¿Se parecían todos los antiguos cocodrilos a los actuales? Un hallazgo aseguro que uno caminaba erguido y tenía brazos diminutos
El cuerpo pegado al suelo obliga a avanzar despacio, con las patas abiertas y el peso repartido en cada paso. Ese movimiento bajo y arrastrado define a los cocodrilos actuales, que recorren la orilla con la panza casi tocando la tierra y dejan una silueta inconfundible en cuanto empiezan a desplazarse.
La forma en que se mueven no es un detalle menor, porque condiciona cómo cazan, cómo se acercan a una presa y cómo pasan desapercibidos en entornos húmedos.
Labrujasuchus expectatus se desplazaba erguido con un pico en lugar de dientes
Ese modelo tan marcado contrasta con lo que ha salido a la luz en un estudio publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology, donde un equipo de paleontólogos describe a Labrujasuchus expectatus, un pariente lejano de los cocodrilos que caminaba erguido sobre dos patas hace unos 212 millones de años en lo que hoy es Nuevo México. El hallazgo, recogido por Mongabay, sitúa a este animal dentro de un grupo que siguió un camino muy distinto al de los reptiles actuales.
El aspecto de este reptil rompe con la imagen habitual ya que no tenía dientes, sino un pico, sus brazos eran pequeños y su cuerpo se aguantaba sobre las patas traseras, lo que lo acercaba más a la silueta de ciertos dinosaurios que a la de un cocodrilo moderno. Esa forma de moverse lo colocaba en una posición elevada, con una visión más amplia de lo que ocurría a su alrededor.
Esa postura no apareció por casualidad. Nathan Smith, paleontólogo y director del Dinosaur Institute del Museo de Historia Natural de Los Ángeles, apunta que desplazarse sobre dos patas podía ofrecer ventajas claras, como moverse más rápido o detectar antes a presas y depredadores. También dejaba las extremidades delanteras libres para otras funciones, lo que abría nuevas posibilidades en su comportamiento.
Los investigadores hallaron los fósiles en Hayden Quarry durante el Triásico tardío
Los restos de este animal aparecieron en el yacimiento de Hayden Quarry, dentro de Ghost Ranch, una zona conocida por la conservación de fósiles. Allí, los investigadores encontraron huesos de patas, brazos y partes de la columna en sedimentos del Triásico tardío, una época en la que muchas especies exploraban formas distintas de ocupar su entorno.
El nombre elegido tiene su propia historia. Labrujasuchus hace referencia a Ranchos de los Brujos, un antiguo nombre español del lugar donde se encontraron los restos, unido a una palabra griega que significa cocodrilo. El término expectatus juega con la idea de que este tipo de fósiles ya se esperaban en la zona, en contraste con otro hallazgo anterior que sorprendió a los investigadores.
Ese juego de nombres enlaza con una etapa en la que cada nuevo fósil cambia lo que se sabe sobre estos animales. El propio Smith recuerda que encontrar especies intermedias ayuda a completar un puzzle que llevaba tiempo abierto, porque ya se conocían ejemplares más antiguos y más recientes en la misma región.
Alan Turner, paleontólogo en Stony Brook University, sitúa a este reptil en una rama lateral del árbol evolutivo. No era antepasado directo de los cocodrilos actuales, sino un pariente lejano que se separó hace cientos de millones de años. Según Turner, el Triásico fue un periodo en el que muchas formas de vida probaron soluciones distintas, y este tipo de locomoción fue una de ellas.
El descubrimiento también encaja con otras piezas que han ido apareciendo en el mismo entorno. En Ghost Ranch se han identificado otros reptiles relacionados, algunos de gran tamaño y con mandíbulas potentes, lo que ayuda a reconstruir cómo se repartían los papeles dentro de ese ecosistema.
El paisaje antiguo condicionó la alimentación y la supervivencia del reptil
La zona donde vivió este animal poco tiene que ver con el paisaje actual. Hace más de 200 millones de años era una llanura amplia, con cambios estacionales en las lluvias y variaciones en la vegetación. Smith explica que el registro fósil muestra incluso señales de incendios frecuentes, lo que indica un entorno cambiante al que los animales tenían que adaptarse.
En ese escenario, la dieta de Labrujasuchus expectatus sigue abierta. Algunos estudios sobre especies cercanas apuntan a que podían alimentarse tanto de plantas como de otros animales. Smith recuerda que tener pico no excluye una dieta carnívora, y considera probable que este reptil al menos aprovechara ambos recursos.
Tampoco estaba a salvo de otros depredadores. En su entorno vivían fitosaurios de hocico alargado y otros reptiles de gran tamaño como el Vivaron, que podían cazar animales de este tipo. Esa presión externa ayudaba a definir cómo se movían, dónde se alimentaban y qué oportunidades tenían de sobrevivir en un entorno que cambiaba con frecuencia.
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