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Un clic de nostalgia, Ibai Llanos y una revolución política
Llegas a casa, abres Instagram y te dejas llevar por el scroll infinito. “Mundial de Desayunos”, decía. Ibai Llanos, el streamer español, que había montado un torneo que enfrentaba platos de diferentes países. Y ahí estaba el representante de mi país: el bolón de verde con encebollado ecuatoriano.
No lo pensé dos veces. Voté. Un solo clic, una contribución al orgullo patrio desde la distancia. Pero lo que pensé que sería una distracción de las redes sociales se convirtió en una movilización política sin precedentes. La gastropolítica en acción
El proceso llevó a Ecuador y Perú hasta las semifinales. Pero lo verdaderamente atractivo no estaba en los platillos sino en la movilización que generaron los seguidores del influencer.
La respuesta de los gobiernos fue reveladora. En Ecuador, el Ministerio de Turismo creó un personaje animado llamado “Don Bolón” y el presidente Noboa hacía campaña para pedir votos. En Perú, el alcalde de Lima grababa vídeos mordiendo su pan con chicharrón y la presidencia peruana hacía llamados urgentes a la población.
Los números se volvieron delirantes: más de 8,1 millones de votos para Perú, 7,8 millones para Ecuador. Una votación que superó los 15 millones de “me gusta” y las 133 millones de visualizaciones. Para ponerlo en perspectiva, en España su tostada con jamón había perdido contra Chile con apenas 1,1 millón de votos frente a 2,1 millones.
Un escape colectivo
En Latinoamérica, especialmente en países como Ecuador y Perú, la gastronomía no es solo comida. Es una forma de demostrar que tenemos algo valioso que ofrecer cuando históricamente hemos sido vistos como la periferia.
El torneo de Ibai ofrecía algo que pocas veces tenemos: una competencia en igualdad de condiciones. No había jerarquías económicas ni potencias coloniales mirando por encima del hombro. Solo sabor, tradición y la capacidad de movilizar a tu gente.
Pero había algo perturbador. Mientras los gobiernos desplegaban campañas millonarias por un concurso de redes sociales, sus países enfrentan crisis hospitalarias, colapso educativo, feminicidios, desnutrición infantil. En Ecuador, adversarios políticos irreconciliables se volcaron bajo un mismo lema a defender el bolón de verde “a muerte”. La polarización política desapareció mágicamente.
Era gastropolítica en estado puro: usar la comida y el orgullo nacional como cortina de humo. Guy Debord advirtió sobre la “sociedad del espectáculo”, donde las relaciones sociales quedan mediadas por imágenes. Byung-Chul Han describió la “sociedad del cansancio”, donde buscamos alivio en espectáculos que nos distraen de nuestros problemas reales.
Al final, Perú ganó por 300 000 votos. Hubo celebraciones y declaraciones triunfales. En la era digital, los gobiernos capitalizan el orgullo nacional para desviar la atención de sus fallas, mientras la población encuentra en estas causas un escape colectivo que no resuelve nada real.
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