El telescopio espacial Euclid descubre los dos cuásares más antiguos jamás observados

Las imágenes recogidas por Euclid están siendo de mucha utilidad para los científicos

Àlex Gonzàlez

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El telescopio espacial Euclid, de la Agencia Espacial Europea (ESA), ha logrado identificar los dos cuásares más antiguos jamás observados, además de descubrir un total de 31 cuásares del universo primitivo, un hallazgo que abre una nueva ventana para comprender cómo surgieron los primeros agujeros negros supermasivos y las galaxias que comenzaron a poblar el cosmos poco después del Big Bang. Los resultados sitúan a estos objetos en una etapa en la que el universo tenía apenas 670 millones de años, alrededor del 5% de su edad actual.

Los dos cuásares recién identificados, denominados EUCL J172902.75+641018.1 y EUCL J125308.55+705432.3, se encuentran a más de 13.000 millones de años luz de la Tierra. Ambos presentan corrimientos al rojo de 7,77 y 7,69, respectivamente, un indicador que sirve para determinar la enorme distancia a la que se encuentran y observar cómo era el universo en sus primeros cientos de millones de años de existencia.

El telescopio espacial Euclid en una recreación

Una viaje hacia la “infancia del universo”

Los cuásares son algunos de los objetos más brillantes del universo. Son núcleos galácticos extremadamente luminosos alimentados por agujeros negros supermasivos. Cuando enormes cantidades de materia caen en espiral hacia estos gigantes gravitatorios, liberan una inmensa cantidad de energía que puede hacer que el núcleo de la galaxia brille cientos o incluso miles de veces más que el resto de las estrellas que la forman.

En el caso de los dos cuásares récord descubiertos por Euclid, ambos emitían una luminosidad equivalente a la de mil millones de soles cuando el universo apenas comenzaba a formar sus primeras estructuras. Para los científicos, estudiar estos objetos resulta fundamental porque permite analizar uno de los grandes enigmas de la astrofísica: cómo pudieron crecer tan deprisa los primeros agujeros negros gigantes.

El autor principal del estudio, Daming Yang, de la Universidad de Leiden (Países Bajos), destacó que estos cuásares “se remontan a la infancia del universo” y explicó que su análisis ayudará a comprender mejor el rápido crecimiento de estos sistemas. Además, subrayó que “antes solo podíamos encontrar un puñado de los cuásares antiguos más brillantes, pero Euclid nos permite buscar de forma mucho más eficiente en enormes áreas del cielo”.

Euclid tiene un papel clave en este descubrimiento

El descubrimiento también demuestra el enorme potencial del telescopio espacial Euclid, lanzado en 2023 con el objetivo principal de estudiar la materia y la energía oscuras. Gracias a su capacidad para cartografiar enormes regiones del cielo con una sensibilidad muy superior a la de misiones anteriores, el telescopio está permitiendo detectar objetos mucho más débiles que hasta ahora pasaban desapercibidos. Esto hace posible estudiar los cuásares primitivos como una población completa y no únicamente como casos excepcionales.

El investigador de la ESA Antonio La Marca recordó que localizar los primeros diez cuásares con un corrimiento al rojo superior a siete llevó más de una década de trabajo a la comunidad científica, mientras que Euclid ha identificado una cantidad superior en apenas un año. Para la científica del proyecto Valeria Pettorino, estos objetos funcionan como auténticas “máquinas del tiempo”, ya que permiten observar el periodo conocido como la época de la reionización, cuando el universo abandonó las llamadas edades oscuras y comenzaron a formarse las primeras galaxias. Cada nuevo descubrimiento acerca un poco más a los astrónomos a reconstruir cómo nació el cosmos tal y como hoy lo conocemos.

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