hace meses en similares términos. Hasta el siempre ambiguo Feijóo, que es capaz de decir en la misma frase una cosa y su contraria, ha dicho esta vez con claridad que en este aspecto no hay contradicciones entre el presidente del PP y la baronesa madrileña. 

Se puede estar a favor o en contra de los indultos, claro. Lo que no se entiende es que quienes los rechazan desde la derecha utilicen para ello los mismos argumentos que esgrimen contra cualquier decisión o iniciativa del Gobierno. Cuando todo es no, todo es traición, y todo es un camino que sólo persigue la ruptura de España, todo pierde sentido, nada es sustantivo y hace que el PP se agote en el corto recorrido de sus palabras.

Ya no es que la recogida de firmas o las discretas movilizaciones callejeras contra los indultos no hayan tenido el resultado que perseguía la dirección nacional, es que su discurso ha sido enterrado por la mayoría absoluta del Congreso, donde 190 de los 350 diputados han votado a favor de la medida de gracia para destensar la relación de Catalunya con el resto de España y encontrar un encaje al conflicto territorial. Esto además de haber quedado en evidencia después de que los empresarios catalanes y el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, hayan dado la bienvenida a los indultos si con ellos se consigue normalizar la relación institucional, y hasta los obispos catalanes hayan bendecido la decisión de Sánchez. 

El Parlamento, los sindicatos, los empresarios y los obispos no pueden ser todos cómplices de una traición a España ni enemigos de la Constitución. Más bien después de la plenitud, los titulares y el subidón por el resultado del 4M, se ha quedado sólo con la compañía de Abascal en su excitación contra Sánchez por los indultos. Y sobre todo muy desnudo ante una apuesta que, igual que la de los fondos europeos de reconstrucción, debería entender que no es de Sánchez ni de un gobierno, sino de un país que necesita, además de la recuperación económica, restañar las heridas abiertas en su modelo de convivencia, más allá del signo político de quien habite en La Moncloa. No entender eso es no conocer el significado de grandeza ni tampoco la fugacidad de los titulares del día siguiente. Ni Pablo Casado está hoy más cerca de alcanzar el Gobierno de España ni Sánchez ha tocado fondo aún.

Etiquetas

Descubre nuestras apps