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Ilusionar para ganar

En Andalucía no hay gente que vota mal, tampoco hay miles de fascistas, sino cada vez más hastío y frustración ante el abandono por parte de las instituciones

El resultado electoral demuestra que la gente está harta de no ser escuchada y de que se use lo que es de todos para el beneficio de unos pocos

También denota la incapacidad de seducir a las mayorías de algunas formas de hacer política. Es tiempo de reflexionar

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Imagen de archivo de una mesa electoral

La crisis del régimen del 78 podría haber mutado, pero sigue vigente. El ciclo político que abrió el 15M y que permitió echar al PP de la Moncloa seguirá abierto si quienes lo abrimos, el pueblo, no permitimos que se cierre. En 2011 se gestó un afecto común, que es motivo de orgullo internacional para nuestro país. Frente al "no se puede" y al "no hay alternativa" que pregonaba el régimen, aquel 15 de mayo el pueblo salió a la calle por un país mejor, más democrático, justo y fraternal. Las élites y su sistema envejecieron, quedaron obsoletas, incapaces de responder a las demandas y anhelos de la gente, una caducidad que sigue su curso como demuestra la abismal caída de los partidos tradicionales en Andalucía.

Los resultados electorales en Andalucía constatan lo que ya sabíamos: alcanzar el país que queremos no iba a ser fácil. Los privilegiados siempre se aferran a todo con tal de salvaguardar sus privilegios. Hoy esa élite celebra que en Andalucía no pueda reproducirse una posibilidad de cambio como la que surgió en el Congreso cuando se echó a Rajoy. Eso sí, para ello han tenido que lepenizarse y recurrir al odio, a la hostilidad y a la intolerancia. Al régimen ya no le basta con Ciudadanos, Vox es la última herramienta de la oligarquía para mantener sus privilegios.

Es momento de pensar y de hacerse las preguntas adecuadas. La incógnita no se podrá resolver con diques ni trincheras, no es momento de repliegues, hay que crecer. Es decir, no se trata de cómo pararles, ni de armar un catenaccio defensivo, sino de cómo volver a jugar bien, de volver al tiqui-taca –siguiendo con el símil futbolístico: la clave es cómo volver a ilusionar para ganar.

Debemos desarrollar un proyecto social que sume y responda a las preocupaciones de la gente, que acoja las esperanzas compartidas y que permita dibujar un país mejor para todos y todas. Salgamos de la línea defensiva. Hablemos a nuestros vecinos, amigos y familiares, que al igual que nosotros, quieren un futuro mejor, un sistema sanitario público de excelente calidad si enferman, la mejor formación para que sus hijos e hijas puedan acceder a un mercado laboral digno que contribuya a un sistema de protección que no deje a nadie atrás.   

La democracia, la libertad, la justicia, la igualdad y la solidaridad son nuestra insignia, los valores que nos unen y de los que nos enorgullecemos como país. El 8 de marzo puso sobre la mesa que el feminismo se presenta como el movimiento transversal capaz de apelar a las mayorías afectadas por la desigualdad creciente consecuencia de las políticas reaccionarias de las élites. Fueron precisamente esos valores los que, en la moción de censura de junio, permitieron abrir un horizonte de esperanza para una España más justa, en la que quepamos todos, que cuente con robustas políticas sociales emancipadoras que terminen con la desigualdad.

La clave para ilusionar pasa por recuperar las instituciones y ponerlas al servicio de la gente, los resultados en Cádiz lo demuestran. Garantizar ciudades limpias y sostenibles donde podamos disfrutar de nuestro entorno con una oferta cultural accesible a todas las personas, como en Madrid o Barcelona, es la prueba de que se puede gobernar de otra manera. Este es el mejor antídoto contra el bolsonarismo español de Vox. A nivel estatal, aprobar los presupuestos generales acordados es imprescindible. Son necesarias medidas como subir el SMI, acabar con las listas de espera en dependencia y fomentar una política fiscal que permita bajar los impuestos a quienes menos tienen, mientras que las grandes fortunas realizan ese esfuerzo solidario para una España mejor. Debemos seguir marcando rumbo al Gobierno para que anteponga el interés de todos y todas al de unos pocos.

Nuestros valores comunes son la bandera que nos une como país, esos que definen nuestra sonrisa y esperanza para vencer al miedo. Ante la falsa supremacía identitaria y excluyente de odio hacia el diferente que pregonan algunos, este pueblo siempre responde con valentía, decencia y futuro.  Que el régimen no nos devuelva a los ejes, a los discursos y a los espacios en los que se siente cómodo y vencedor. Esto siempre fue de lo mismo: del pueblo frente a la oligarquía.

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