La mítica ciudad pérdida de Zerzura podría no estar en Egipto, sino en Chad, según un explorador español

Según la leyenda, los pájaros marcaban el camino de Zerzura

Àlex Gonzàlez

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Una expedición avalada por la Sociedad Geográfica Española ha reabierto el enimga del origen del mítico oasis blanco de Zerzura. Durante siglos, este enclave legendario ha sido buscado sin éxito en los desiertos de Egipto, pero esta nueva investigación sitúa su posible inspiración mucho más al sur, en una región remota del norte de Chad.

El explorador Miguel Gutiérrez-Garitano, conocido por sus trabajos arqueológicos en distintas partes del mundo, ha liderado una expedición de un mes por el desierto líbico chadiano. A partir de sus observaciones, ha formulado una teoría que conecta la leyenda de Zerzura con los lagos de Ounianga, un conjunto de oasis aislados que podrían haber dado origen al mito.

Imagen de los miembros de la expedición en un cerro de Ounianga, al norte de Chad

Un mito que se remonta muchos siglos atrás

Zerzura, cuyo nombre puede traducirse como el “Oasis de los pájaros”, aparece en textos árabes medievales como una ciudad blanca, rica y misteriosa. Una de las referencias más conocidas procede del Kitab Al Kanuz, o “Libro de las Perlas Ocultas”, una obra del siglo XV que describía lugares del desierto donde supuestamente se ocultaban tesoros. En ella, Zerzura se presenta como una ciudad “blanca como una paloma”, con abundancia de riquezas y gobernada por un rey y una reina dormidos.

Este relato fascinó a numerosos exploradores a lo largo de la historia, entre ellos László Almásy, cuya figura inspiró la película El paciente inglés (1996). Almásy dedicó gran parte de su vida a buscar este oasis en Egipto, situándolo en la meseta de Gilf Kebir, aunque sin encontrar pruebas concluyentes. Sin embargo, Gutiérrez-Garitano le da un enfoque distinto. “El problema de los exploradores clásicos es que buscaban un lugar concreto y no el eco de un mito”, explica. Según su teoría, las leyendas no describen ubicaciones exactas, sino recuerdos distorsionados de lugares reales transmitidos a través de generaciones de comerciantes y viajeros.

Ounianga: el posible origen de Zerzura

En este contexto, los lagos de Ounianga presentan características sorprendentemente similares a las descritas en los relatos medievales. Situados en una región aislada del norte de Chad, estos oasis albergan una notable vegetación y abundante presencia de aves, un elemento clave en la leyenda. “Las fuentes árabes hablan de un gran oasis lleno de pájaros”, señala el explorador, explicando que las aves utilizaban estos lagos para desparasitarse, convirtiéndolos en un punto visible en medio del desierto.

Además, la zona presenta otro rasgo distintivo: su color blanco. En la localidad de Ounianga Kébir, las construcciones tradicionales se realizan con caliza blanca, y los cerros cercanos, del mismo material, albergan antiguas estructuras defensivas. Este paisaje podría haber inspirado la imagen de una ciudad resplandeciente en medio del desierto.

La riqueza también encaja con el relato mítico. Ounianga fue durante siglos un punto estratégico en las rutas caravaneras, donde se comerciaba con sal y otros recursos. Los tubu, habitantes de la región, controlaban el paso y acumulaban bienes, lo que podría haber propiciado la idea de un oasis lleno de tesoros. Otro elemento llamativo son las tumbas megalíticas conocidas como bazinas. Para los viajeros medievales, estas estructuras pudieron parecer sepulcros monumentales llenos de riquezas. Cerca de ellas, dos grandes colinas naturales evocan la imagen de figuras petrificadas, similares al rey y la reina mencionados en la leyenda.

Con todos estos indicios, Gutiérrez-Garitano sostiene que Zerzura no es un lugar perdido que espera ser encontrado en un punto exacto del mapa, sino una construcción mítica basada en un entorno real que pasó de generación en generación.

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