“Transformar cicatrices en palas”: las Dragonas plantan cara al cáncer de mama con un mural en el Virgen del Rocío
“El cáncer está en mi camino, pero no es mi destino”. Esta frase, escrita a mano en una de las escamas que componen el mural “Cicatrices que inspiran”, resume el espíritu que este jueves 26 de marzo ha tomado la explanada del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla. Lo que comenzó en 2019 como una asociación de remo, es hoy una red de supervivencia que ha decidido convertir la entrada del centro sanitario en una “piel viva” de resiliencia, un recordatorio visual de que, tras el diagnóstico y el tratamiento, la vida no solo continúa, sino que “vuela”.
El acto, conducido por Nuria, integrante de la Asociación Las Dragonas de Sevilla y profesora de yoga oncológico, arranca con un agradecimiento directo al personal del hospital por “salvarles la vida”. Ante la mirada de autoridades como Silvia Pozo (delegada de Salud), María Tena (concejala de Deportes) y Mercedes Soriano (Instituto Andaluz de la Mujer), las Dragonas presentan su proyecto más simbólico: un mural participativo que quedará donado e instalado permanentemente en la sala de espera de tratamiento oncológico del hospital.
El jefe de la Unidad de Oncología Radioterápica, José Luis López, ha destacado la importancia de esta iniciativa para humanizar la asistencia. Según el doctor, el grupo de mujeres es un ejemplo de “superación y alegría”, subrayando que el muro ofrece un “refugio emocional” que llega a aspectos psicológicos donde la medicina convencional a veces no alcanza a intervenir.
El “Barco Dragón”
La asociación se especializa en la modalidad de Barco Dragón, concretamente en la categoría BCS (Breast Cancer Survivor). Pero el proyecto trasciende lo deportivo. Nuria ha explicado que se trata de “barcos terapéuticos” abiertos a personas con cualquier tipo de cáncer y de ambos sexos.
Más allá del acompañamiento, existe una base científica: la evidencia respalda que remar en equipo fortalece la musculatura afectada por las cirugías y reduce drásticamente los niveles de estrés. Para estas mujeres, el paleo no es solo ejercicio; es una forma de sororidad física. Rocío Fernández, presidenta de la asociación, ha puesto el foco en el momento más crítico: “Acompañar la vida después”, cuando los tratamientos terminan y aparece el vacío y la incertidumbre del futuro.
“Los labios pintados y la sonrisa puesta”
Uno de los momentos más sobrecogedores del evento ha sido el descubrimiento del mural, realizado bajo los acordes del violín de Mia, quien ha tocado en honor a Jil, una alumna de yoga oncológico que ha tenido que dejar el violín guardado durante un tiempo, debido a su tratamiento en curso. Durante la lectura del manifiesto, arropada por su junta directiva: Raquel, Macarena, Isa, Maribé, Nuria, Rosa y Lola, Rocío ha proclamado una frase que resuena en toda la explanada: “Somos mujeres que transformamos cicatrices en palas”.
La lectura del manifiesto ha enfatizado que el proceso oncológico les ha enseñado a vivir con “los labios pintados y la sonrisa puesta”, enviando un mensaje rotundo a quienes hoy entran al hospital para su primera sesión: “Hay mucha vida después del cáncer”.
Las escamas de la esperanza
El mural no es una obra cerrada; es un elemento interactivo compuesto por “escamas” donde pacientes y familiares han volcado sus miedos y sus fuerzas. Durante el acto, se leyeron algunos de los mensajes que ya cuelgan del muro y que invitan a los nuevos pacientes a participar en un libro de mensajes que custodiará el hospital: “No tengas miedo a pasarlo acompañada. Será más fácil. Tú puedes”. “Esto también pasará. Y alzarás tus alas de mariposa y encontrarás tu fuerza de dragona”. “Para todos por todos esos días que pensé que no podía y pude”.
José, el timonel del equipo, ha dedicado también unas palabras a su hijo Joselito, que ejerce como tambor del barco: “La vida es mejor con supervivientes de cáncer en acción. Joselito es su tambor y, como ellas, un campeón”.
Un cántico a la vida
El evento ha concluido con una explosión de energía que rompe el silencio habitual de la zona hospitalaria. Con una foto de familia y el cántico grupal que las identifica en cada competición —“¿Y si somos BCS, bueno, ¿y qué?...”—, las Dragonas cerraron la jornada entre gritos de “¡Sevilla!” y “¡Olé!”.
A partir de hoy, el mural “Cicatrices que inspiran” no será solo un adorno en la pared, sino un faro para quienes buscan fuerzas para remar contra la corriente de la enfermedad.
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