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ENTREVISTA | López-Istúriz (secretario general del PPE)

"Las fuerzas proeuropeas -populares, socialistas y liberales- debemos coordinarnos en asuntos fundamentales"

"No va a haber ningún acercamiento a Steve Bannon, un hombre que fue expulsado por Trump por exagerado y radical", afirma Antonio López-Istúriz

"La izquierda europea empezó la campaña con aquel voto del artículo 7 sobre el Gobierno húngaro de Orban", sostiene el eurodiputado

"La resolución del neofascismo se refería a casos muy generales, y la izquierda española siempre introduce temas que desvirtúan los asuntos generales", explica sobre el voto contrario del PP a las enmiendas de la Fundación Francisco Franco

El secretario general del Partido Popular Europeo (PPE), Antonio López Istúriz, durante una entrevista con Efe en la que ha dicho que cree que tras las elecciones europeas los populares y socialistas de la UE deberán hacer un "frente común" para luchar contra los "extremos", los movimientos "antieuropeos" que pueden lograr representación parlamentaria.

El secretario general del Partido Popular Europeo (PPE), Antonio López Istúriz. EFE/Sergio Barrenechea

Antonio López-Istúriz (Pamplona, 1970) es uno de los dirigentes del Partido Popular que más vive de cerca la política europea. Secretario general del Partido Popular Europeo (PPE) desde que dejó el gabinete de José María Aznar en Moncloa en 2002; y eurodiputado desde 2004, es uno de los principales ideólogos del llamado spitzenkandidat: que el candidato a presidir la Comisión Europea venga de los partidos –no de los países–  y sea del más votado en las elecciones europeas –no cocinado por los Estados y los funcionarios–. 

López-Istúriz se encuentra ultimando el congreso del PPE en el que se elegirá al candidato a presidir la Comisión, entre el alemán Manfred Weber –presidente del Grupo Popular en el Parlamento Europeo– y el finlandés Alex Stubb –ex primer ministro–, con debate a cara a cara incluido.

El cónclave se celebra el 7 y 8 de noviembre en Helsinki, y será el primero para Pablo Casado como presidente del PP y el último para Angela Merkel como presidenta de la CDU. 

En Helsinki elegirán entre Weber y Stubb como candidatos a presidir la Comisión Europea. 

Los que se oponen ahora son las mismas voces que se oponían en 2014: funcionarios de alto rango, diplomáticos, que estaban acostumbrados a nombrar a la Comisión Europea. No hay nada escrito en los tratados, pero es un sistema que aporta una visibilidad, un conocimiento de este proceso de elección. Y a través de sus partidos, cuando los ciudadanos votan están eligiendo a ese posible futuro candidato. 

Es tendente a aportar luz y taquígrafos sobre algo que no era así. No puede haber pasos atrás, aunque al final dependerá de lo que decidan los líderes y los primeros ministros en los Consejos Europeos. La UE sigue siendo de los Estados miembros, no de Bruselas. Y la responsabilidad del PPE es que en el congreso de Helsinki, como ocurrió hace cinco años en Dublín, salga elegido un candidato.

En el congreso también habrá resoluciones, debates, como las elecciones de mitad de legislatura en EEUU, los Balcanes, Ucrania, el norte de África... Y se escoge dos aliados, por primera vez, de Marruecos, el Istiqlal y el RNI, –ya hay dos del Líbano–, con la idea de tener la mejor relación política con el norte del Mediterráneo, tema de no menor interés por materia de seguridad y de migración. Esto es, además, iniciativa española en el congreso de Madrid de 2015.

¿Hay marcha atrás a esta fórmula para la Comisión Europea después de que Jean-Claude Juncker saliera de este proceso, por primera vez, en 2014?

No lo digo yo. Hay rumorología; declaraciones, ninguna. Yo, como en 2014, invito a todo el mundo a ser sereno y confiar en las calidades de este proceso. No está en ningún tratado europeo, y aporta el granito de arena para procesos de selección dentro de la UE. El ideal es que el presidente pudiese ser elegido por voto directo en la UE, pero para eso aún falta tiempo. El spitzenkandidat es un paso intermedio. Juncker ha sido bastante reconocido. Fue una elección política, con mayor proceso, y de visibilidad de los candidatos.

El que tiene más posibilidades, Weber, carece de experiencia de gobierno, ¿es un lastre?

El principal requisito, creo yo, es que tiene que ser un gran europeísta, más la gestión de gobierno. Yo puedo entender que el presidente del Consejo Europeo, puede que sí tenga que salir de los primeros ministros; pero para presidente de la Comisión Europea, no lo creo. Tampoco hay candidatos socialistas ni liberales con ese perfil.

Lo importante es que hayas sido miembro del Parlamento Europeo [como Weber], miembro de las instituciones europeas o miembro del BEI [como Stubb].

Acaban de cumplirse 25 años de la entrada en vigor del Tratado de Maastricht, y a menudo se critican los estrechos márgenes que quedan para la política económica o los déficits democráticos en procesos políticos y económicos. ¿Es reformable la UE? 

Siempre es reformable la UE. No es perfecta, debe tener siempre flexibilidad, es un proceso de constante construcción. Maastricht fue un paso muy ambicioso y ha dado impulso, como el protagonismo del Parlamento Europeo. Maastricht dio al Parlamento un rol de legislador, un punto revolucionario en su momento, con la codecisión, que está funcionando, el parlamento es más reconocido en los últimos años. El nivel de visitas se ha disparado por parte de empresas, ciudadanos, lobbys, ONG. Es visita obligada para todos los grupos sociales y eso no ocurría antes.

En cuanto a la moneda única, siempre hay voces anunciando que el euro se va a hundir, pero aquí sigue y es la segunda moneda de referencia del mundo, fíjese lo que se ha conseguido en 10-15 años.

¿Qué le falta a la UE?

La ambición final es tener órganos elegidos por los ciudadanos y que Bruselas sea una especie de Washington DC, donde se defiendan los intereses europeos como en un sistema federal. Hace falta mucho tiempo, y cambios generacionales, y generaciones que se sientan europeas. Ahora estamos pasando crisis europeas al calor de los populismos y las fuerzas extremas. Pero es una fase del proceso de construcción.

El elemento que se pone a debate es el de la soberanía.

Es una lucha de soberanías, que también ha pasado en el proceso de construcción de EEUU y de comunidades autónomas. Por competencias, distribución de fondos, y los Estados miembros siguen teniendo la batuta. Estamos superando crisis y ganando en presencia como Unión, porque es juntos como podemos sobrevivir en un mundo globalizado.

En todo caso, también hay un principio de subsidiaridad, que significa un máximo respeto a las diferencias locales, regionales y nacionales.

¿Y los déficits democráticos?

Ahí entra en juego el spitzenkandidat. Es muy entendible que el presidente del Consejo sea de los Estados miembros, pero el problema es que hasta la fecha el presidente de la Comisión Europea era elegido de otra manera. Hay una ambición muy lógica y respetuosa de ir cambiando ese sistema. Hay quienes queremos un debate de políticos y no de eurócratas.

Y eso que la calidad del funcionario europeo es impresionante, son gente preparada, con idiomas y grandes conocimientos de la UE y de lo que pasa con los Estados miembros. Viene del pasado, de la Comisión Europea de Jacques Delors, y son muy competentes.

Algunos de los más críticos con la cesión de soberanía están en las filas del PPE, como el húngaro Víktor Orban y el canciller austriaco, Sebastian Kurz.

Es la lógica lucha de competencias entre Bruselas y los Estados miembros, donde puede haber quejas y este tipo de debates. A mi juicio es bueno que se produzcan para llegar a una posición conjunta. 

Orbán mantiene que la UE debe volver al principio de que los Estados miembros son los directores de la Unión, y públicamente se declaró contrario al spitzenkandidat. Hay otros primeros ministros menos favorables, y no lo dicen. Y este debate es normal y lógico.

Esa idea de la Unión Europea Naciones es la que abanderan Marine Le Pen y Matteo Salvini.

Orbán, Kurz, y otros... no es lo mismo. Marine Le Pen aboga por la destrucción del proyecto en sí, que es muy distinto, y no puede tener ningún apoyo. Desunidos y descoordinados no sobrevivimos en este mundo. Es una quimera recuperar el sistema de Estados en el mundo en el que vivimos.

¿Es un discurso electoralista, entonces?

Por eso hay que reformar desde dentro de instituciones europeas, para dotar de mecanismos de rendición de cuentas. Sin embargo, los que critican más son los primeros que frenan las reformas.

¿Cómo les irá a Le Pen, Salvini y a la extrema derecha en las europeas?

No puedo especular, las encuestas que he visto anuncian algún avance, pero creo que no será significativo y las fuerzas proeuropeas podemos y debemos mantener una mayoría tras el 26 de mayo.

No se trata de hacer un solo grupo, pero en cuestiones concretas, en asuntos fundamentales, socialistas, populares y liberales debemos ir juntos y coordinarnos para mantener este sistema que en el fondo es bueno. Hay muchos que piensan así, pero en Europa del Este los primeros ministros socialistas tampoco son unos entusiastas.

¿Fue un error esa ampliación tan rápida y tan numerosa hacia el Este?

No, porque colocó a Europa en una unidad. Son europeos y lo eran, vivieron la tragedia del paraíso socialista, estuvieron aislados y son la Europa a la que nunca renunciaron. Es un proceso difícil, como el de España, Portugal o Grecia. En su caso, peor porque no conocían el capitalismo y hay que reconstruir la economía de mercado de lo que fue la antigua URSS. Es un proceso largo, pero ya hay generaciones que se reconocen en el ideal europeo. 

¿Por qué los eurodiputados del PP se dividieron en la votación del Parlamento Europeo sobre Orbán? Unos votaron en contra del informe contra el Gobierno húngaro, otros se abstuvieron y algunos se ausentaron, cuando la mayoría del grupo parlamentario votó a favor de la censura a Orbán.

Hubo libertad de voto. Hay debate en la familia del PPE, sobre las propuestas de Orbán en migración y el futuro de la UE, sobre si debemos estar más unidos o menos, sobre si debe ser una UE pilotada por los Estados miembros o no... A mí me gustaría que en otras familias se publicasen esos debates.

Sé que en la familia socialista y en el grupo liberal también hay estos debates. Ahí está Macron, cuando rechazó el spitzenkandidat, lo cual es poco entendible, y lo hizo en anuncios sorpresivos. Y sin embargo no se le considera más euroescéptico por eso. Entiendo que habrá un debate al respecto en su congreso.

¿Pero por qué los españoles no apoyaron el informe contra Orbán como la mayoría del grupo popular?

Se tuvo en cuenta que Orban sí ha venido constantemente a Bruselas. Se le llamó por el Parlamento, la Comisión, el PPE; se han investigado todos los cambios legales y constitucionales que ha habido en el articulado húngaro y todo los informes finales han sido favorables a Orban.

En el PPE sí subyace el asunto de la universidad; eso preocupa mucho, se le ha pedido un cambio de actitud con eso y una facilitación de la universidad  de Budapest. 

Por otro lado, muchos intuían una persecución política en ese informe del Parlamento Europeo, no basado en asuntos legales. La izquierda europea empezó la campaña con aquel voto del artículo 7, porque mucho de lo que se dice no tiene consecuencias legales.

¿Nota cierto desgaste de las dos principales familias europeas, socialdemócratas y populares, que fueron los arquitectos del sistema europeo tras la Segunda Guerra Mundial y de la actual UE?

Fueron pensadores del estado social europeo, del estado del bienestar, una combinación de ambos: juntos y no revueltos. Eso es lo que debe ser una construcción del proyecto, con nuestras diferencias ideológicas con nuestros matices.

Sin embargo, las elecciones alemanas evidencian un desgaste del modelo de gran coalición.

En niveles europeos no hemos tenido grandes coaliciones. En otros países sí ha habido esas coaliciones. A nivel europeo se ha evitado hablar de la coalición siempre. Creo en acuerdos puntuales, pero no en la coalición y me gusta como estamos.

En Italia ya no están en el Gobierno, ni en Francia, y en Alemania Merkel se marcha por el desgaste de su partido y de la fórmula de gobierno.

Es un fenómeno no europeo, ocurre también en EEUU, en América Latina y en Filipinas. Es un fenómeno mundial.

El exasesor de Donald Trump Steve Bannon se está instalando en Bruselas, y su enlace europeo, Mischaël Modrikamen ha dicho que tienen bastante en común con líderes como Kurz o Pablo Casado.

Es una tontería. Ha sido incluso rechazado por la propia Marine Le Pen como asesor. Un hombre que fue expulsado por Trump por exagerado y radical. No va a haber ningún tipo de acercamiento a este señor. Es el típico asesor que viene a hacer cash con un poco de lío.

Este congreso es el primero de Pablo Casado como presidente del PP. ¿Qué va a aportar al PPE y a la política europea?

Se habla mucho, va a imprimir un estilo propio. Pertenece a una generación que ya no es la que mete a España en la UE, ya ha nacido con España en Europa. Se sabe manejar, tiene poco tiene que aprender. Va a presentar un estilo propio, y en el PPE ya se empieza a sentir eso. Por sus intervenciones se ve que tiene un gran conocimiento de las negociaciones que se están dando en las instituciones europeas. Para el congreso del PPE hay muchas peticiones de reuniones con Pablo Casado. Es una nueva generación que va a llegar al poder, como el primer ministro de Irlanda, Austria, Croacia... Es gente más joven y más europeísta y educados en el sistema de la UE.

En ese relevo, quien se marcha es Angela Merkel.

Estamos en deuda con esa generación. La de Mariano Rajoy, José María Aznar y Felipe González. Es la generación que mete y sitúa a España en el panorama europeo. La de Merkel es la de Kohl, la de la unificación de Alemania, y de un gran europeísmo en Alemania, que se ve acechada por la AfD. La mejor relación que podía tener Alemania con sus socios era dentro de esa UE. Esperemos y deseamos que quien la sustituya al frente de la cancillería alemana sea de la misma capacidad y devoción por el proyecto europeo.

Recientemente se han votado dos resoluciones en el Parlamento Europeo en las que el PP ha apoyado el texto de consenso, pero no enmiendas, como es el caso de los párrafos relativos a la Fundación Francisco Franco en la resolución sobre el neofascismo en Europa. O la abstención en el párrafo del embargo de armas a Arabia Saudí.

La resolución del neofascismo se refería a casos muy generales, que preocupan mucho, y la izquierda española en un asunto de interés general intenta meter asuntos locales, nacionales, estropeando una idea general, que es la de denunciar las fuerzas de ultraderecha de algunos países europeos. Siempre la izquierda por intereses políticos introduce temas que desvirtúan los asuntos generales.

En cuanto a Arabia, hay países que tienen relaciones comerciales con ella, y otros que hablan de boicots y las tienen con Irán y con Qatar. Lo que me gustaría es que se denuncie y persiga a los responsables de la muerte de este periodista, y las de los asesinados en Malta y Eslovaquia.

Otra cosa es lo que hace cada país con los diferentes países, y una vez más sería bueno que tuviéramos una política común con Oriente Medio y otros lugares. Pero ahora hay países que por razones de proximidad tienden a no ser tan beligerantes con Irán o Erdogán, que en una ironía del destino se ha convertido en defensor de periodistas cuando tiene a decenas encarcelados.

En lo que sí parece que está habiendo unidad es en la negociación del Brexit con Reino Unido.

Una de las cosas de las que me siento más orgulloso en estos dos últimos años es de la unidad absoluta de los 27 países en las negociaciones. Recuerdo que tras el referéndum en Reino Unido se decía que la UE estaba acabada. Y Reino Unido vivió de una estrategia de mantener divididos a los Estados europeos, pero esa estrategia no ha funcionado por la unidad de los países europeos. Es la primera vez en siglos que el Reino Unido no rompe esa unidad europea, es la primera que se mantienen unidos los países europeos y se está reflejando en estas negociaciones.

En el lado contrario, en el Reino Unido están muy divididos y pendientes de las peleas internas del partido conservador.

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