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¿Liderazgo femenino? Diferencias de género en la primera línea de la política local

Desde el inicio de la democracia el número de concejalas ha aumentado hasta lograrse casi la paridad, pero la realidad es que todavía hoy las primeras ediles son muchas menos que sus compañeros hombres

Las reglas informales de selección de candidatos en los partidos son cruciales: están diseñadas para convertirse en unos ‘boy's clubs’ institucionalmente sexistas

Las alcaldesas españolas están, en media, mejor educadas que los alcaldes. La brecha de estudios universitarios arroja un saldo favorable de 12 puntos para las mujeres

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La presencia de mujeres en puestos de responsabilidad y en la esfera mediática en los últimos años parece ser más visible, fundamentalmente en las arenas autonómica y local. Así se ve reflejado con ejemplos como el de dos de las ciudades más grandes del país gobernadas por alcaldesas, Manuela Carmena y Ada Colau; o como también lo es el ejemplo de dos de las comunidades autónomas más importantes, la Comunidad de Madrid y Andalucía, gobernadas por Cristina Cifuentes y Susana Díaz respectivamente. Sin embargo, estos casos siguen siendo anecdóticos. ¿Cuál es en realidad la presencia de las mujeres en primera línea política? Para responder a esta pregunta, analizamos la evolución de la proporción de mujeres concejalas y alcaldesas en los municipios de España respecto al total.

Gráfico 1 Piedras de Papel.

 

El gráfico anterior dibuja cuántas mujeres representantes en los municipios españoles ha habido sobre el total durante la etapa democrática. La primera conclusión salta a la vista: en representación, si bien aún estamos por debajo del 50% de mujeres representantes locales, se observa un claro aumento a lo largo de la democracia de la presencia de mujeres en los consistorios locales, donde tras las elecciones de 2015 estamos cerca de alcanzar una deseada paridad. Aun así, se pueden observar grandes diferencias en la presencia de mujeres concejalas dependiendo del tamaño del municipio. El gráfico muestra que, en los municipios menores de 5.000 habitantes, aun siguiendo el mismo patrón de aumento de la presencia de mujeres, el porcentaje es bastante menor que en los municipios más grandes, apenas un 35%.

Estos resultados nos sugieren que las poblaciones pequeñas y rurales, más conservadoras, es probable que desarrollen mayor medida dinámicas discriminatorias hacia las mujeres dentro y fuera de los partidos. Además, el hecho de que en los municipios menores de 3.000 habitantes no sea obligatoria la cuota de género en las listas podría llevar a consolidar la desigualdad de género en la elaboración de listas y elección de números uno.

Otra de las grandes conclusiones que podemos extraer de los datos que muestra el gráfico es la más interesante y la que muestra que todavía estamos muy lejos de lograr una igualdad en primera línea del poder local: en 2015 sólo el 20% del total de primeros ediles es mujer. Hay más mujeres que nunca en política local, pero existe un techo de cristal que impide que éstas ocupen el primer puesto en las listas electorales y sean elegidas alcaldesas.

Los motivos por los que esta discriminación sigue ocurriendo son resultado de las barreras que existen dentro de los partidos, debido a sus reglas tanto formales como informales para seleccionar candidatos. Las segundas son más relevantes, ya que discriminan sistemáticamente a las mujeres y están mucho más enquistadas en nuestra sociedad. Un ejemplo claro es la configuración de los partidos como ‘boy’s clubs’ institucionalmente sexistas donde las relaciones personales, fundamentales de cara al conocimiento dentro de la organización no se traban sólo en las asambleas y/u órganos reglamentarios. También se consideran muy importante las relaciones informales o de ocio fuera del ámbito institucional. En una estructura social patriarcal en la que vivimos, las mujeres todavía tienen menos tiempo para dedicar a estas actividades debido al peso que se les atribuye como responsables del hogar.

Por otro lado, socializarse políticamente en partidos estructuralmente sesgados hacia los hombres produce además desigualdades más allá de la disponibilidad del tiempo en características personales (factor de oferta) de las propias mujeres que pudieren presentarse como candidatas. Muchas mujeres no dan el paso a afiliarse a un partido, en algunos casos no se consideran igual de competentes que sus compañeros varones para ocupar un cargo de responsabilidad o simplemente no tienen los mismos niveles de ambición en política. Sin embargo, ¿son más competentes los hombres que las mujeres para desempeñar altos cargos en el ayuntamiento? Examinemos la educación de nuestros alcaldes y alcaldesas para aproximarnos a una medida de competencia.

Gráfico 2 piedras de papel.

 

El gráfico anterior analiza la educación de los alcaldes y alcaldesas electas en las elecciones municipales de 2015. De este modo podemos observar en primer lugar diferencias entre ambos tipos de municipios (un mayor número de representantes universitarios en los grandes y más representantes con educación primaria en los pequeños). Un resultado razonable y en consonancia con la idea de que en los municipios grandes la población es de media más joven y educada, por lo que cabe esperar que sus representantes muestren el mismo patrón.

No obstante, el fenómeno más importante que podemos observar es cómo las alcaldesas españolas están, por mucho, mejor educadas que los alcaldes, tanto en municipios pequeños como grandes: la comparativa arroja un saldo positivo de 12 puntos para las alcaldesas en cuanto al porcentaje de ellas con estudios superiores. Este hecho nos sugiere que probablemente en la vida política, como también se manifiesta en el mercado laboral, a las mujeres se les exigen más méritos para poder acceder a los cargos de más responsabilidad. En otras palabras, a diferencia de los hombres, en muchos casos solo a las mujeres con los niveles más altos de educación y altamente cualificadas son consideradas como competentes y se tienen en cuenta para despeñar este tipo de cargos.

Con estos resultados queda constancia de que, aunque cada día se avanza más en materia de igualdad de género en la esfera política de nuestro país, todavía las mujeres están lejos de estar representadas de la misma manera que los hombres en todos los niveles de gobierno, especialmente en aquellos cargos de más responsabilidad política. A pesar de estar en el camino correcto, todavía nos queda mucho camino que recorrer.

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