La historia real de 'El señor de las moscas': el milagro en el que la realidad superó a la ficción en pleno Océano Pacífico
‘El señor de las moscas’, la novela del escritor británico William Golding publicada en 1954, vuelve a estar de actualidad por el estreno del trailer de la nueva adaptación que se prepara en formato miniserie por parte del creador de ‘Adolescencia’, que fue un fenómeno mundial el pasado año.
Esta nueva serie se verá a través de Netflix en gran parte de los países, pero que en España será emitida por la plataforma Movistar plus, ha debutado con críticas positivas. Ya solo el tráiler de la adaptación de Jack Thorne ha reactivado el interés por la historia de ficción del ganador del Premio Nobel de Literatura en 1983, en la que un grupo de niños se ven obligados a sobrevivir en una isla tropical después de sufrir un accidente de avión.
Lo que no tantos conocen es que este relato de ficción fue superado por la realidad, en concreto por una historia que guarda similitudes con lo que se narra en el libro, aunque con diferencias importantes y un tinte más positivo. Hablamos del llamado ‘Milagro de Tonga’.
‘El señor de las moscas’ en la vida real: el milagro de Tonga
En 1965, un grupo de chicos de entre 13 y 16 años vivieron casi un año y medio en una isla deshabitada del Pacífico, llamada ‘Ata’, después de un naufragio, pero a diferencia de lo que sucede en ‘El señor de las moscas’, crearon una comunidad de ayuda mutua. Después de su rescate, a este hecho se le conoció en los medios locales como ‘El Milagro de Tonga’, aunque no fue muy trascendente a nivel internacional.
Nos situamos en junio de 1965, cuando un grupo de estudiantes de un internado católico muy estricto en Nuku’alofa, capital de Tonga, deciden salir a pescar, hartos de la comida que les daban en el colegio. Mano Totau, Tevita Siola’a, Sione Fataua, Luke Veikoso, Fatai Latu y Kolo Fekitoa querían aventuras, viajar a sitios como Fiji o Nueva Zelanda, y tomaron prestado el barco del pescador Taniela Uhila, al que odiaban.
La mar estaba en calma, nada hacía presagiar lo que sucedería después. Los niños se durmieron y al despertar se vieron en medio de una tormenta, que rompió primero la vela y luego el timón, y los dejaría sin navegación, hasta que se perdieron y acabaron en una isla deshabitada tras ocho días a la deriva. No tenían ni comida ni agua, pescaban algunos peces con las manos, intentaban coger agua de lluvia con cocos vacíos, y todo ello lo compartían. De aquí, acabaron en ‘Ata, una isla que llevaba bastante deshabitada y se consideraba inhabitable. Los niños establecieron en el lugar una pequeña comuna, donde formaron un huerto, almacenaban agua de lluvia con árboles, incluso construyeron un gimnasio, una pista de bádminton y un corral con gallinas.
Todo aquello lo hicieron con sus propias manos, improvisando con los materiales que allí encontraban, que no eran muchos, y donde fue fundamental la división en grupos, las tareas colectivas. A diferencia de en ‘El señor de las moscas’, las peleas no fueron grandes, los chicos se dividieron los trabajos y las guardias, siendo importantes las oraciones y la música, pues uno de ellos hizo una guitarra con un trozo de madera, medio coco y seis cables de la barca. Incluso uno de ellos se rompió una pierna al resbalar de un acantilado y los demás le ayudaron a inmovilizarla, llegándose a curar.
El increíble rescate y reconocimiento de la historia
15 meses después de su naufragio, los chicos del internado de Tonga fueron rescatados por el capitán Peter Warner, quien tenía también una interesante historia detrás como hijo de uno de los hombres más ricos y poderosos de Australia. A los niños los habían dado por muertos, incluso habían celebrado sus funerales, por eso toda la isla, los 900 habitantes de su ciudad, salieron a darles la bienvenida.
Sin embargo, la policía los arrestó por el robo del pesquero con el que naufragaron. Salieron porque a Warner se le ocurrió vender los derechos de la historia al Canal 7 de Australia, que recreó lo que había sucedido, y con el dinero de esto, los chicos pudieron pagar su libertad.
Esta increíble historia, a pesar de lo impactante, no tuvo mucho eco internacional y fue descubierta por gran parte del público mundial a través del autor holandés Rutger Bregman, que la contó como parte del libro “Dignos de ser humanos: una nueva perspectiva histórica de la humanidad” publicado 2021, en España por la editorial Anagrama. El neerlandés llegó a entrevistarse con el capitán y con uno de los niños, Mano Totau, entonces con 67 años.
1