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El caso de Lola, la niña trans de siete años a la que no dejan federarse en baloncesto, revela la necesidad de regular estos casos

Lola, la niña de siete años a la que la Federació Catalana de Basquetbol impide competir.

Deva Mar Escobedo

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Lola tiene siete años y vive como una niña trans desde que empezó a hablar y se lo supo comunicar a su familia. Hace un año empezó a jugar al baloncesto con unas amigas en un club mixto de Barcelona. Ya comenzado este curso, hizo las pruebas para el equipo femenino de minibasket y la seleccionaron, pero la federación autonómica se negó a hacerle la ficha argumentando que, aunque se ha cambiado el nombre, no puede modificar su sexo registral ya que la actual legislación lo permite solo a partir de los 12 años.

La familia de la niña empezó entonces un periplo en el que contactó con asociaciones, la Generalitat de Catalunya o el Ministerio de Igualdad y creó una petición con más de 30.000 firmas con el objetivo de que que su hija pueda jugar con sus amigas en su mismo equipo. Pretende dos cosas: que federen a la menor y crear un precedente. “Por lo que nos han explicado, Lola no es la única niña en España en esta situación. Al hacer la petición pública esperamos que la resolución sea favorable y haga el camino más fácil para el resto”, cuenta Eura Mutiñó, la madre de la menor.

Por su parte, la Federació Catalana de Basquetbol (FCBQ) ha justificado su negativa en que su reglamento exige federar a quien juegue según el sexo que consta en su DNI. No obstante, el caso de Lola ha abierto el debate incluso dentro de la entidad.

“La normativa tanto a nivel estatal como autonómico, o incluso de la ONU y el Comité Olímpico Internacional, reconoce que la práctica del deporte es un derecho humano independientemente de la condición sexual o identidad de género”, explica Ezekiel Latorre, miembro de la vocalía de personas trans y no binarias de la Agrupación Deportiva Ibérica (ADI) LGBTI+, que considera que el caso de Lola supone una vulneración de sus derechos humanos.

Para la ADI, “lo lógico” sería que la federación permitiera jugar a la niña conforme a su expresión e identidad de género hasta que pueda cambiarse el DNI: “Si queremos promover el deporte en las personas trans no podemos permitir este tipo de discriminaciones”, sentencia Latorre.

Ante esta situación y a preguntas de elDiario.es, la FCBQ ha puesto sobre la mesa la posibilidad de hacer una excepción. Su gerente, Toti Mumbrú, lo explica así: “Antes de Navidad tenemos una junta directiva y la voluntad de la federación es dar solución a esta problemática al menos para federados hasta la categoría de minibasket [12 años]”.

Esta información es una novedad para Mutiñó, la madre de Lola. Lo último que supo del tema fue a raíz de una entrevista que concedió al programa Tot es mou de TV3, que se puso en contacto con la FCBQ. La federación confirmó que pondría sobre la mesa la posibilidad de cambiar la normativa solo para la categoría de Lola, la premini, que llega hasta los nueve años. “No sé si viendo la entrevista, en la que explicamos que eso no tenía sentido porque el limbo legal es hasta los 12, cambiaron de opinión”, especula Mutiñó, que, sea como sea, considera que esta actualización es “una buena noticia”.

Mumbrú asegura que la federación trabaja de la mano del Govern para dar salida a un tema que ya tenían en su punto de mira: “Tenemos personas trans jugando, siempre con la exigencia de que tengan el sexo registral cambiado. La situación de Lola nos ha abierto los ojos a esta problemática de personas menores que no tienen edad para cambiar el DNI y en consecuencia no podrían jugar”.

Y es que la legislación actual solo permite cambiar el sexo registral a partir de los 12 años. Así lo estipula la ley trans, que entró en vigor el pasado mes de febrero y que establece distintas franjas de edad: los menores de 12 años no pueden modificar su sexo legal, aunque sí su nombre; entre los 12 y los 14 se requiere un aval judicial, lo que, según Mumbrú, convierte el trámite en “un proceso largo”, y entre los 14 y los 16, la condición es contar con el consentimiento de los progenitores. A partir de los 16 no hay requisitos.

“Hay un debate muy abierto. Poco a poco se irán poniendo las cosas en su sitio, pero hay sectores contrarios y estos pasos se deben hacer poco a poco y bien hechos para evitar un efecto rebote”, declara el gerente de la FCBQ.

Mumbrú se refiere a la participación de las mujeres trans en el deporte, un tema que no es nuevo y se reabre cada cierto tiempo, aunque circunscrito al ámbito de la alta competición y no al deporte base. El tema se ha recrudecido en los últimos años y, de hecho, desde que el Comité Olímpico Internacional (COI) dejara en manos de las federaciones la regulación, algunas como la de rugby, la de natación y la de atletismo han prohibido competir en pruebas femeninas internacionales a las mujeres trans que comenzaron su transición después de la pubertad bajo el argumento de que su participación vulnera la igualdad en las categorías femeninas.

¿Y las adolescentes?

Para cuando Aura salió del armario como chica trans, con 13 años, ya llevaba unos cinco jugando al baloncesto en categorías masculinas. Esta temporada, ya con 17, fue aceptada en un club de Albacete, pero, cuando fueron a inscribirla, ya había un número de carné en el que constaba como chico y la federación castellanomanchega se declaró incapaz de federarla.

Esta organización consultó a la Federación Española de Baloncesto (FEB), que se remitió a una comunicación de la federación internacional “por la que se recomienda a las federaciones nacionales y por extensión a las autonómicas a que no se tome decisión alguna al respecto [de federar a personas trans] hasta que no haya un pronunciamiento expreso” por parte de este organismo, explican desde la Federación de Baloncesto de Castilla-La Mancha (FBCLM).

Así, la organización castellanomanchega espera “que se comprenda” que su actuación “se ha limitado a cumplir la normativa y recomendaciones” que debe acatar, ya que no tienen “más margen de maniobra”, argumenta la entidad. Algo que choca con el planteamiento de la Federación catalana, que asegura que las federaciones autonómicas sí tienen cierto poder de decisión y, como es su caso, pueden inscribir a personas trans.

Latorre explica que estas desigualdades territoriales no se pueden nivelar a golpe de legislación por la naturaleza del mundo deportivo en España: “Aunque sea un tema público, gran parte del dinero es privado”, dice sobre las federaciones.

Aura sí cumpliría los requisitos para jugar en Catalunya, al tener el DNI cambiado. Empezó un tratamiento de bloqueadores de testosterona hace tres años y la terapia hormonal completa, es decir, con estrógenos, hace dos. Según su padre, los indicadores de la chica están en niveles de mujeres cis y la jugadora resalta que los estrógenos le supusieron “un bajón físico importante”. “La resistencia que puedo ofrecer en los partidos no es la misma, me paro mucho más y mido 1,80, como muchas otras compañeras”, explica. “Se suele decir que las trans tenemos unas capacidades físicas muy superiores, que tenemos mucha ventaja, pero en los tres años que llevo en bloqueadores y hormonas no lo siento así”, declara Aura.

El nivel de testosterona en sangre es lo que habitualmente se mide en las regulaciones a nivel internacional, que suelen poner un límite máximo que deben cumplir las mujeres para poder competir en la categoría femenina. “Es verdad que existen diferencias en el rendimiento, pero cuando hablamos de personas trans y no binarias tenemos que estudiar también su entorno hormonal y un montón de factores que influyen más allá de la testosterona”, asegura Ezekiel Latorre, que además de formar parte de ADI LGBTI+ es entrenador y graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.

Estudiar el cuadro hormonal de una persona es una opción, pero resulta cara. “En otro nivel más profesionalizado se está hablando de que haya análisis de hormonas, pero nosotros somos deporte amateur y no sé si este control se tiene que exigir. Es como el dopaje, que no se controla en estas categorías”, explica Mumbrú.

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