No a la guerra, sí a la vivienda
Gobernar en coalición con los socialistas no es fácil para partidos o movimientos de la izquierda sin prefijos ni adjetivos. Los socialistas son muy timoratos a la hora de adoptar medidas socioeconómicas que puedan irritar a los amos del cortijo. Llevan demasiadas décadas asumiendo que el sentido común es lo que digan los mercados, los organismos financieros, las patronales, la Casa Blanca… De semejante drogadicción no se sale en un fin de semana de cura intensa.
Aprecio, pues, el ejercicio de santa paciencia de los ministros de Sumar en el Gobierno de Pedro Sánchez. No olvido, en primer lugar, que de no estar ellos allí, ya nos gobernarían Feijóo y Abascal. Y, además, soy consciente de que algunas de las medidas beneficiosas para la gente adoptadas por este Gobierno han sido fruto de su testarudez ante los guardianes de una ortodoxia rancia, la del último tercio del pasado siglo. Bravo por Yolanda Díaz, Pablo Bustinduy y los demás.
Me parece muy bien que, en el Consejo de Ministros extraordinario del pasado viernes, esos ministros exigieran que el decreto de medidas para intentar controlar los precios de la energía fuera acompañado por uno que prorrogara la renta y la duración de los actuales alquileres. Y me importa un pepino que los medios llamen a eso plantón, órdago, salseo o postureo. Hicieron lo que tenían que hacer.
Durante demasiado tiempo la política española ha estado acostumbrada a dictaduras militares o mayorías parlamentarias absolutas. Esto nos ha discapacitado para entender que las coaliciones de Gobierno están formadas por fuerzas que tienen bastantes cosas en común, pero también algunas discrepancias importantes. Yo no me encuentro entre esos compatriotas que asocian con el lío, el follón o el desgobierno la alianza de parientes políticos.
La imposibilidad de acceder a la compra o el alquiler a precio asequible de una vivienda es hoy la principal preocupación de los españoles, algo que solo puede agravarse con la demencial guerra de Trump y Netanyahu. Intentar paliar esta crisis auténticamente existencial con un control transitorio de los alquileres está muy lejos de asemejarse a la toma del Palacio de Invierno. Es una medida razonable y más bien modesta.
Aquí es donde algunos dicen que para qué proponerla si no va a ser aprobada por una mayoría en el Congreso. Es posible que así lo piensen también algunos de los miembros socialistas del Ejecutivo. Pues, miren, incluso en este caso, la propuesta servirá para que se retrate todo el mundo. ¿Se opone usted a una prolongación de los contratos hasta finales de 2027 con una subida máxima del 2%? Si es así, dígalo en el Congreso en voz alta y explique sus motivos.
Sánchez les ha dado a sus socios de Gobierno la oportunidad de que esta propuesta llegue a la Carrera de San Jerónimo. Espero que él mismo la defienda con el brío y la lucidez con que en esta mañana del miércoles 25 de marzo ha explicado su oposición al desvarío de Trump y Netanyahu. Junto al No a la guerra, la defensa de la sanidad pública y la lucha por una vivienda asequible son los grandes argumentos de todas las izquierdas ante las próximas citas electorales.
Me encanta la fórmula con que comienzan las emisiones de El Intermedio: “Ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad”. Los españoles ya sabemos que este Gobierno no tiene una mayoría absoluta garantizada en el Congreso, como, por lo demás, tantos otros en Europa. Esta es una noticia vieja, muy vieja. A esta legislatura le ha llegado la hora de contar la verdad.
Sería bueno que los españoles supiéramos qué harían el PSOE y sus socios de izquierda de tener la oportunidad de reeditar en 2027 el Gobierno progresista de coalición. Presenten decretos leyes que alivien la vida de las gentes. Presenten unos Presupuestos, por qué no. Y si no les son aprobados por PP, VOX, Junts e incluso también el PNV y ese partido del 0´7% que no apoya lo posible porque sueña con asaltar los cielos, háganlo saber por tierra, mar y aire. Señalen sin complejos a los obstruccionistas y pónganse en manos del pueblo.
Tengo a Sánchez por un tipo valiente. Por necesidad o por convicción, ha adoptado posiciones que le han hecho muy antipático para gente muy poderosa. Pienso en la formación de Gobiernos de coalición con fuerzas situadas a su izquierda. Pienso en la amnistía para los implicados en el Procés. Pienso en la incorporación de Bildu a la normalidad democrática. Pienso, por supuesto, es su actual gallardía ante los señores de la guerra.
Si Sánchez se decide a aplicar su valentía a las políticas de vivienda en el año que le queda en La Moncloa, puede haber partido en 2027. No está escrito en la Biblia que las derechas extremas vayan a ganar todos los próximos comicios en Europa y las Américas. No lo han hecho en las municipales francesas ni en el referéndum italiano del último domingo. Y no lo hicieron en las municipales de Nueva York del pasado noviembre.
Si se les habla claro, las ciudades son trincheras contra la peste ultra, lo demostró Zohran Mamdani. Y las ciudades quieren que se hable, y mucho, de vivienda.
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