Qué debe y qué puede hacer el PP

Pedro Sánchez y Pablo Casado, en una imagen de archivo.

El líder del Partido Popular, Pablo Casado, se va a entrevistar con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Hay pocas esperanzas de entendimiento entre ambos, si tenemos en cuenta los precedentes. Lo previsible es que, una vez más, domine la polarización y no se establezcan espacios de acuerdo. Lo preocupante es que sigue siendo urgente encontrar soluciones consensuadas para dar respuesta a los principales problemas que padecemos. La particular situación que vive la derecha complica extraordinariamente la confluencia de intereses conjuntos.

El PP vive una enrevesada coyuntura que complica su estrategia. La primera dificultad radica en que le resulta muy problemático hacer lo que debe, ya que no sabe cuál es el mejor camino para emprender. Además, tampoco es sencillo hacer lo que puede. Las discusiones internas, la amenaza que representa Vox y la falta de un ideario definido y actualizado le impiden ponerse en marcha. El problema es complejo, porque reúne dilemas poco definidos y alternativas de movimientos contradictorias.

Para entender la compleja situación, hay que partir del actual reparto electoral que se dibujó en España el pasado mes de noviembre. La izquierda estatal (PSOE, Unidas Podemos y Más País) sumó 10,4 millones de votos (10.404.234). La derecha (PP, Vox, Ciudadanos y Navarra+), muy cerca de los 10,4 millones (10.395.920). Es decir, quedaron absolutamente igualadas. El reparto por circunscripciones posibilitó que la derecha alcanzara los 152 escaños, por debajo de los 158 de la izquierda. El problema real no está en este bloque empatado que en total alcanza los 310 diputados. La gran diferencia está en los restantes 40 escaños existentes en el Congreso. Esta es la cuestión clave en la que no se pone el foco. El eje izquierda vs derecha está demasiado igualado en España. Lo que determina la balanza es el resto: la España no alineada en los bloques ideológicos tradicionales.

De los 40 escaños que de verdad condicionan la gobernabilidad, hay pocos indefinidos. La inmensa mayoría pertenece a partidos nacionalistas o independentistas. Son partidos y votos que nunca apoyarán posiciones centralizadoras del territorio en España. Nunca secundarán a una derecha cada vez más empeñada en confrontar con la España plural y diversa. Hay 2 millones de españoles (1.918.582) que votan a opciones abiertamente independentistas (ERC, JxCAT, EH Bildu y CUP). Son 28 diputados en el Congreso. Otros 8 corresponden a casi medio millón de electores (497.020) que apoyan a partidos nacionalistas de perfil un poco más moderado (PNV y BNG). Es decir, hay 2,5 millones de votantes, que suman 36 diputados, que discuten con mayor o menor intensidad con el bloque de izquierdas sus posiciones pero que, en la actualidad, nunca apoyarían a una derecha recentralizadora y anti autonomista. Apenas hay 4 diputados más (CC, PRC y TE) cuyas posturas finales son más difíciles de predeterminar.

En la mayor parte de las tertulias televisivas se comete un grave error. Suele invitarse por igual a voces representativas de la derecha y la izquierda como ejemplo de la pluralidad democrática. La impresión para el espectador es que eso es España y no es así. Este país no se puede visualizar en una mesa en la que las voces nacionalistas e independentistas no tengan presencia decisiva. El eje real que condiciona la política española no es la pugna ideológica entre la derecha o la izquierda, es el modelo territorial. Mientras en el parlamento, en las tertulias o en los medios discutimos de Venezuela, del PIN parental o sobre el último chiste de Cayetana Álvarez de Toledo, el auténtico debate político determinante en España es el que la derecha no quiere ni plantearse. Este es el motivo real por el que el PP tiene un enorme problema si quiere aspirar a dirigir el país. Su actual discurso pude ser muy rentable para alcanzar votos fuera de Cataluña o Euskadi, incluso puede darle el Gobierno en algunas autonomías o ayuntamientos, pero no hará más que alejarle de llegar el poder central.

La situación del PP en esta materia nuclear se complica enormemente debido a la presión que implica Vox. La ultraderecha no tiene posibilidad alguna de obtener una mayoría parlamentaria en la España actual, pero puede condicionar decisivamente la política del PP. Si los populares se abren a defender un modelo territorial más plural, Vox puede dañar su posición en las elecciones autonómicas y locales. Si el PP intenta arrinconar a Vox defendiendo postulados de tradicionalismo centralista, cada día se alejará más de llegar a volver a gobernar en España.

Mientras el PP no resuelva este dilema, no aclarará su futuro. Su única esperanza será la de que el diálogo entre la izquierda y los nacionalismos no fructifique y acabemos enfangados en el pozo del bloqueo. La otra opción sería la de intentar empezar a moverse poco a poco hacia posiciones más abiertas, buscando pactos estatales que visibilicen un papel que en estos últimos años se ha empeñado en no querer representar. El miedo a Vox se ha impuesto hasta ahora.

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Publicado el
16 de febrero de 2020 - 20:38 h

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