La excursión perfecta para finales de febrero: en Murcia y el cauce del río Segura
A menudo, cuando se piensa en Murcia, lo primero que surge en la mente es sol, costa y mar. Pero si hay un momento del año en el que esta región despliega un encanto inesperado es a finales de febrero. Entonces, cuando el invierno aún no ha cedido del todo en gran parte de España, la Vega Alta del Segura ―en el norte murciano― se convierte en un mural natural que compite con los paisajes de floración más famosos de Europa. La Ruta de las Norias, un itinerario marcado por ingenios hidráulicos centenarios y un paisaje lleno de vida, emerge como una de las excursiones más interesantes del final de invierno.
La Vega Alta del Segura ―compuesta por los municipios de Cieza, Abarán y Blanca― se transforma a finales de febrero en un tapiz de colores. Decenas de miles de melocotoneros, almendros y otras especies frutales florecen antes que en el resto de España, creando un mar de tonalidades rosa que celebra la llegada de la primavera. Por eso muchos visitantes, fotógrafos y amantes de la naturaleza eligen estas fechas para descubrir el valle antes de que la temperatura suba.
Pero junto a esta explosión cromática hay otro protagonista que merece toda tu atención: el río Segura. Más allá de ser un curso de agua, éste estructura la huerta murciana, alimenta acequias ancestrales y guía el itinerario de una ruta que combina historia, patrimonio industrial y paisaje vivo.
Una huella hidráulica que sigue latiendo
La Ruta de las Norias de Abarán es un sendero de unos 4,4 kilómetros de longitud ―clasificado como de dificultad baja― que discurre por caminos de huerta y bordea el río Segura mientras presenta al viajero uno de los conjuntos más importantes de norias tradicionales en funcionamiento de España.
Pero, ¿qué es exactamente una noria? Estas estructuras hidráulicas, herederas de técnicas probablemente desarrolladas en época árabe en la península pero con antecedentes incluso más antiguos, son gigantescas ruedas que aprovechan la fuerza del agua para elevarla desde las acequias hasta niveles superiores, permitiendo así regar huertos y terrenos que, de otro modo, quedarían secos.
Su funcionamiento es sencillo en apariencia, pero extraordinario en su eficacia y simbolismo: son máquinas que parecen haber salido de otro tiempo y, sin embargo, continúan siendo útiles.
En 2018, el paisaje donde se sitúan estas norias fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Lugar de Interés Etnográfico, un reconocimiento que subraya su importancia histórica, cultural y paisajística.
La Noria Grande: gigante en movimiento
El punto de partida del recorrido es el Parque de las Norias en Abarán, donde se erige la Noria Grande, quizá la protagonista más icónica de toda la ruta. Con un diámetro de casi 12 metros, es considerada la noria en funcionamiento más grande de Europa. Construida en 1805 y reconstruida posteriormente ―sobre todo en 1951 bajo la dirección del maestro Nicomedes Caballero―, esta rueda puede elevar hasta 32 litros de agua por segundo, irrigando más de 150 tahúllas (una unidad de superficie tradicional en el sureste español).
Caminar junto a esta estructura, ver cómo gira empujada únicamente por la corriente del Segura y escuchar el murmullo de sus palas rozando el agua es una experiencia que conecta pasado y presente. Allí mismo, muchas veces, hay paneles explicativos y espacio para sentarse y sentir el pulso de la huerta que palpita a tu alrededor.
Más norias, más historia
La ruta no se queda en la Noria Grande. Siguiendo el sendero que avanza por la Acequia Principal, te encontrarás con la Noria de la Hoya de Don García, una estructura de madera de 8,2 metros de diámetro que, aunque más pequeña, es extremadamente productiva y sigue elevando agua para regar terrenos más alejados del río. Esta noria, al igual que la grande, data del siglo XIX y fue reconstruida también en 1951.
Más adelante, el camino llega a la Noria de Candelón, con unos 6 metros de diámetro, y a la Ñorica, la más pequeña del conjunto, que durante décadas ha servido principalmente para riegos domésticos o de una sola familia.
Este paseo por las norias no solo es un recorrido físico, sino un viaje al corazón de la cultura del agua de la Región de Murcia: un paisaje de huerta en el que acequias, canales y norias hablaron durante siglos de ingenio, de agricultura y de supervivencia.
Naturaleza que acompaña la historia
Mientras se camina junto al Segura, la ruta ofrece no solo ingeniería hidráulica sino también biodiversidad y paisaje. Los cañaverales, álamos y bosques de ribera que flanquean el sendero son refugio de aves acuáticas como garzas, martines pescadores o cormoranes que, con sus colores vivos, parecen celebrar la llegada de la luz primaveral.
La caminata puede completarse en unas dos horas si vas con tranquilidad, parando para observar, hacer fotografías o conversar con agricultores locales que te pueden contar historias de cómo era la vida en la huerta hace décadas.
Consejos prácticos para el viajero
Cómo llegar: La ruta comienza en el parque de las Norias, a pocos pasos de Abarán, y está bien señalizada.
Accesibilidad: Caminos llanos y fáciles hacen que esta excursión sea adecuada incluso para familias con niños.
Duración estimada: Unos 4,4 km de ida y vuelta, que puedes completar en aproximadamente 2–3 horas con paradas.
Un plan completo en la Vega Alta
Después de la ruta, Abarán ofrece opciones gastronómicas para degustar productos locales con huerta y tradición. Restaurantes como Los Tanas o La Parraletta son señalados por senderistas y viajeros por sus platos murcianos clásicos: pisto con bacalao, zarangollo, fritá o carnes a la brasa acompañadas del vino de la tierra.
Si después de comer te apetece alargar la excursión, desde Blanca se puede subir al mirador del Alto de Bayna, donde se contempla cómo el Segura se remansa en el embalse del Azud de Ojós, un paraje de tonos turquesa intensos que es ideal para cerrar el día con una puesta de sol inolvidable.
Si quieres comer en algún restaurante tradicional y con aire local en Blanca, también puedes ir al Asador Valle de Ricote, donde el asado y los platos de la tierra complementan a la perfección una jornada en el valle.
La sensibilidad de la cultura morisca sigue presente en el Valle de Ricote, un territorio marcado por huertas escalonadas, caminos que serpentean junto al río y una identidad propia que convierte cada paseo en una experiencia genuina.
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