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¡A por ellas!!! ¡Oéeeeeeeeee!

¿Quién nos arresta, quién nos acusa y quién nos juzga?

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Cabecera de la manifestación que ha recorrido Pamplonba. Foto: @altsasugurasoak

Manifestación contra el proceso a los jóvenes de Altsasu Foto: @altsasugurasoak

La decisión de liberar a los miembros de la organización para violar mujeres autodenominada ‘la manada’, que cuenta con numerosos adheridos en una cuenta de Whatsapp y el apoyo de sus familiares y vecinos, es simplemente descorazonadora. Lo es porque nos confirma en lo que ya hemos visto antes, no podemos confiar en la Justicia del Reino de España y que, en vez de protegernos, debemos temerla quienes seamos débiles, pensemos distinto o las dos cosas.

Así lo siente y lo sabe la mayor parte de la población según las encuestas y así nos lo restriegan por la cara, un día tras otro, miembros y miembras de esa institución. Aunque no puedo juzgar el trato que han dado antes y ahora a esos delincuentes, pues no quiero ir preso yo también, quienes votaron la libertad de los miembros de esa banda sin duda sabían el descontento y la rabia que ya había generado tanto la marcha del juicio, el trato a la víctima y finalmente el fallo, calificar sus delitos de abusos y no violación. Quienes votaron liberarlos ahora sabían el dolor que había sentido la sociedad entonces, primeramente las mujeres, y la respuesta social tan unánime de repulsa por ese veredicto. Así pues, eran capaces de prever lo que desencadenaría esta última decisión de mandarlos a sus casas con sus familiares y simpatizantes. Sabían perfectamente la rabia que sentiría tanta gente, sabían lo descorazonador que es, la impotencia que sentirían las mujeres y toda la sociedad.

La única explicación que encuentro a esa decisión, razonamientos jurídicos con que justifican la decisión aparte, es que precisamente han querido imponerse al sentir y al pensar de la mayoría de la sociedad y reafirmar su poder. Lo tienen, pueden meter preso a cualquiera. Pero ese poder entiendo que creen que les viene de origen divino o por nacimiento no por un encargo que le hace la sociedad que se entrega a su protección. Una Justicia tal no merece confianza cuando sólo pide obediencia y sumisión. De que haya jueces que están mal de la cabeza, sabiéndolo todo el mundo y sigan dictando sentencias ya no digo nada, parece que en este país es normal.

Me niego a olvidar lo que los medios de comunicación y la misma Justicia quiere que olvide, los presos políticos catalanes, los jóvenes de Altasasu. Aunque los medios de comunicación no le dediquen ya mucha atención, aunque sus abogados no sean tan invitados a opinar en los programas de TV como es el abogado de los jóvenes violadores condenados por “abuso”, me niego a olvidar porque son parte del escenario. Los fiscales que acusaron, los jueces y juezas que juzgaron. Los que están presos a cientos de quilómetros de sus familias por sus ideas políticas o porque se les presupone intención de odiar, los que están libres ya en sus casas recibidos con aplausos.

Los últimos meses el Reino de España ha visto su imagen retratada en blanco y negro ante el mundo de un modo inesperado. Y ha emergido lo envuelto en los melifluos tules de “la Constitución que nos hemos dado entre todos”, “el rey que es de todos”, “somos un estado de derecho... No, no sólo el partido de M.Rajoy ha hecho retroceder el estado a lo peor de sí mismo, el mal ya estaba ahí: Franco nunca fue juzgado ni condenado, ni vivo, ni muerto. Y sigue ahí.

Siguió en el Ejército, en los tribunales, en las comisarías, en cada oficina del estado... Una sociedad con aliento haría ahora lo que no hizo antes, una ruptura con el pasado y una revisión de las estructuras y los miembros del estado. Que de los cinco violadores dos sean militares y los demás forofos y hayan publicado chistes amenazantes contra catalanes no es casualidad, células del peor cáncer circulan por las arterias de la Policía, la Guardia Civil y las Fuerzas Armadas. El “¡a por ellos!” es el himno de esa enfermedad.

No, un cambio de gobierno no soluciona el problema de España. Hoy mismo me preguntaba una periodista francesa acerca de la relación de España con el franquismo, la respuesta fue la de siempre: el franquismo en España es legal y, de hecho sufragada su memoria y su homenaje por parte del estado. Y el estado existente es el estado franquista reformado, su misma base jurídica está en la Ley de Sucesión dictada por Franco y la Ley para la Reforma Política que aprobaron sus procuradores en cortes. Es decir, no hubo Ruptura y hubo eso que hemos llamado la Transición.

No es que M.Rajoy y su partido robasen y destrozasen muchas cosas e hiciesen mucho daño, es mucho más: es que no hicimos una ruptura con el franquismo y no tenemos una República Federal. Es lo que hay. Y por eso estamos todas inermes e indefensas ante el estado, que una y otra vez muestra su rostro.

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