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Isabel la Católica: el referente femenino de las falangistas en el franquismo... y de Vox en 2026

Isabel Vox

Marta Borraz

16 de marzo de 2026 00:30 h

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Casi no habían pasado ni dos meses desde el final de la Guerra Civil cuando las falangistas convirtieron la explanada del histórico Castillo de la Mota, en Medina del Campo (Valladolid), en un masivo homenaje a Franco. Miles de militantes de la Sección Femenina de Falange rendían tributo al dictador y a su Ejército con la solemnidad y el fervor de quienes se sentían protagonistas de una Nueva España naciente. En aquella jornada, plagada de discursos y arengas, Franco, vestido de militar y con camisa azul, impuso a la delegada nacional del partido, Pilar Primo de Rivera, la Y de oro de Ysabel la Católica –según el castellano de la época–, una distinción que ya no dejaría de ser habitual en su vestimenta.

Ni la condecoración ni el escenario elegido, una de las fortalezas clave de los Reyes Católicos, fue una casualidad ni excepción: Isabel I de Castilla fue durante aquellos años uno de los mitos más extendidos, una figura usada y reivindicada hasta la saciedad por el régimen y especialmente por las falangistas, a las que el dictador llegó a ceder el Castillo de la Mota para que establecieran su escuela de formación de mandos. Pero esta instrumentalización política del personaje no se quedó en el siglo pasado: es referencia habitual de la extrema derecha y a ella recurrió el líder de Vox, Santiago Abascal, el pasado 8M, Día Internacional de las Mujeres.

En un acto que el partido celebró precisamente en Medina del Campo, el ultraderechista reconoció a Isabel I como “la mujer más grande de la historia de España y del mundo” y un ejemplo a seguir. “Es la mujer que reivindicamos, de la que nos sentimos orgullosos, no lo que vemos hoy en las tertulias”, afirmó. Casi 90 años antes y desde el mismo lugar, Franco arengó a las falangistas allí reunidas para reclamarles “ese patriotismo que forjáis vosotras en los hogares” en base al “conjuro y al recuerdo de aquella reina ejemplar, Isabel la Católica”.

Francisco Franco, en el acto de entrega del Castillo de la Mota a la Sección Femenina en 1942.

Fue una de las innumerables veces en que líderes políticos, militares y religiosos de la España franquista alabaron y mencionaron a la mandataria, convertida en todo un referente junto a otras figuras históricas como Santiago de Compostela o Teresa de Jesús. Su recuerdo, rostro y símbolos inundaron la iconografía de la época: en sellos, monedas, esculturas, calles, grabados, banderas, escudos... El yugo y las flechas, logotipo de los Reyes Católicos, fue adoptado por Falange y sus letras capitulares, la Y y la F –de Ysabel y Fernando– ocupaban espacios importantes, lo que se unía a su veneración continua en todos los ámbitos, y especialmente en las aulas.

Fue una “atención obsesiva” del régimen, según la historiadora Elena Maza Zorrilla, que ha analizado lo que considera una “manipulación” y “distorsión interpretativa” de la figura en el artículo El mito de Isabel de Castilla como elemento de legitimidad política del franquismo. La experta desliza dos motivaciones principales: por un lado, un “afán ejemplarizante” como modelo de género para las españolas, sobre las que se proyectó “la sombra modélica” de la reina como figura “mitificada y omnipresente”. Y por otro lado, el régimen la utilizó para legitimarse políticamente obviando la sublevación violenta de 1936, al presentarla como “un nexo de unión y engarce histórico” entre la España “gloriosa” del siglo XV y el Nuevo Estado franquista.

Poder político sin perder feminidad

En manos de la Sección Femenina, convertida en una auténtica organización de masas que llegó a tener más de medio millón de afiliadas, Isabel la Católica fue “de gran utilidad”, apunta la historiadora de la Universidad de Sevilla, Begoña Barrera. “Es una figura que, manipulada y llevada a su simplificación, se prestó muy bien a ser vendida como ejemplo de virtuosidad femenina. Se incidía mucho en su doble condición, en su poder político excepcional y sus cualidades sin perder al mismo tiempo su feminidad ni su papel de buena esposa y madre”, explica la experta.

La reina Isabel encajaba en el modelo de mujer que promovió la Sección Femenina, sobre el que la historiografía lleva años debatiendo y apuntando a sus contradicciones. Las falangistas adoctrinaron a las españolas en el hogar, pero al mismo tiempo sus líderes fueron políticas, independientes y sin hijos ni marido en lo que algunas voces han calificado de un intento por reformular las nociones tradicionales de género de la época. La mujer falangista debía criar y ser buena esposa, pero también arremangarse con abnegación, arrojo, alegría y sacrificio en pos de un fin supremo: el de la Patria y el Imperio.

Varias falangista en el homenaje "a los caídos" celebrado en Salamanca en octubre de 1937.

En este marco, figuras como la de Isabel de Castilla servían al relato difundido en las dos principales publicaciones de la SF, Y y Medina, cuyos nombres, de nuevo, eran claras referencias a la reina. “Ofrecía un referente femenino válido y aceptable en un contexto en el que las mujeres estaban constreñidas social y legalmente en el espacio público. La Sección Femenina buscó mujeres destacadas, que entraban en el paradigma de la excepcionalidad, que le sirvieran como acomodo simbólico para su tarea dentro y fuera del hogar, mujeres con mando, autoridad y capacidad de acción”, señala Ángela Cenarro, catedrática de Historia de la Universidad de Zaragoza.

La historiadora Inbal Ofer, de las primeras voces en estudiar el uso de Isabel I por parte de las falangistas, recupera un folleto publicado por la organización en 1941 en el que cristaliza la concepción que tenían de ella: “Solo nos interesa Isabel, ya que solo ella representa la aspiración suprema de las mujeres falangistas [...] Solo Isabel de Castilla, que conquistó el último territorio español a los infieles, que ayudó con su intuición al visionario Colón, solo ella es la prueba eterna e inequívoca de lo que la voluntad femenina puede hacer cuando actúa en nombre del verdadero destino católico y patriótico”.

El pasado glorioso y nacional

Esta idea es inseparable de todo lo que supuso la reina Isabel para la ideología franquista en términos políticos y religiosos. “Fue construida como un referente de esa etapa de esplendor y máxima expansión del Imperio español que está siempre presente en el imaginario franquista y fascista. Es una mirada hacia atrás, a un pasado glorioso y nacional perdido que supuestamente hay que recuperar”, señala Cenarro.

Así, Isabel se convirtió en “sostén ideológico” de la dictadura desde varios puntos de vista, según explica Maza Zorrilla. Fue un símbolo de la unidad territorial y encarnó la fusión entre la identidad nacional y la fe católica, además de ser ensalzada por la conquista de América, un relato que el franquismo usó para lanzar la idea de Hispanidad como “una especie de imperio espiritual a recobrar por el orden derivado del 18 de julio”.

El régimen equiparaba la “Reconquista” de 1492 con la “Cruzada” franquista contra la “antiEspaña” y de esta forma justificaba el golpe de Estado de 1936, la Guerra Civil y la posterior instauración de la dictadura. Los paralelismos que explotaba la narrativa dominante apuntaban a un Franco que se autoproclamaba “salvador” frente a la supuesta “decadencia” republicana al igual que Isabel había heredado una Castilla “destrozada” y “abandonada” que había hecho resurgir en base al “progreso y la disciplina”, señala la historiadora en base a textos, discursos y publicaciones del momento.

El Vicesecretario de Falange, Pedro Gamero del Castillo, y la Delegada Nacional, Pilar Primo de Rivera, otorgan la Y de plata a "camaradas que se distinguieron" durante la Guerra Civil.

El uso de la figura, apunta la experta, no fue nuevo en la dictadura porque ya había sido “rescatada” desde los primeros años del siglo XIX, pero sí lo fue “el abuso y manipulación” a la que fue sometida. La censura y la interpretación dominante extirpó casi cualquier arista crítica del reinado isabelino, omitiendo deliberadamente episodios como la instauración de la Inquisición o la expulsión de judíos y persecución de musulmanes, facetas que tampoco en 2026 son nombradas por la ultraderecha española. De hecho, Abascal habló en Miranda de Ebro hace unos días de “la reconquista ante el islamismo” y de “la evangelización de todo el orbe” como los éxitos de su reinado.

“Les interesa por las mismas razones que le interesaba a la Sección Femenina, para sacarla a relucir frente a una especie de 'falso feminismo' que atribuyen a la izquierda”, señala sobre la “línea de continuidad” entre ambos relatos. La experta denuncia el “manoseo interesado” que “se hace de determinadas figuras históricas” y lamenta su “manipulación y simplificación”. “No porque se transmita ninguna mentira, sino porque se subrayan las características y las vertientes que más convienen al discurso. Estamos, además, hablando de alguien que vivió en el siglo XV y extrapolar e intentar hacer válidos conceptos de entonces como referentes de un feminismo actual es un anacronismo enorme”.

No niega Barrera que Isabel la Católica tuviera un “poder y una habilidad política excepcionales” en un contexto dominado por los hombres, pero cree que la celebración de las figuras históricas debe hacerse en base “al rigor y a la investigación” con el objetivo de “entender el pasado y no para convertirlas en una caricatura que instrumentalizar por intereses políticos”.

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