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Diversidad en los colegios: ¿peor para los mejores?

Se suele creer que cuando los profesores se enfrentan a un alumnado con un rendimiento bajo, adaptan su nivel de exigencia al estudiante medio

Esto hace pensar que los estudiantes más brillantes pueden ser los más perjudicados por las dinámicas de la concentración

Una de las inquietudes seculares que padecen las sociedades étnicamente diversas, y particularmente aquellas que lo son como consecuencia de la migración, relaciona la concentración de minorías en las escuelas con una caída en el rendimiento de sus estudiantes. Estos temores tienen cierto fundamento, aunque solo en apariencia y, por ello, muchas familias incurren en la falacia del factor único cuando eligen centros para sus hijos: si las escuelas que mejor reflejan la diversidad son las que tienen peores resultados, entonces la diversidad es la causa del perjuicio.

Existe un océano de investigaciones que desmiente este extremo. En general hay dos cosas claras. (1) La caída en el rendimiento solo se da por encima de niveles de concentración relativamente altos, por encima del 20%, lo que generalmente solo se produce en ciertas áreas de las grandes ciudades. (2) La causa de este perjuicio no es la diversidad, es la pobreza y, de forma más general, la concentración de alumnos cuyas familias disponen de menos recursos educativamente relevantes.

Hasta aquí el consenso. El debate es mucho más animado entre quienes sugieren que la caída del rendimiento en los centros de alta concentración no afecta por igual a todos los estudiantes. Uno de los argumentos más comunes relaciona el efecto de la concentración con las dinámicas docentes: cuando los profesores se enfrentan a un alumnado con un rendimiento bajo, adaptan su nivel de exigencia al estudiante medio. Por ello, hay quien piensa que afirmaciones como las del párrafo anterior (1 y 2) enmascaran una cruda realidad: los grandes perjudicados por la concentración son los estudiantes más brillantes, quienes nunca alcanzarán el máximo de su potencial al compartir pupitre con quienes no deberían. Esta lógica es muy parecida a la que tanto preocupa a los padres de los estudiantes de ‘altas capacidades’ que asisten a centros ‘convencionales’ (por cierto, otro día convendría hablar de esta nueva epidemia del siglo XXI, del posible sobre-diagnóstico de esta condición y de la hiperventilación que genera en algunos padres).

Pues bien, ¿es el efecto de la concentración de inmigrantes en las escuelas peor para los mejores estudiantes? En España existen pocas herramientas para estudiar este importante asunto, aunque podemos aproximarnos usando la Encuesta General de Diagnóstico de la Educación Secundaria (2011, Ministerio de Educación).

La primera figura reproduce el efecto bruto (es decir, tal y como se observa en la realidad) del porcentaje de inmigrantes sobre las puntuaciones en matemáticas que obtienen los alumnos que se sitúan en el percentil más bajo del rendimiento (el 10% de los peores estudiantes en este caso), los estudiantes medianos (que se sitúan en el percentil 50) y los más brillantes (aquellos cuyo rendimiento les sitúa en el 10% más alto). Como se puede ver, el efecto de la concentración es moderado aunque visiblemente negativo para todos y, en efecto, peor para los más brillantes que para los estudiantes medianos o peores. A grandes rasgos, para los mejores el perjuicio por pasar de un centro sin inmigrantes a uno en el que 2/3 del alumnado lo sean, es cerca de un 30% mayor.

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Sin embargo, esta reflexión en bruto resulta extraordinariamente injusta. Lo razonable no es comparar centros con más y con menos inmigración. La comparación relevante es entre centros que, teniendo un alumnado procedente de familias con recursos similares, tengan más o menos inmigrantes. Y esto es lo que se hace en la siguiente figura. En ella, podemos ver que el porcentaje de inmigrantes en los colegios resulta prácticamente irrelevante para entender los resultados que obtienen los individuos y que, más allá de esto, no existe un efecto diferente para estudiantes con distinto rendimiento.

C:\fakepath\Figura 2.jpg

Argumentos como el que aquí se presenta suelen generar escepticismo porque el rendimiento no resume todo aquello que se adquiere en la vida escolar. En efecto, el desarrollo social e intelectual de los niños no solo se ve reflejado en sus notas. Sin embargo mensajes como el que doy aquí deberían contribuir a normalizar la diversidad y poner el foco de atención en las causas reales de diferenciación entre centros y estudiantes: la renta familiar, el capital cultural y el capital social. Son estos recursos los que nos colocan desde el inicio en distintos puntos de partida.

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