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De catarsis y purgas
La decisión de apartar a Cerdán de toda actividad política, tanto en lo orgánico, como indirectamente en lo institucional, el hecho de pedir perdón públicamente, suponen la aceptación de errores en la gestión de los recursos humanos por parte de Pedro Sánchez. Esta decisión es un acto de honestidad política, indudablemente, pero queda una trazabilidad demasiado densa en el tiempo y en la delegación de responsabilidades en este trío, la CAK, disculpen la frivolidad.
En este contexto, se plantea la cuestión de la posible necesidad de una mayor catarsis dentro del PSOE. Es relevante mencionar que, para los griegos clásicos, la catarsis era entendida como un proceso de purificación ritual enfocado en eliminar impurezas tanto en personas como en objetos. Por otro lado, la “purga” era el procedimiento empleado por los soviets, consistía en la represión y persecución política de posibles adversarios. Confessio est regina probationum (“la confesión del acusado es la prueba principal”) era el procedimiento alrededor del cual giraba la estrategia soviética para apartar a sus oponentes.
Esta es la táctica que persigue el PP y sus aliados mediáticos y judiciales, también ese llamado núcleo duro antisanchista incrustado en las filas socialistas, verbi gratia Felipe González o el “activista” García-Page, “el que pueda hacer que haga” y así conducir a Pedro Sánchez a dimitir, para esgrimir esa dimisión como prueba irrefutable de su confesión de culpabilidad.
Los más moderados no verían con malo ojos un paso al lado del Presidente y que se nombrara a un sucesor y de esta manera no hacer caer al gobierno, pero esto no sería más que una dimisión en diferido con los mismos resultados y finalmente la legislatura habría marcado su final anticipado, segundo objetivo de los neoliberales y sus socios de VOX.
Indudablemente, esa trazabilidad a la que hacía alusión es la llave de una clave de bóveda que genera dudas sobre su contenido. También indicaba la torpeza en la elección de los compañeros de viajes, no tanto por la odisea del 407, como por la decisión posterior de mantener la colaboración con estas personas en los siguientes trayectos, tanto a nivel orgánico como institucional.
El primer paso está dado, se ha optado por una catarsis: el Comité Federal de este sábado, cinco de julio, ha servido como esa purificación ritual escenificada en las tragedias griegas, precedida por la eliminación de las impurezas en la organización, queda ahora convencer a los ciudadanos progresistas y a los socios de gobierno de que la legislatura es posible, que el gobierno no está involucrado y demostrar que el PSOE no está implicado en una trama de financiación ilegal. Complicado en un entorno geopolítico adverso para la izquierda, con una tendencia involucionista de los principales poderes fácticos como la Iglesia, medios de comunicación, sistema financiero y unas redes sociales copadas por sectores ultras.
El partido socialista no debe sembrar el miedo a la derecha como argumento, ni establecer comparativas con el PP como único partido condenado por corrupción, debe revitalizar a una militancia desorientada, y hacer pedagogía política entre los ciudadanos. No creo tampoco que la reivindicación del legado sea la herramienta primordial para taponar esta herida, creo que se debe exponer la agenda a futuro de las medidas de gobierno destinada a favorecer a los más vulnerables, las políticas sociales aún por desarrollar, los procedimientos financieros para seguir en la senda de la disminución del déficit, primer paso para aprobar los Presupuestos Generales, fundamental para obtener una dosis de credibilidad en un gobierno estable por parte de los ciudadanos.
Este es el planteamiento que en los próximos seis meses debe exponer Pedro Sánchez para convencer, todo esto con la pesada losa de una investigación en marcha que pueda arrojar malas nuevas noticias. No, Pedro Sánchez no debe dimitir y confío en una de las claves de su discurso: “Miro adelante no para resistir, lo hago para avanzar”
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