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Nueve libros que merecen otro post

Compartimos con nuestros lectores nueve de nuestras lecturas favoritas del 2019

Lecturas recomendadas por Piedras de papel - 2019

Lecturas recomendadas por Piedras de papel - 2019

Como ya hicimos el año pasado, os proponemos nueve libros que se han editado o difundido en el año que acaba. Se trata de lecturas que nos han gustado y que a pesar de ser ensayos académicos, del ámbito de las ciencias sociales, reflexionan sobre problemas de enorme actualidad, como la crisis de la democracia, la desigualdad, los populismos, la crisis territorial, etc. Como nota particular este año nos permitimos una pequeña excepción, introduciendo un libro de ficción de un premio Nobel que también, desde la imaginación, nos informa sobre el contexto político en América Latina a mediados de siglo XX. Porque como escribió un prestigioso científico social amante de los análisis empíricos, "la intuición de las memorias e incluso de las novelas puede ser tan iluminadora como el estudio sistemático de los datos".

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The Crises of Democracy, de Adam Przeworski (Cambridge University Press)

Con el rigor analítico y la capacidad comunicativa que lo caracterizan, Adam Przeworski nos ofrece un libro sobre las crisis de la democracia en donde el estudio del pasado y el presente nos permite reflexionar sobre el futuro que nos espera. Como en trabajos anteriores, Przeworski emplea un concepto de democracia minimalista y electoralista: la democracia es un sistema en el que los gobiernos pierden elecciones y abandonan el poder cuando esto sucede, puesto que tienen la expectativa de poder recuperarlo. La democracia funciona bien, pues, cuando los conflictos políticos se procesan institucionalmente en libertad y sin violencia. En este sentido, una democracia estará en crisis cuando existan amenazas que hagan de las elecciones un mecanismo no competitivo y sin capacidad de producir consecuencias para quien ostenta el poder.

Para saber si la democracia está actualmente en crisis o si la crisis es inminente Przeworski nos propone en primer lugar intentar aprender de experiencias pasadas, es decir, de cuáles han sido las condiciones que posibilitaron la caída de la democracia allí donde se produjo el colapso. Su primer conclusión –en términos muy generales– es que de la mera comparación entre las democracias consolidadas con aquellas que han fracasado siempre emerge el papel preponderante de la economía: el nivel de ingresos de un país, su ritmo de crecimiento y su distribución. Pero más allá de las tendencias generales, el autor reconoce la capacidad de los casos históricos particulares –de sus dinámicas contingentes– para obtener lecciones que iluminen la situación política actual. Es por eso que describe los colapsos de la República de Weimar y la del Chile de Allende, junto a dos experiencias positivas en las que la democracia sí canalizó institucionalmente el conflicto: Francia y Estados Unidos en los años 60.

En la segunda parte del libro, Przeworski repasa las señales que, atendiendo a las lecciones del pasado, quizás nos estén indicando que nuestra democracia está en crisis (el declive de los partidos tradicionales, el auge de la extrema derecha populista, etc.) y sus posibles causas (la recesión económica, la polarización política, etc.). Pero ninguna de estas últimas –reconoce el autor– es novedosa, ni sabemos del todo cómo se relacionan entre sí o cuál de ellas es la más determinante, si es que alguna de ellas lo es en términos causales. El reconocimiento sin complejos de hasta dónde podemos llegar los científicos sociales a la hora de explicar fenómenos complejos es marca de la casa.

En la tercera y última parte del libro, el foco gira hacia las perspectivas de futuro. Przeworski vuelve sobre qué significa que una democracia funcione bien, para a continuación identificar cuándo esta podría ser erosionada o subvertida de manera sigilosa por gobiernos elegidos democráticamente y con la ley en la mano. El libro acaba con una mirada especulativa sobre lo que podría pasar y lo que no podría pasar. Sin dudas este libro es un must para los tiempos que corren.

1931: Debt, Crisis, and the Rise of Hitler, de Tobias Straumann (Oxford University Press)

En este pequeño libro de historia económica, que se lee como una novela de acción, Tobias Straumann describe con maestría el sudoku económico y político que provocó el ascenso del nazismo en Alemania: una crisis que generaba una debilidad estructural al sistema financiero, un debate político nacionalizado que impedía a los gobiernos adoptar compromisos a escala internacional, y las insostenibles políticas de austeridad en Alemania que tensionaron tanto a las fuerzas moderadas de la derecha y la izquierda. Straumann muestra con claridad el vínculo entre los acuerdos internacionales derivados del régimen de reparaciones y el crecimiento de la popularidad de Hitler, y muestra los desesperados intentos de los sucesivos líderes alemanes por navegar en las imposibles restricciones fiscales en las que se les obligaba a operar. El libro deja la descorazonadora sensación de que el ascenso del nazismo fue fruto no tanto de los errores de los gobiernos alemanes precedentes, sino de la incompatibilidad intrínseca entre unas economías europeas interdependientes y necesitadas de estímulos y unas opiniones públicas nacionales dominadas por discursos soberanistas y aisladas entre sí. Straumann es prudente y evita extraer lecciones para el contexto actual, pero cualquier lector preocupado por las derivas que están tomando nuestras democracias tendrá en este libro material para la reflexión.

La luz que se apaga. Cómo Occidente ganó la Guerra Fría pero perdió la paz, de Ivan Krastev y Stephen Holmes (Debate)

Treinta años después del colapso de los regímenes comunistas y del final de la guerra fría, es la democracia liberal la que está en crisis. De este a oeste y de norte a sur, se extienden por el mundo movimientos antiliberales y populismos identitarios, gracias al apoyo que les dan en las urnas millones de ciudadanos. ¿Cómo explicar el auge del "antiliberalismo"? El último libro escrito por el prestigioso politólogo búlgaro Ivan Krastev, junto a Stephen Holmes (profesor de la Universidad de Nueva York), constituye un interesante ensayo que aborda esta pregunta, ahondando en las causas y consecuencias de este fenómeno.

Estos autores sostienen que la caída del muro de Berlín en 1989 supuso el inicio de la "era de la imitación liberal" en Centroeuropa, Europa del Este y Rusia. Pero en la última década, habríamos asistido a la reacción política que ha desencadenado esta era, en forma de frustración y resentimiento. Por un lado, en el Este de Europa, al no haberse cumplido las altas expectativas "puestas en la perspectiva de imitar el estilo de vida capitalista", muchos empezaron a "sentirse como impostores culturales, lo que despertó anhelos de autenticidad". Por otro lado, la victoria de Donald Trump en Estados Unidos se puede comprender por el temor que sienten las clases medias y trabajadoras a ser, social y económicamente, desplazadas por quien les imita (con éxito), China.

Precisamente el ascenso internacional de China como un país que solo ha optado por la imitación de medios (tecnología liberal), pero no de fines (forma de vida liberal) supone, para estos autores, el final de la era de la imitación "tal y como la entendemos".

Un final de época, con el declive de Occidente como telón de fondo, sobre el que Krastev y Holmes no se muestran excesivamente pesimistas. Estos autores apuntan a que los actuales movimientos antiliberales pueden ser "efímeros", dado que estos son más reactivos (a la ortodoxia liberal) que ideológicos.

The Triumph of Injustice: How the Rich Dodge Taxes and How to Make them Pay, de Emmanuel Saez and Gabriel Zucman (WW Norton & Company)

"Por primera vez en un siglo los milmillonarios pagan menos proporción en impuestos que sus secretarias". Este es el punto de partida del libro de Saez y Zucman The Triumph of Injustice: que el sistema fiscal de los Estados Unidos de América ya no es progresivo ya que los ultra-ricos pagan menos proporción en impuestos que las personas de menos ingresos. El objetivo de los autores con este libro es triple: 1) Denunciar la distribución actual de las cargas fiscales, 2) Mostrar que esto no siempre fue así y 3) Proponer medidas para volver a un sistema fiscal progresivo. Para realizar esta tarea, los autores utilizan datos de una gran calidad. Para empezar, consideran la carga fiscal en su conjunto: todos los tipos de impuestos a todos los niveles (federal, estatal y local), además de las cotizaciones sociales.

Esta falta de progresividad del sistema fiscal no siempre fue tal. Entre el New Deal de Roosevelt y 1980, el sistema fiscal fue mucho más progresivo. El impuesto de sociedades era de un tipo único del 50%, el impuesto de sucesiones tenía un tipo máximo del 70% y el tipo máximo del impuesto sobre la renta llegó al 90%. Parte del objeto de estos tipos tan altos no eran tanto recaudatorio como confiscatorio: se buscaba combatir la desigualdad. Aun así, con este sistema se combinó crecimiento y disminución de la desigualdad. ¿Por qué se rompió este equilibrio? Desde la presidencia de Reagan se ha dado una combinación de tolerancia institucional hacia la evasión fiscal y bajadas selectivas de impuestos a las rentas de capital, especialmente en el impuesto de sociedades.

Para reconducir esta situación, Saez y Zucman proponen:

1. Que los países donde tienen sede central las multinacionales (EEUU, Francia, Italia) impongan cargas impositivas también a los beneficios declarados en otros países (ej. Irlanda, Bermuda, Malta).

2. Aplicar el principio de "a igual renta, igual carga fiscal", sea cual sea el origen de las rentas.

3. Dado que los súper ricos no declaran apenas rentas, proponen introducir un impuesto a la riqueza. En dos versiones: una moderada que maximizaría los ingresos fiscales y otra más ambiciosa que generaría menos ingresos a largo plazo pero reduciría significativamente la desigualdad anterior a impuestos.

Open: The Progressive Case for Free Trade, Immigration, and Global Capital, de Kimberly Clausing (Harvard University Press)

Por primera vez desde el fin de la segunda guerra mundial asistimos a un abierto cuestionamiento del proceso de globalización económica: Estados Unidos adopta políticas proteccionistas contra sus aliados impensables hace solo unos años, la Organización Mundial del Comercio está en crisis y las fuerzas políticas nativistas contrarias a la apertura económica, a la integración supranacional y a la inmigración crecen en casi todos los países avanzados. Muchos trabajos han documentado ya las raíces económicas de esta reacción antiglobalizadora: el estancamiento de los ingresos de las clases medias y bajas, el aumento de las desigualdades y la concentración del crecimiento y las oportunidades en las grandes metrópolis. Y es que, como la autora de este libro muestra con gran claridad, la globalización ha generado importantes consecuencias distributivas que han estado demasiado desatendidas en las últimas décadas.

Pero para Kimberly Clausing, una economista experta en imposición internacional, una vuelta al nacionalismo económico haría mucho más mal que bien a la causa progresista de una sociedad más justa, igualitaria y con más oportunidades para los menos favorecidos. Clausing muestra con elocuencia cómo las políticas nativistas en el ámbito económico (contra el comercio, contra la inmigración) son inútiles y contraproducentes para corregir las desigualdades del presente, y sugiere que los progresistas deberían centrarse más en facilitar el acceso de los grupos de menos ingresos a los nuevos procesos productivos (con políticas de garantías de ingresos más ambiciosas, invirtiendo más en educación, facilitando el acceso a la universidad…), reformar el modelo impositivo (igualando la fiscalidad de las empresas a la de los trabajadores y acabando con los múltiples agujeros fiscales de los que se benefician las multinacionales), y mejorando el funcionamiento de nuestras democracias (asegurando una participación más equitativa de todos los ciudadanos en el proceso político).

Clausing logra convencer al lector de los peligros del repliegue nacionalista, y de que es en estas otras reformas en las que las fuerzas progresistas deberían invertir su capital político en los próximos años. Pero su enfoque adolece de una cierta ingenuidad tecnocrática no abordando el que quizá es el principal obstáculo al que se enfrenta esta agenda progresista alternativa: la existencia de ciertos intereses económicos que han sabido usar el desorbitado poder negociador que el proceso de globalización les ha conferido. ¿O acaso la evolución reciente de las reglas de fiscalidad o de las políticas redistributivas son procesos independientes de una globalización que ha permitido a determinados actores y empresas condicionar de manera mucho más directa los equilibrios políticos nacionales?

Factfulness: Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo. Y por qué las cosas están mejor de lo que piensas, de Hans Rosling, Ola Rosling y Anna Rosling Rönnlund (Deusto)

Gran parte de lo que comúnmente pensamos sobre pobreza, desigualdad, escolarización, demografía y salud global está, según este libro de Hans Rosling y sus colaboradores, equivocado. El libro comienza con un test que pone a prueba los conocimientos del lector sobre varios aspectos importantes relacionados con estos temas. La escasa proporción de acierto del lector parece que coincide con una pauta sorprendentemente repetida entre múltiples grupos a los que el autor ha administrado la prueba, muchos de ellos académicos expertos en el área, políticos con experiencia en la materia, profesionales que trabajan en el campo… Todos estos grupos, al igual que el lector común, aciertan menos que un mono que contestara aleatoriamente, y las equivocaciones se producen porque tendemos a pensar que la situación es mucho peor de lo que en realidad es. Tendemos a ser enormemente pesimistas, tanto sobre la situación actual como sobre lo que ocurrirá en el futuro.

Una vez determinado el problema –somos más pesimistas y catastrofistas de lo que los datos avalan–, el libro repasa los principales sesgos cognitivos que lo explican y ofrece pautas, para la vida diaria y para el análisis profesional de datos, para no dejarnos llevar por estas distorsiones. Con un magnífico despliegue de gráficos, también disponibles en línea, ejemplos asombrosos basados en buena medida en su apasionante vida laboral en varios países del mundo y un tono eminentemente pedagógico, sus 300 páginas son un buen antídoto contra las noticias falsas y podrían ser un buen material de trabajo para estudiantes de bachillerato y aficionados a los datos.

The Coddling of the American Mind: How Good Intentions and Bad Ideas Are Setting Up a Generation for Failure, de Greg Lukianoff y Jonathan Haidt (Penguin Books)

El nuevo libro del psicólogo moral Jonathan Haidt, en este caso junto a Greg Lukianof, no ha dejado a nadie indiferente desde su publicación a finales de 2018. Haidt y Lukianof realizan un duro alegato contra la generación Z o generación de Internet (i-gen), que abarca a los nacidos a partir del cambio de siglo. El subtítulo del libro ya aclara bastante su contenido: cómo buenas intenciones y malas ideas están condenando a una generación al fracaso. Las malas ideas de las que estos autores norteamericanos nos hablan son tres.

La primera, "lo que no te mata te hace más débil" (la no verdad de la fragilidad), contradice aquel famoso dicho de generaciones anteriores que nos animaba a tomar determinados riesgos, a experimentar, para hacernos más fuertes. Para los autores, la ausencia de esa experimentación por parte de la nueva generación la está haciendo más débil. La segunda mala idea o no verdad es: "siempre confía en tus sensaciones", y hace referencia al pensamiento emocional o cómo nuestras emociones nublan nuestro pensamiento racional. La tercera no verdad es el "nosotros frente a ellos" o la interpretación por la que "la vida es una batalla entre las buenas y las malas personas." Para Haidt y Lukianof, esta última mala idea se halla en la base del incremento de la polarización política y social que se está dando en los Estados Unidos en las dos últimas décadas. En resumen, se trata de un libro pretendidamente provocador que nos lleva a replantearnos algunos conceptos muy afianzados de la filosofía política igualitarista contemporánea.

Barcelona, Madrid y el Estado: Ciudades globales y el pulso por la independencia en Cataluña, de Jacint Jordana (Catarata)

La razón para leer este libro es porque brinda un punto de vista inusual en nuestro debate público sobre el conflicto territorial: "La mera existencia de un conflicto entre identidades nacionales no es una explicación suficiente, y tal vez tampoco necesaria, para dar cuenta de los problemas surgidos en España en los últimos años. Por el contrario, cabría preguntarse hasta qué punto la emergencia y difusión de emociones nacionalistas es un efecto y no una causa de las tensiones territoriales". El comentario político ilustrado en España es muy mayoritariamente uno que se hace sobre la base de encuestas de opinión pública, partidos, programas y, en algunas ocasiones, trayectorias de líderes políticos. Es mucho menos corriente que se haga a partir de ese tipo de investigación materialista, atenta al detalle, ecléctica y muy pragmática que es la investigación de políticas públicas.

La razón para leer este libro con especial interés es porque muy bien podría tener razón. Su tesis afirma, simplificando, que la competencia entre las dos "ciudades globales", Madrid y Barcelona, es la que ha llevado a un sector de las élites y de la población catalana a favorecer la creación de un Estado propio que permita el mejor desarrollo de la suya. El paso intermedio del argumento reside, en parte, en la asimétrica atención prestada por el Estado español –especialmente, algunos de sus gobiernos– a la ciudad capital política; en parte, y es lo más importante del libro, reside en la falta de una verdadera articulación, cuando no un deterioro, de las políticas públicas que afectan a las relaciones intergubernamentales. No está claro si una organización institucional alternativa, que obligase al Estado a ser neutral entre las ciudades, sería suficiente, a viso del autor, para evitar el conflicto, pues a veces parece apuntarse que Barcelona necesitaría un marco especial, pero sí queda claro que sería necesario.

El libro sin duda apunta hacia el hecho macroscópico más obvio, desde un punto de vista material, que resulta contemporáneo al desarrollo del conflicto territorial: el crecimiento económico de Madrid y su establecimiento como ciudad global, tras Barcelona, que quedaría como "segunda" ciudad.  El libro nos hace mirar a la globalización, a las consecuencias de la crisis económica y a la adaptación, o falta de la misma, de las instituciones públicas, y en eso enseña una importante lección. Es un alivio para un debate fatigado de estampas de sensibilidades heridas y oportunismos maliciosos. No es un libro con una solución, pero sí un libro que insiste en que lo primero es acertar en el diagnóstico.

La razón última para recomendar esta lectura es porque no habrá quien no encuentre una página incómoda o irritante, pero no serán siempre los mismos ni en los mismos lugares. Y por eso es una necesaria contribución al debate público, porque parece que nos estamos acostumbrando a las madrigueras.

Tiempos Recios, de Mario Vargas Llosa (Alfaguara)

A menudo, las novelas captan mejor las corrientes de fondo del mundo que los ensayos. Es el caso de Tiempos Recios, que demuestra también que los novelistas no tienen por qué escribir de política, pero, si lo hacen, resultan más convincentes en la ficción. Tiempos Recios narra aparentemente un hecho menor en los libros de historia: el golpe militar en Guatemala de Castillo Armas en 1954, apoyado por la CIA estadounidense, para derrocar al Gobierno democráticamente elegido de Jacobo Árbenz. Vargas Llosa muestra cómo la United Fruit, la gran multinacional de la banana, logra construir una gran mentira y convencer a los oficiales americanos de que Árbenz es un peligroso comunista cuando, en realidad, este simplemente aspiraba a replicar en Guatemala un sistema capitalista equivalente al de EEUU (es decir, donde las empresas pagaran impuestos y respetaran mínimamente los derechos de los trabajadores).

La historia no es el resultado de una conspiración, pero las conspiraciones pueden resultar en historia, en ocasiones desbordando las expectativas de los conspiradores, en otras tomando recovecos insospechados. Es lo que ocurre aquí. Vargas Llosa describe cómo las consecuencias de una manipulación, y de la connivencia entre empresarios sin escrúpulos y oficiales hiperventilados (tanto norteamericanos como locales), se desparraman más allá de las fronteras de un país y de un periodo concreto. Vargas Llosa ofrece una explicación interesante a la radicalización de la izquierda latinoamericana desde entonces, y hasta ahora. No podemos entender la deriva de Castro hacia el comunismo, o el movimiento de guerrillas por todo el continente en las siguientes décadas, sin esta conspiración primigenia. Desde el golpe de Estado en Guatemala, cualquier político con un mínimo espíritu reformista ha sido consciente de que no importaban tanto sus intenciones reales como las percepciones que de ellas tendrían unos oficiales de inteligencia americanos que quizás no son tan inteligentes como permeables a los intereses de grupos económicos. Unos intereses que, por cierto, no defienden un mercado económico libre, sino una economía oligopolística.

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