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Encerrados con un solo relato

Volvamos una vez más al storytelling. A estas alturas puede dar la impresión de que se trata de un recurso de comunicación superado aunque ningún otro se haya proyectado sobre el escenario político para ocupar su espacio. Pero la cuestión es que la realidad se sigue narrando desde un relato que, contradiciendo a Vargas Llosa, no es la verdad de las mentiras sino una falsedad sin fondo, por tanto sin sentido.

"La vida es un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y furia, y que no tiene ningún sentido", hizo decir Shakespeare a Macbeth, pero nada tienen de trágico muchos políticos: su relato huero de sentido los coloca en el registro de la farsa.

La cuestión es que la acción política como arma de transformación ha sido reducida a un mero instrumento narrativo y lo nuevo solo es el relato que entra en circulación y pretende revelarse como novedad.

En el Partido Popular el relato centrado en el silencio del presidente del Gobierno se ha impuesto al siempre barroco Alberto Ruiz-Gallardón. El exministro de Justicia es el paradigma del político en busca de autor ante la imposibilidad de ser protagonista real de la historia que le tocó en suerte, mutando de un perfil a otro sin solución de continuidad. Gallardón es un producto de la liquidez con un yo plástico entregado a cada coyuntura. Desde esta perspectiva, frente a este estilo pendular, Nicolas Sarkozy es un dirigente que ha conseguido escribir un relato en las antípodas. Su credo es inmóvil: la política es la grasa del sistema y a esta hay que oponer la eficacia de un gestor –la suya– para articular el músculo laboral y productivo del cuerpo social. Como este relato es imposible de sostener en el tiempo, una narración sentimental alrededor de su mujer, Carla Bruni, ocupó el espacio mediático durante su mandato: desde el inicio de la relación en Disneylandia hasta el embarazo de su primer hijo que Bruni exhibía en imágenes sin confirmarlo a la prensa, el hilo narrativo del Ejecutivo estuvo ligado al plano familiar del presidente. Una buena dosis de praxis neoliberal dosificada por el reality show.

Gallardón, a diferencia de Sarkozy, ha saltado de relato en relato y de autor para, como era de esperar, terminar saltando de la parrilla.

Quizás el punto álgido de Gallardón haya sido cuando intentó definir su posición contra el aborto como una reivindicación progresista pero la exposición que marca su deriva pendular hasta alcanzar el absurdo fue cuando, en un pleno municipal siendo él alcalde de Madrid, otorgó un espacio público en memoria de Guillermo Luca de Tena, ex director de ABC, y José Vidal-Beneyto, pensador, activo opositor al franquismo y fundador del periódico El País. Allí Ruiz Gallardón glosó sobre el papel de ambos en el inicio de la Transición, subrayando sus ideas políticas divergentes y, acto seguido, contó que en la casa de su padre, sesenta y cinco años atrás, Vidal-Beneyto había olvidado un ejemplar de la Historia de la filosofía de Julián Marías y se descolgó, ante los familiares del desparecido pensador, con esta frase: “Este es un buen momento para devolverlo”. Gallardón siempre intentó transitar la autovía que comunica la derecha con la izquierda sin advertir que es un sendero imposible o, lo que es peor, es el camino a ninguna parte.

Pedro Sánchez (después de sorprendernos a todos con su irrupción en Sálvame, el reality show de Telecinco, aparición pasiva ya que como aquí comentamos delegó sus palabras a la libre interpretación de Jorge Javier Vázquez) propone que se realicen funerales de Estado para las víctimas de la violencia de género. Sánchez con este planteo entra en la categoría de un instancia superior a la que podríamos denominar metarrelato político, ya que no hace del relato su mero vehículo de circulación entre el electorado sino que sus propuestas programáticas son en sí mismas meros relatos: el reality show como agente superador de la violencia de género. ¿O acaso la sobreexposición audiovisual de la víctima no es eso? Jorge Javier Vázquez con el equipo de Sálvame in situ le reclamaría a Sánchez la exclusiva para transmitir el funeral.

La imposibilidad por parte de los políticos de transformar el sistema les lleva a una producción desmedida de relatos con el fin de modificar la percepción del ciudadano.

Paul Auster sostiene que somos propensos a consumir y apropiarnos de historias con las que nos identificamos, ya que "cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir". Obviamente esta perspectiva opera en el campo de la autoayuda y tanto en el plano personal como colectivo se imponen historias generadas por acciones individuales y grupales que permitan superar la adversidad para poder habitar un mundo real.

Que las aspiraciones civiles que nos embargan no se puedan cumplir ya mismo o en la celebración de las próximas elecciones no significa que haya que dejarse encerrar en un relato vacío.

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