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Ayuso y Almeida sellan la paz para afrontar la doble cita con las urnas de 2023

Ayuso, Casado y Almeida, en una imagen de archivo.

Carmen Moraga


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Después de la tempestad, viene la calma. Y en el PP se han aplicado ese refrán a pies juntillas, una vez que han comprobado que todo ha vuelto a su sitio tras los estragos provocados por el gigantesco tsunami que se llevó por delante a Pablo Casado y parte de la anterior cúpula del partido, lo que propició el aterrizaje en Madrid del gallego Alberto Núñez Feijóo. El expresidente de la Xunta se ha puesto ya a los mandos de la maltrecha nave genovesa y ha conseguido casi por arte de magia que la ciudadanía olvide el bochornoso espectáculo y les aúpe varios puntos en las encuestas, como si nada hubiese pasado.

Un año del 4-M de Ayuso: control de Telemadrid y bloqueo a la oposición para tapar las sombras de la comisión de su hermano

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Ni siquiera parecen haberles hecho mella en las expectativas electorales los numerosos casos de corrupción que siguen abiertos, ni los recientes escándalos destapados por las compras de material sanitario en plena pandemia, tanto en la Comunidad de Madrid como en el Ayuntamiento, por los que han pagado precios desorbitados y por los que el hermano de Ayuso y dos empresarios ya famosos, Luis Medina y Alberto Luceño, han cobrado sustanciosas comisiones.

Recolocados los muebles, y con la izquierda a la gresca en Andalucía y Madrid, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida se esfuerzan por aparentar que se han reconciliado. Uno, ofreciéndose para el nuevo organigrama del PP de Madrid que desvelará este viernes la presidenta regional. Otra, asegurando que no hay equipos diferentes y que contará con personas del entorno del alcalde en su nueva estructura.

Los dos han sido junto a Pablo Casado los protagonistas principales de la crisis abierta en el PP a lo largo de estos dos últimos meses. La diferencia es que Ayuso ha salido beneficiada y ha conseguido su objetivo de hacerse con el control del partido en la región y Almeida ha quedado tocado, tras los intentos frustrados del expresidente nacional del partido de situarle como alternativa a la mandataria regional en el Congreso y nombrarle portavoz nacional del partido, un puesto que abandonó cuando todo saltó por los aires al destaparse el intento del supuesto espionaje a la regidora desde el propio Ayuntamiento por los contratos que la Comunidad de Madrid cerró con una empresa vinculada a su hermano Tomás.

La crisis interna estalló con toda su crudeza. Almeida dimitió de su cargo orgánico y se aferró al bastón de mando municipal, mientras la propia regidora madrileña –con la sombra de su jefe de Gabinete Miguel Ángel Rodríguez siempre detrás– daba pábulo a esas supuestas prácticas de rastreo sobre ella y su entorno. “Nunca pude imaginar que la dirección nacional de mi partido iba a actuar de un modo tan cruel y tan injusto contra mí”, llegó a decir el 17 de febrero, el mismo día en que el caso transcendió a los medios de comunicación. En aquella comparecencia pública, Ayuso acusó directamente al entorno de Casado, en el que se encuadraba Almeida, de perseguirla y de querer acabar con ella por aspirar a presentarse a dirigir el PP regional.

“No creo en las heridas cerradas en falso”

Unos días después iba más allá y pedía la “expulsión” del partido de todos aquellos que cuestionaron el contrato de 1,5 millones de euros en mascarillas de su Gobierno por el que su hermano cobró una comisión. “No creo en las heridas cerradas en falso”, advirtió. “Todos los que se han dedicado a crear dudas sobre mí tienen que estar apartados del partido”, aseguró durante su discurso ante la Junta Directiva Nacional.

Con Casado 'muerto' políticamente, la regidora ha visto la vía libre para continuar con su hoja de ruta. El espaldarazo que recibió de Alberto Núñez Feijóo el mismo día de ser nombrado nuevo presidente del PP en el Congreso extraordinario, celebrado en Sevilla y donde Ayuso fue la gran estrella, la ha resarcido de todo lo anterior y la animó a dejar a un lado el supuesto espionaje contra ella. De hecho, ni siquiera ha querido comparecer en la comisión de investigación abierta –y ahora ya cerrada– en el Ayuntamiento, sobre la que llegó a afirmar que se había creado para “acosar” al alcalde Almeida. “Pondría la mano en el fuego” por “su inocencia”, llegó a decir la presidenta.

En aquel cónclave de Sevilla, Almeida, sentado en primera fila casi como un convidado de piedra, se mantuvo en un segundo plano mientras escuchaba los halagos cruzados entre Feijóo y Ayuso. El gallego auguró que la madrileña volverá a arrasar en las urnas. Para su tranquilidad, el alcalde vio con alivio que el entonces presidente gallego tuvo después la deferencia de ungirle también a él como próximo cartel electoral municipal para que forme de nuevo un tándem con Ayuso. El regidor aplaudió calurosamente a su nuevo líder y salió de allí sin querer restar protagonismo a su compañera y a su nuevo líder.

Poco después, reconocía que le gustaría repetir como candidato a la alcaldía de Madrid en mayo de 2023 y volver a hacer tique electoral con Ayuso que “pone muy nerviosa” a la oposición. “Me veo bien”, dijo. “Lo que me hace feliz es ser alcalde de Madrid, es innegable. Es difícil encontrar un puesto en política que pueda compensar más. Me veo aspirando a una mayoría lo más amplia posible, y a una mayoría como la de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad que me permita gobernar en solitario”, adelantó. Esas elecciones autonómicas y municipales están muy cerca y ahora a ambos mandatarios capitalinos les interesa aparcar el enfrentamiento soterrado que en los últimos tiempos han mantenido, aunque en público lo nieguen. Una actitud que contrasta con la buena sintonía con la que iniciaron sus mandatos: Ayuso muy apocada, y Almeida que se comía el mundo. Pero desde la apabullante victoria de la dirigente regional en las autonómicas de hace un año, las tornas han cambiado.

Un Congreso regional del que Ayuso saldrá reforzada

Almeida aún no sabe si estará entre los elegidos por la dirigente regional para conformar su nuevo equipo, aunque hasta ahora ha sido miembro nato del Comité Ejecutivo al ostentar la alcaldía de Madrid. Ayuso, por su parte, guarda el secreto bajo siete llaves, aunque sí ha desvelado que contará en su organigrama con personas cercanas al alcalde. “Si propone personas que son buenas, estarán”, dijo públicamente. Y es que fuentes cercanas a la presidenta insisten en que no se trata de equipos diferentes. “Todos vienen del mismo sitio, en 2019 unos fueron en las listas del Ayuntamiento y otras en las de la Comunidad”, señalan.

Este martes Ayuso daba algunas pistas, como que el nuevo PP de Madrid tendrá una “estructura pequeña” y que habrá una “total renovación de la organización”. “Estoy obligada a ello”, ha señalado. Quiere que “personas que llevan tiempo trabajando y no tenían responsabilidades las tengan”, lo que ha desatado las apuestas sobre si prescindirá de los casadistas o de algunos cargos cercanos al propio alcalde que se han visto implicados de alguna manera u otra en el caso de su supuesto espionaje. Lo que la presidenta tiene claro es que no habrá nadie que haya dudado de su honorabilidad.

Almeida, que quiere ganarse la confianza de su compañera, ha optado por la prudencia. El otro día dijo estar seguro de que la dirigente regional “tomará las mejores decisiones” a la hora de conformar su equipo. Según cree, lo mejor en estos casos es “no pedir, pero tampoco rechazar”, zanjó. “Lo dije y lo mantengo. La presidenta de la Comunidad de Madrid sabe que puede contar desde luego conmigo en cualquier lugar que sea, porque quien tiene que tener las manos libres para formar su equipo es ella, y quien tiene que tomar las decisiones, desde luego, es ella”, sentenció el alcalde, que hace tiempo que advirtió de que entre él y la presidenta de la Comunidad de Madrid, “no iba a haber ningún problema” para que ella dirigiera el partido en Madrid.

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