Se adelantó dos siglos: un jesuita del XVIII ya dibujó un universo que hoy encaja con la física cuántica

Ruđer Bošković rompió la idea clásica de objetos sólidos

Héctor Farrés

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Una mesa, una piedra o un trozo de metal parecían cosas compactas que ocupaban espacio y tenían forma propia. Esa forma de entender el mundo dominaba antes de que apareciera la propuesta de Ruđer Bošković, que rompió con la idea de objetos sólidos y planteó otra manera de pensar la materia.

En ese planteamiento, aquello que se veía como algo continuo se transformaba en algo compuesto por unidades sin volumen que solo se definían por cómo interactuaban. La materia, por lo tanto, dejaba de ser un bloque para pasar a ser un sistema de relaciones invisibles que mantenían todo en su sitio.

Esa transformación cambiaba la forma de explicar por qué los cuerpos no se atraviesan, por qué se mantienen unidos o por qué responden a la gravedad.

Ruđer Bošković formuló una teoría de fuerzas en 1763

Un trabajo recogido por ZME Science explica que Ruđer Bošković formuló en el siglo XVIII una teoría en la que la materia no era continua, sino un conjunto de puntos que interactúan mediante fuerzas, una propuesta que anticipa aspectos de la física moderna.

Esa idea aparece en su obra Theoria Philosophiae Naturalis de 1763 y plantea que todo el universo responde a una única ley de fuerzas. El planteamiento rompe con la imagen tradicional de objetos sólidos y permite describir la estabilidad de la materia a partir de la interacción entre esos puntos. Esa formulación abre una vía que conecta con desarrollos posteriores en física.

La obra Theoria Philosophiae Naturalis recogía un modelo donde todo el universo respondía a una única ley

Bošković definió que esos puntos materiales no tienen extensión y solo existen como centros de interacción. La relación entre ellos depende de la distancia, ya que a distancias muy cortas las fuerzas se vuelven repulsivas y evitan que la materia colapse. A distancias mayores, esas fuerzas pasan a ser atractivas y permiten que los cuerpos se mantengan unidos.

Cuando la separación aumenta todavía más, la interacción sigue el comportamiento de la gravedad. Este cambio según la distancia genera posiciones de equilibrio que explican la estabilidad de estructuras como los átomos, mucho antes de que pudieran observarse.

Isaac Newton defendía partículas con masa y Bošković cambió ese punto de vista

El entorno científico en el que trabajó estaba dominado por la física de Isaac Newton, que describía la materia como partículas con masa que se mueven según leyes claras. Esa visión permitía calcular trayectorias y fuerzas con precisión, pero asumía que los objetos eran entidades sólidas. Bošković se apartó de ese planteamiento al proponer que lo que se percibe como sólido es en realidad el resultado de interacciones. Esa diferencia cambia el modo de entender el comportamiento de los sistemas físicos.

El modelo dominante describía cuerpos como entidades compactas con trayectorias calculables, mientras que el croata propuso que esa apariencia surgía de interacciones entre unidades invisibles

Esa propuesta, como se destaca en ZME Science, también anticipa ideas que aparecerían mucho después en la física cuántica y en la teoría de campos. Al describir la materia como puntos discretos, se adelanta a la noción de partículas elementales. Además, al centrar la explicación en las fuerzas que actúan a distancia, introduce una forma de pensar que influye en el desarrollo del concepto de campo. Michael Faraday reconoció que sus ideas sobre el campo eléctrico se inspiraron en ese enfoque. Más adelante, James Clerk Maxwell desarrolló matemáticamente ese concepto.

El físico Werner Heisenberg valoró esa aportación como un paso importante hacia la teoría de campos cuánticos. El filósofo Zlatko Juras señaló que Bošković describió una fuerza repulsiva a gran escala que recuerda a la expansión del universo. Por su parte, el filósofo Roko Pešić explicó que su tratamiento del espacio y el tiempo como entidades discretas conecta con interpretaciones modernas de procesos cuánticos.

Bošković desarrolló una carrera científica y técnica muy amplia

Ruđer Bošković nació el 18 de mayo de 1711 en Dubrovnik y formó parte de la Compañía de Jesús. Se formó en el Collegium Romanum de Roma, donde llegó a ser profesor de matemáticas en 1740 y fue ordenado sacerdote en 1744. Su trabajo no se limitó a la teoría, ya que participó en investigaciones de ingeniería como la reparación de grietas en la cúpula de la basílica de San Pedro. También trabajó en geodesia y midió un arco de meridiano entre Roma y Rímini en 1750 para estudiar la forma de la Tierra.

Su pensamiento integraba ciencia y reflexión filosófica. El profesor Zvonimir Čuljak, de la Universidad de Zagreb, explicó que su física se apoyaba en una visión del mundo como un sistema ordenado por condiciones precisas. Bošković defendía que las leyes naturales reflejan un orden racional y que la razón humana puede acercarse a él, aunque tiene límites. Esa idea introduce una forma de entender el conocimiento en la que la precisión absoluta no siempre es posible, especialmente en niveles muy pequeños de la materia.

El reconocimiento de Ruđer Bošković cayó y se recuperó en el siglo XX

Además de su trabajo teórico, publicó cerca de 70 estudios sobre óptica, astronomía, gravitación o meteorología. Fue profesor en la Universidad de Pavía desde 1764 y dirigió el Observatorio de Brera en Milán. En 1769 se le propuso participar en una expedición a California para observar un tránsito de Venus, aunque no llegó a realizarse. Tras la supresión de los jesuitas en 1773, se trasladó a París para trabajar como director de óptica de la marina francesa antes de regresar a Italia en 1783.

La influencia de Bošković llegó a la física moderna

Su influencia se notó pronto en algunos pensadores europeos, pero con el tiempo perdió presencia tras la disolución de la orden jesuita. Durante décadas quedó en segundo plano, hasta que en el siglo XX se recuperó su figura. Heisenberg destacó la importancia de su concepto de fuerzas puntuales para el desarrollo de la física moderna. Ese reconocimiento situó su trabajo en un lugar distinto dentro de la historia de la ciencia.

La reinterpretación de sus ideas mostró que aquel cambio en la forma de describir la materia no fue un mero episodio del pasado, sino un paso que ayudó a replantear cómo se entienden las interacciones en la naturaleza.

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