¿De verdad uno de cada 200 hombres desciende de Gengis Kan? Un estudio sobre la Horda de Oro cuestiona la cifra

La caballería de Gengis Kan entró a sangre y fuego y dejó asentamientos reducido a cenizas

Héctor Farrés

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El humo cubría las chozas cuando los jinetes ya habían atravesado la empalizada y nadie pudo cerrar la puerta a tiempo. Gengis Kan avanzó entre las llamas sin desmontar, mientras sus hombres reducían a los pocos que intentaron oponer resistencia y derribaban a golpes cualquier obstáculo.

Las casas ardieron una tras otra, los graneros se abrieron a hachazos y el ganado cayó bajo las lanzas, de modo que el poblado quedó convertido en un campo de ceniza en cuestión de horas. Los gritos no se apagaron hasta que el último rincón quedó bajo control y el silencio empezó a pesar más que el estruendo.

Los estudios mostraron que los sepultados tenían un antepasado masculino poco común en la actualidad

Ese patrón de arrasar aldeas y castigar sin límite formó parte de la expansión que dio origen a la Horda de Oro, el kanato que heredaron los descendientes de Gengis Kan en el noroeste del Imperio mongol. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences ha analizado el ADN antiguo de cuatro individuos enterrados en mausoleos de élite en la región de Ulitau, en el actual Kazajistán, y ha aportado la primera evidencia genética sobre la ascendencia de esa clase dirigente. La investigación sitúa a esos gobernantes dentro de un linaje con raíces claras en la meseta mongola y delimita con más precisión qué rama del cromosoma Y circulaba entre ellos.

Especialistas de varios países trabajaron con muestras biológicas de enterramientos nobles y lograron trazar la herencia masculina

Los investigadores extrajeron material genético de tres hombres y una mujer enterrados en esas estructuras funerarias asociadas a la élite. El análisis reveló que los tres varones compartían línea paterna y portaban una variante del haplogrupo conocido como C3, vinculado desde hace dos décadas a poblaciones medievales de la meseta mongola.

Ese marcador aparece hoy en amplias zonas de Eurasia central y ha alimentado la idea de que uno de cada 200 hombres podría descender de la expansión mongola, aunque la nueva evidencia introduce matices sobre qué subrama concreta estuvo ligada a la familia gobernante.

El estudio afinó qué subrama circuló entre los gobernantes y matizó teorías extendidas

Ayken Askapuli, autor principal del trabajo y doctorando en la Universidad de Wisconsin-Madison, explicó en el propio artículo que el equipo abordó el proyecto con un enfoque similar al de una investigación forense y afirmó que “esta es la primera evidencia de ADN antiguo que respalda la ascendencia genómica de las élites gobernantes en la Horda de Oro”.

John Hawks, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison y coautor del artículo, señaló también en la publicación que “con los resultados de ADN antiguo podemos distinguir ramas cercanas del genoma que no son idénticas”.

Esa distinción resulta relevante porque la subrama identificada en los varones de Ulitau pertenece al clúster C3, pero no coincide con la variante más frecuente en poblaciones actuales. Así, el linaje detectado entre esas tumbas de alto rango parece menos común hoy que el conjunto mayoritario del mismo grupo.

El genoma completo reveló raíces del noreste asiático y lazos con pueblos de la estepa

El trabajo no se limitó al cromosoma Y. El examen del genoma completo mostró que la mayor parte de la ascendencia de esos individuos procede de poblaciones del noreste asiático antiguo, mientras que una fracción menor se vincula a grupos del norte de Eurasia o a comunidades de la estepa relacionadas con los escitas de Berel y con los kipchaks, presentes en la región antes y durante el dominio mongol. Ese perfil encaja con las alianzas y procesos de integración descritos en fuentes históricas sobre la consolidación del poder en las tierras conquistadas.

Un equipo internacional analizó restos de Ulitau y situó a esa élite dentro de una misma línea paterna

Los mausoleos analizados incluyen una tumba que la tradición local atribuye a Joshi, hijo mayor de Gengis Kan y fundador de la Horda de Oro, aunque el estudio no confirmó de forma evidente la identidad de los restos.

Los objetos funerarios y las características arquitectónicas reflejan la convivencia de prácticas propias de la élite mongola con elementos locales, un indicio de que esa clase dirigente mantuvo vínculos con su origen oriental mientras administraba territorios occidentales.

La red de parentesco genómico apuntó a contactos continuos entre occidente y oriente

Para ampliar el alcance, el equipo construyó una red de identidad por descendencia a partir de los datos genómicos. Ese método permitió detectar conexiones biológicas entre los individuos de Ulitau y poblaciones medievales de la meseta mongola, lo que apunta a contactos continuos entre los gobernantes asentados en el oeste y sus parientes o aliados en el este.

Aunque la tumba de Gengis Kan no se ha localizado y no es posible comparar su ADN de forma directa, el análisis acota las ramas plausibles dentro de su familia y ofrece un marco más preciso para futuras investigaciones sobre el linaje que dirigió una de las expansiones más extensas de la Edad Media.

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