Una “lluvia negra” sobre Irán y agua contaminada: la guerra desata una crisis ecológica que puede durar años
El precio ambiental de la guerra de Irán amenaza ya a millones de personas, no solo en la zona, sino a nivel global. En mitad del conflicto en el golfo Pérsico, el colapso de importantes ecosistemas y la amenaza nuclear acercan a la humanidad a una crisis, que de no solucionarse, duraría cientos de años.
Este miércoles, varios expertos se han reunido en el Ateneo de Madrid para analizar esta realidad menos conocida e igual de preocupante de la guerra de Irán. Tras la publicación de su informe “Furia épica, legado tóxico”, el ecólogo CSIC Fernando Valladares ha conversado con Carlos Umaña, Premio Nobel de la Paz y presidente de la Alianza por el Desarme Nuclear, y Liubba El Haddi, ingeniera de telecomunicaciones, sobre el riesgo nuclear y el coste ambiental del conflicto.
Coste ambiental
La destrucción de más de 300 instalaciones militares y petroleras a comienzos de marzo liberó una “lluvia negra” tóxica sobre Teherán, afectando a sus más de diez millones de habitantes. Debido a la proximidad de los montes Alborz y los rascacielos de la ciudad, el smog (aire contaminado, visible y denso) quedó atrapado en la zona urbana. El hollín negro y el petróleo llevan invadiendo las calles de la ciudad y los pulmones de los teheraníes durante semanas.
Los gases liberados son altamente tóxicos para la población, elevando el riesgo de crisis cardiovasculares, irritación severa de vías respiratorias, daños neurológicos graves o mutación celular a largo plazo. “Es ácida por los óxidos de azufre y de nitrógeno que con el agua dan lugar a acidez”, ha explicado Valladares. “Y esa acidez es muy peligrosa para la salud humana y para la salud de los ecosistemas”.
Tal es la situación en Teherán, que la Sociedad de la Media Luna Roja de Irán ha emitido ya órdenes de confinamiento masivo para evitar la asfixia urbana.
Valladares ha explicado cómo “los compuestos ácidos, los compuestos particulados y los hidrocarburos y los orgánicos volátiles, se complementan con moléculas específicas de los misiles”. A todo esto se suma que Teherán se sitúa en una cuenca muy grande y seca.
El ecosistema del Golfo también está sufriendo las consecuencias del conflicto. Esa zona es hogar de, entre otras muchas especies, la segunda población más grande del mundo de dugongos (vaca marina), ahora críticamente amenazada por la toxicidad de su hábitat. Los criaderos del océano también están siendo dañados por combustibles, y la devastación de poblaciones de ostras perleras y tortugas verdes está afectando a las comunidades pesqueras locales.
En la región, 100 millones de personas dependen de alrededor de 450 plantas desalinizadoras para el abastecimiento de agua y energía. El derrame de petróleo y descargas de químicos industriales en las aguas están envenenando el proceso de toma de agua, como la Planta de la Isla de Qeshm, que ha dejado a 30 aldeas sin suministro.
“Las desalinizadoras pueden quitar la sal, pero no quitan la contaminación”, ha explicado Valladares. “Así que el resultante del agua desalinizada no se puede beber. Las desalinizadoras son objetivos bélicos y están siendo destruidas”.
Por otro lado, incidentes en la red eléctrica (como el apagón en Ras Laffan) afectan al funcionamiento de las bombas de enfriamiento y purificación, poniendo en riesgo el suministro de agua potable.
El cambio climático también está siendo directamente afectado por el conflicto en Irán, con consecuencias irreversibles. Valladares ha asegurado que “en los primeros 14 días (del conflicto) la cantidad que se ha emitido a la atmósfera es de unos 50 millones de toneladas de CO2”. Esto es el equivalente a lo que emiten los 80 países menos emisores del mundo.
Riesgo nuclear
Una nueva realidad en la guerra es la utilización de programas de inteligencia artificial (IA) por las grandes potencias mundiales, que ha cambiado la manera de planificar y ejecutar los ataques.
El Haddi, que también es miembro del movimiento activista Eumans!, ha profundizado en su uso en el conflicto, que “ha permitido que se cuadruplique el número de objetivos en el primer día de la guerra”. “En la guerra de Irak en 2003, se mapearon y se atacaron 1.700 objetivos en dos días. En esta guerra, 3.000 objetivos en un solo día”. Sistemas de IA como los de Palantir o el Proyecto Maven están acelerando “la capacidad destructiva de la guerra respecto al ratio día-hora”.
Umaña, señalando la ilegalidad del conflicto en primer lugar, ha coincidido en que en los ataques guiados por IA, “ha habido como una pérdida de la agencia humana y se han tomado decisiones de forma muy irresponsable”.
Por ejemplo, Estados Unidos ha despedido ya a oficiales que estaban a cargo de mitigar los daños a civiles, porque el gobierno de Trump ha pasado de tener “un departamento de defensa, a uno de guerra”. “Según los modelos y los experimentos que se han hecho, la IA siempre va a recomendar atacar”, ha concluido.
Según los expertos, existe una probabilidad muy alta de que el conflicto pueda desembocar en una guerra nuclear. Las armas nucleares afectan (como ya hemos visto anteriormente, en Hiroshima, por ejemplo) no solo al espacio físico, sino que continúan con el tiempo. Generaciones enteras sufren los efectos de la radiación, planteando una compleja recuperación total del territorio y población.
Ahora, según Umaña, las bombas son “miles de veces más potentes” que las de Hiroshima y Nagasaki, por lo que una escalada nuclear podría desembocar en “millones de muertes y una gran destrucción global”. “Actualmente, la premisa bajo la cual el paraguas nuclear existe, es la idea de la disuasión nuclear”, ha explicado Umaña. “Los países que tienen armas nucleares, el solo tenerlas hace que los otros países no quieran atacarlos porque se enfrentan a consecuencias máximas”.
Por otro lado, Valladares afirma que la opinión pública no es consciente del riesgo nuclear de su entorno. “Hay varios indicadores que muestran que tanto la crisis climática como la crisis nuclear, que son las dos amenazas principales para la civilización, la ciudadanía las contempla como problemas en diferido, como temas lejanos, como escenarios teóricos”, asegura. Hoy es más importante que nunca comunicar y transmitir la información de manera veraz y precisa.
Finalmente, los tres expertos han coincidido en la necesidad e importancia de movilizar a la población para conseguir cambios efectivos en las políticas globales y el fin del conflicto. “La ciudadanía tiene un poder que muchas veces, sobre todo en los países occidentales, está anestesiado por un presunto bienestar”, ha asegurado Valladares.
“Son tiempos muy sombríos, de muchísimo riesgo, pero también hay razones para tener esperanza”, ha concluido Umaña. “Y de hecho, nosotros nos movemos desde la esperanza”.
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