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Opinión - 'Los pecados sin purgar de Jorge Fernández Díaz', por Neus Tomàs

Los pecados sin purgar de Jorge Fernández Díaz

El exministro Jorge Fernández Díaz, sentado en el banquillo de la Audiencia Nacional, junto al que fuera su número dos, Francisco Martínez. EFE/ Javier Lizon //POOL
7 de abril de 2026 21:45 h

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Permítanme una ironía inicial. A veces este oficio no está pagado. Hoy es uno de esos días, aunque confieso que la iniciativa ha sido mía, o sea que ninguna queja.

Me explico. He decidido leer unos cuantos artículos de Jorge Fernández Díaz, esos en los que el exministro lleva años dando lecciones como si fuesen las cartas a los Corintios, de las que es tan fan. Cualquier otro, tras su gestión en el Ministerio del Interior (parte de la cual se juzga estos días), se habría ido discretamente a su casa a purgar los pecados, a la espera de que la justicia haga el resto. Pero no: él, lejos de guardar silencio o pedir perdón, optó durante todo este tiempo por hacer justo lo contrario en las columnas que habitualmente publica desde hace tiempo en La Razón y cada lunes en OKdiario.

La semana pasada, semana grande para alguien como Fernández Díaz, escribió casi cada día. “Estamos viviendo una Semana Santa en la que la actuación del maligno se percibe con una intensidad desconocida en muchos años”, alertó el viernes. El maligno, para él, no es Trump, por si cabían dudas. Les cito los títulos de algunos de los últimos artículos porque se explican solos: Domingo de Pascua de Resurrección del Señor, Sábado Santo y vigilia del Domingo de Gloria, Viernes Santo: Jesús crucificado en el Calvario y El Jueves eucarístico de la Última Cena.

Aunque su fuerte sea la religión y dar lecciones de moral que debería ahorrarse, Fernández Díaz se ha especializado en atacar al Gobierno y, en especial, a Pedro Sánchez, a quien se refiere como “el presidente del Frente Popular socialcomunista”. Hay varias, pero he escogido un par de frases para resumir lo que opina de la gestión del Gobierno.

La primera hace referencia a la estrategia internacional del Ejecutivo: “Sánchez quiere ser el paladín del antitrumpismo, usando a España para su interés personal y colocándola junto a los ayatolás y Maduro”. Y esta segunda, en OKdiario, le permite mezclar inmigrantes, Israel, Estados Unidos y seguridad sin ningún reparo: “Con las regularizaciones masivas de inmigrantes que carecen de adhesión a nuestras raíces judeocristianas históricas, la nación española se encuentra sumida en un proceso «desnacionalizador» que, unido a la patente hostilidad del sanchismo gobernante respecto a EEUU e Israel, nos sitúa en un absoluto limbo geopolítico futuro”.

Hay temas que le encantan. Uno de ellos es el aborto. Y no tiene problema en vincularlo a la baja natalidad. Reproduzco un fragmento que lo tiene todo: desde la inmigración a Soros, pasando por el ecologismo, la natalidad o la homosexualidad… sus hits preferidos en un solo párrafo: “Ese reto demográfico lo pretenden superar los progresistas mediante la inmigración, no legal y ordenada como exige el sentido común y el interés general de los españoles, sino mediante las ‘puertas abiertas’ que promueve la fundación Open Society (Sociedad Abierta) del multimillonario George Soros, ahora al mando de su hijo Alex. Quizás sería conveniente y oportuno que los ecologistas, tan ‘progresistas’, reflexionaran acerca de la manera más adecuada de promover y facilitar un crecimiento adecuado de la natalidad entre los españoles. Sobre ello hay suficiente experiencia tanto en España como en el extranjero, y de manera especial aquí durante la posguerra, con la cantidad de bajas producidas en ella y pese a la penosa situación económica existente. Pero es evidente que, promoviendo el aborto para que incluso sea un derecho fundamental y la ideología de género, no se promueve la natalidad precisamente. La unión de dos hombres, o de dos mujeres entre sí, no parece que conciba hijos”.

Habrán comprobado también que los puntos y aparte no son su fuerte.

Les evitaré más parágrafos, entre ellos los de los artículos en los que se posiciona en contra de la eutanasia. Pero, viéndole estos días sentado en el banquillo por la trama Kitchen, aún rechinan más sus apelaciones a la ética. Por ello, permítanme solo un último ejemplo: “Esta es una de las más graves heridas que el PSOE sanchista va a dejar como herencia de su paso por el Gobierno de España: la carencia de ética pública por parte de quienes ejercen la elevada responsabilidad de tener en sus manos procurar el bien común de los españoles y preservar el interés general de España. Hasta la llegada de Sánchez a la política nacional, había normas no escritas, pero sí inscritas de manera indeleble en la conciencia del conjunto de los políticos, situados en todo el espectro ideológico, desde un extremo al otro”.

¿Entre esas “normas no escritas” estaba el uso de fondos reservados para sabotear la acción de la justicia en el caso de la financiación del PP con dinero negro o para atacar a rivales políticos, ya fuesen independentistas o de Podemos?

¿Cuál es “la herencia” que dejó Fernández Díaz tras su paso por el Gobierno de España?

¿Qué entiende por “preservar el interés general de España” alguien que presuntamente usó las cloacas policiales del modo en que lo hizo?

Esas son las preguntas que debería haber contestado Fernández Díaz en sus artículos. Claro que es muy posible que a sus lectores les de igual. El resto esperaremos a ver qué contesta en el juicio, aunque mejor no hacerse muchas ilusiones.

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