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GRÁFICO: Cuando trabajar no evita la pobreza

Según datos de Eurostat, en 2012 España era el segundo país de la UE dónde había más ciudadanos trabajando y que se encontraban en situación de pobreza relativa.

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Gráfico: trabajo y pobreza relativa

De acuerdo con los datos ofrecidos por la Encuesta Europea de Ingresos y Condiciones de Vida, (EU-SILC), en 2012, el 12,3% de los españoles y españolas que estaban trabajando se encontraban en una situación de pobreza relativa (esto es, su renta disponible era menor que el 60% de la mediana de la renta disponible; en España, 7182 euros anuales per cápita, después de impuestos y transferencias sociales). Esta cifra, es la segunda más alta de la Eurozona tras Grecia (15%) y la tercera en el total de la Unión Europea (detrás de Grecia y de Rumanía, con el 19%).

La precarización de las relaciones laborales, el vuelco en la distribución funcional de la renta (que situaba en 2013, por primera vez de muchos años, a las rentas del capital por encima de las rentas del trabajo) el descenso de los salarios reales acontecido en los últimos años y la erosión de las políticas sociales debida a la consolidación fiscal presionan a la baja los ingresos de los tramos medio-bajos de la escala salarial, incluyendo descenso del poder adquisitivo del Salario Mínimo Interprofesional desde 2011 (que se ha revalorizado en un 0,6% mientras que el Índice de Precios al Consumo lo ha hecho en un 5,6%). El efecto neto de este proceso está erosionando el valor del empleo como vector de inclusión social y de ejercicio activo de ciudadanía económica.

No se trata sólo de tener un empleo, sino de tener un empleo digno que permita participar activamente en la vida social, política y económica de la comunidad. Cuando desde los poderes públicos se insiste en que la mejor política social es la creación de empleo, se debería añadir “digno y suficiente”. A este respecto cabe recordar el artículo 35.1 de la Constitución Española y el menos conocido 23.3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

Trabajar para no salir de la pobreza. Que un porcentaje significativo de la población ocupada se encuentre en esta situación nos dice mucho de las prevenciones que debemos tomar a la hora de evaluar las políticas de flexibilización laboral y de creación de empleo que puedan acompañar a la tan esperada “recuperación” de la economía española.

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