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El movimiento feminista convoca concentraciones de hasta 500 personas en cuatro plazas de Madrid este 8M

Voceras del movimiento feminista Comisión 8M de Madrid

Marta Borraz


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No habrá una manifestación masiva como la de años anteriores, pero el feminismo quiere salir a la calle este próximo 8 de marzo. La Comisión 8M, en la que participan asambleas y mujeres a titulo individual, ha anunciado este viernes que su intención es convocar a cuatro concentraciones en cuatro plazas diferentes de la capital: la puerta del Sol, Atocha, Cibeles y Embajadores. Las portavoces de la comisión han explicado que actualmente están en “continua comunicación” con la Delegación del Gobierno de Madrid, que es quien debe autorizar las protestas, pero la previsión que manejan es que no sean de más de 500 personas, tal y como avanzó el delegado José Manuel Franco hace unos días.

Las organizadoras no han detallado cómo controlarán el aforo, pero sí que usarán para ello “un cordón de seguridad” y están a la espera de las “directrices” de la Delegación para asegurar la asistencia. En lo que sí han insistido es en que habrá “responsabilidad colectiva y se asumirán todas las medidas de seguridad” frente a la COVID-19, que mantiene al país todavía en una situación de “riesgo alto”. “Tendremos un protocolo de seguridad para que todas las mujeres que vayan a asistir sepan qué directrices tienen que seguir”, han apuntado.

Cada una de las cuatro plazas elegidas representará una reivindicación concreta en línea con los “bloques” en los que han ido trabajando las asambleas virtuales celebradas en las últimas semanas: la puerta del Sol estará dirigida a los cuidados, los servicios públicos y la precariedad; en Cibeles habrá reivindicaciones sobre violencia machista; en Embajadores sobre antirracismo y diversidad y, por último, Atocha estará dedicada a la emergencia climática.

Junto a esta convocatoria central en la capital, también se están organizando concentraciones en plazas de otros pueblos y barrios de la comunidad, además de acciones en los días previos al mismo día 8 porque “queremos poner el acento en la descentralización” para que “todas podamos salir a la calle con seguridad”. Las organizadoras han llamado a “evitar la masificación” en un 8M que supone “un reto” y que “va a ser diferente” , pero en el que “nadie nos puede callar en nuestro derecho democrático a expresarnos y manifestarnos”. “Las feministas vamos a dejar oír nuestra voz y demandas”, han añadido.

Sin embargo, no son las únicas protestas que va a haber porque la movilización no va a ser unitaria. La confrontación entre diferentes sectores del feminismo, entre otras cosas por la Ley Trans o la prostitución, han llevado a que haya dos convocatorias paralelas: el Movimiento Feminista de Madrid, formado fundamentalmente por organizaciones críticas con la norma, ha anunciado que se concentrará el próximo día 8 en la madrileña plaza de Callao, que estará cercada y donde solo podrán estar 250 mujeres previamente acreditadas y respetando las medidas de seguridad vigentes.

En los últimos días, el Día Internacional de la Mujer ha vuelto a situarse en la diana del debate después de que la ministra de Sanidad, Carolina Darias, desaconsejara las manifestaciones con un rotundo “no ha lugar”. A sus declaraciones le siguió una cascada de posicionamientos de partidos y dirigentes en un escrutinio público que no se ha visto con otras convocatorias que también se han celebrado estos meses previos. Por su parte, la derecha ha vuelto a agitar el fantasma del 8M como culpable de la expansión de la pandemia del pasado mes de marzo y califica de “temeridad” autorizar este 2021 las protestas, en palabras de la portavoz del PP en el Congreso, Cuca Gamarra.

Para la Comisión del 8M, sin embargo, ocupar el espacio público es, si cabe, más necesario este año. El lema elegido es “ante la emergencia social, el feminismo es esencial” y entre su larga lista de reivindicaciones incluyen la violencia machista, la brecha salarial y de las pensiones, la precariedad laboral, que recae en mayor medida en las mujeres, la equiparación de derechos a las empleadas domésticas o evidenciar que durante la crisis sanitaria los cuidados “han recaído principalmente en nosotras, tanto en trabajos formales, en la salud o limpieza, como en las tareas del hogar” o que “se ha dejado atrás a muchas mujeres en situación irregular”. La crisis, han zanjado, “vuelve a caer sobre los hombros de las mujeres”.

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