¿Qué están haciendo las tribus indígenas para devolver el bisonte a su territorio histórico?

El Intertribal Buffalo Council amplió rebaños en varias reservas

Héctor Farrés

17 de mayo de 2026 13:07 h

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Quienes recorrieron las grandes llanuras de Norteamérica durante siglos aprendieron a medir el territorio por el paso de unas manadas que podían tardar días en desaparecer del horizonte. El búfalo, conocido también como bisonte, acabó convertido en uno de los animales más ligados a la historia de Estados Unidos porque alimentó comunidades, transformó pastizales y condicionó la vida de pueblos enteros mucho antes de la expansión europea hacia el oeste.

Esa relación nunca se limitó a la caza o al alimento. Muchas tribus indígenas mantuvieron con el animal una relación espiritual, económica y cultural que todavía hoy marca parte de su identidad. Durante décadas, esas comunidades fueron tratadas como actores secundarios en los programas oficiales de conservación, aunque buena parte del trabajo para recuperar las manadas salió precisamente de sus reservas y organizaciones.

El regreso del bisonte también ha abierto una discusión sobre quién debe gestionar las praderas y cómo recuperar una parte del territorio que desapareció junto con las grandes manadas.

Estados Unidos redujo las manadas hasta dejar cientos de ejemplares

El Smithsonian dedica varias exposiciones a la historia del bisonte y a su relación con las comunidades indígenas, según Smithsonian Magazine. Bison Standing Strong, abierta hasta 2029 en el National Museum of Natural History, repasa la evolución del animal, su caída durante el siglo XIX y los proyectos actuales de recuperación.

Otra muestra, Imagining Bison, reúne fotografías, documentos y piezas elaboradas con pelo y huesos del animal para explicar su papel en numerosas culturas nativas. El museo también trabaja con científicos y organizaciones tribales para estudiar cómo devolver parte de las manadas a antiguos territorios de pasto.

Antes de la colonización europea vivían entre 30 y 60 millones de bisontes en Norteamérica. La expansión ferroviaria, la llegada de cazadores armados con rifles de largo alcance y una campaña promovida por el gobierno estadounidense para cortar el acceso de las tribus a su alimento hundieron la población hasta cifras mínimas.

Las praderas perdieron diversidad tras la caída del bisonte

A finales del siglo XIX apenas quedaban unos 500 animales, muchos de ellos en cautividad. Una fotografía tomada en Michigan Carbon Works mostró hasta qué punto llegó aquella matanza. En la imagen aparece un hombre subido sobre una montaña de cráneos que esperaban ser procesados para la industria.

La desaparición del bisonte también alteró los pastizales. Andy Boyce, ecólogo del Great Plains Science Program del Smithsonian, explicó que las praderas dependen del pastoreo para mantener su diversidad vegetal. El movimiento de los animales, junto con el estiércol y las semillas que dispersan, ayuda a conservar nutrientes como el nitrógeno y favorece el crecimiento de nuevas plantas.

Los bisontes también excavan pequeñas depresiones en el suelo que sirven de refugio a insectos y otras especies. El problema es que casi todo aquel territorio ha terminado ocupado por cultivos y explotaciones ganaderas. En las grandes llanuras apenas queda un 4% de los antiguos pastizales.

El Intertribal Buffalo Council amplió rebaños en varias reservas

Buena parte de la recuperación reciente ha llegado desde las reservas indígenas. El Intertribal Buffalo Council agrupa a 86 tribus de 22 estados y participa en la gestión de más de 20.000 búfalos repartidos por unos 32 millones de acres, equivalentes a casi 130.000 kilómetros cuadrados. Ervin Carlson, presidente del consejo y miembro de la Blackfeet Nation en Montana, dirige una manada de unos 800 animales. Muchas tribus reciben ejemplares procedentes de parques nacionales para ampliar la diversidad genética de sus rebaños.

El Smithsonian abrió muestras sobre la historia del animal

La reserva Wind River, administrada por los shoshone y los arapaho, pasó de diez bisontes en 2016 a 28 en la actualidad. La reserva Rosebud, gestionada por los Sicangu Lakota con apoyo del Departamento de Interior y WWF, mantiene unos 1.500 ejemplares y abrió un sendero de más de seis kilómetros para explicar la relación histórica entre el animal y las comunidades nativas.

Rosalyn LaPier, historiadora de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign y miembro de la Blackfeet Tribe y de la comunidad métis, recordó en un vídeo del Smithsonian que sus abuelos enseñaban que el bisonte llegó “del mundo sobrenatural bajo el agua” y fue entregado a los humanos como alimento y materia para fabricar herramientas.

Jason Baldes, responsable de programas tribales de búfalos en la National Wildlife Federation, afirmó que “la restauración del búfalo en nuestras comunidades abre un nuevo capítulo para la revitalización cultural y la recuperación ecológica”.

Theodore Roosevelt impulsó campañas para salvar la especie en 1905

La recuperación moderna arrancó mucho antes de estos programas tribales. En 1905, William Temple Hornaday se unió al presidente Theodore Roosevelt y a varios conservacionistas para fundar la American Bison Society, la primera campaña nacional creada en Estados Unidos para salvar una especie salvaje. Parques como Yellowstone empezaron a proteger las últimas manadas y varios zoológicos impulsaron programas de cría.

Hoy viven alrededor de 500.000 bisontes en reservas, parques y explotaciones privadas, aunque solo unos 30.000 permanecen en terrenos públicos. La especie sigue considerada casi amenazada y ecológicamente extinta porque todavía no recupera el papel que tuvo durante siglos en las praderas.

Los científicos del Smithsonian también estudian el ADN de ejemplares recogidos en el siglo XIX por Hornaday para comprobar cómo cambió la diversidad genética tras la gran matanza. Sarah Johnson, investigadora del museo, localizó más de 200 restos útiles para extraer material genético y más de 150 pertenecen a animales anteriores al colapso de la especie. Olivia Cosby, ecóloga del Intertribal Grassland Network, explicó que varias comunidades indígenas quieren “que los búfalos vuelvan a casa”.

Ese trabajo tropieza con un problema difícil de resolver porque los bisontes necesitan moverse por grandes superficies y muchas leyes obligan a mantener cercas. Aun así, las tribus y los científicos siguen ampliando las manadas en territorios donde durante décadas solo quedaron huesos apilados y praderas vacías.

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