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El extraño caso de Jaime (nombre falso)

Se calcula que más de un millón de españoles han caído en el patriotismo desde el estallido de la crisis

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El PP de Madrid lanza una campaña para poner banderas en los balcones el 12-O

EFE

El caso de Jaime (nombre falso) es, por desgracia, cada vez más común en nuestro país. Ni sus amigos ni su familia saben exactamente cómo empezó. La transformación, en eso coinciden todos, fue de lo más repentina. Un día, sin más, plantó una bandera en el balcón. La colgó con nocturnidad, presumiblemente de madrugada, y allí se la encontraron sus vecinos, al salir de casa por la mañana. La rojigualda del 4ºC.

“Fue una sorpresa para todos”, dice su hermana. “A Jaime nunca le había interesado la política. No se enteraba de las noticias, no leía los periódicos ni veía informativos. Nadie sabe muy bien qué le dio de repente”.

La principal afectada fue su mujer. En conversación telefónica con este medio, Lola (nombre falso) rememora el momento en que se topó con la bandera en el balcón. “Le pregunté a qué venía eso, claro. Él me miró muy serio y me dijo: ‘Hay que defender España’. Le pregunté de qué carajo había que defenderla, y él, como si fuese lo más evidente del mundo, me soltó: ‘de los que quieren destruirla, ¿de quién va a ser?”.

Aquel episodio fue solo el comienzo. Días más tarde, Jaime apareció en casa con una camiseta de la selección española, cuando a él jamás le había gustado el fútbol. “Le pregunté cuánto le había costado”, recuerda su esposa, “porque ya me olía yo que barata no podía ser. ¿Y sabe lo que me respondió? ‘¡Los colores, Lola!’ Solo eso. ‘¡Los colores, Lola!”

En un primer momento, su familia pensó que sería transitorio. Que se le pasaría, como unos años antes se le había pasado lo del running. Hasta que lo vieron por televisión. Estaba en una concentración, envuelto en los colores de la patria (camiseta, bufanda y capa), gritando que España para los españoles. “Nos quedamos helados”, cuenta su hermana. “Intentamos hablar con él, pero se cerró en banda. Nos llamaba irresponsables, decía que acabaríamos todos con burka y que los catalanes se marcharían por nuestra culpa”.

Fue entonces cuando la familia de Jaime entró en contacto con la Asociación de Víctimas del Fervor Patriótico. “Nuestra labor se fundamenta en dar apoyo a las familias”, explica Pilar Gómez, responsable de esta organización sin ánimo de lucro. “Cada vez son más las familias que sufren la lacra del patriotismo. Nosotros, desde la AVFP, les mostramos que no están solos, que hay mucha gente en su situación. Que se puede salir de eso y volver a ser normal”.

Se calcula que más de un millón de españoles han caído en el patriotismo desde el estallido de la crisis. Las instituciones se desentienden de este problema, negando su carácter patológico, situación que Pilar Gómez denuncia con vehemencia. “¡La administración se ha lavado las manos! El gobierno tiene que asumir que este es un problema real, como la ludopatía, el alcoholismo o la drogadicción. No puede ser que el apoyo para los afectados venga exclusivamente de iniciativas ciudadanas”.

En las últimas semanas, Jaime se han inscrito en Vox, que considera “la última esperanza de España”, y no descarta comprarse una Smith and Wesson, como el líder de su admirado partido. Nos lo cuenta por teléfono su esposa Lola, que se despide de nosotros con la voz rota por la angustia. “Solo espero que mi testimonio sirva de algo y ninguna familia tenga que sufrir lo que yo estoy sufriendo”. Al fondo se escucha a Jaime. Canta el himno nacional en versión de Marta Sánchez.

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