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Me han contado lo del Plan Klingbeil

El ministro de Finanzas alemán y copresidente del Partido Socialdemócrata (SPD), Lars Klingbeil.
27 de febrero de 2026 22:18 h

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Esta vez nos han metido dentro de la Europa de las dos velocidades, a la cabeza y no en el furgón de cola, como ya nos tenían acostumbrados. El E6 o grupo de los elegidos por el ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, cuenta con España para liderar la Europa de la defensa, la de la nueva revolución industrial. Poco o nada se está contando de este plan, el Plan Klingbeil, del que también forman parte Francia, Polonia, Italia y Países Bajos, los elegidos. 

A la Comisión Europea parecía que no le hacía ninguna gracia que, precisamente, los seis grandes hayan decidido ir por su cuenta, de forma paralela a los designios de Bruselas. No obstante, una carta hecha pública estos días de la presidenta Ursula von der Leyen a los Estados miembros advierte de una nueva forma de avanzar, en el mismo camino que Draghi viene anunciando desde su famoso informe hacia una Europa federal. 

El objetivo es progresar en los temas que se eternizan sobre la mesa de una maquinaria que ya chirría entre los pasillos del Berlaymond y los del Consejo, justo enfrente, cuando los 27 Estados miembros no se ponen de acuerdo. La trampa está en que, para ello, ya existe un mecanismo jurídico-político reconocido por la Unión Europea, el de la cooperación reforzada, que permite avanzar en las políticas de integración si hay nueve países que se ponen de acuerdo. 

Pero en este caso no llegan a nueve los países que conforman este club súper privilegiado. Por el camino se dejan a los pequeños y a los pobres, a los díscolos y a los pro-rusos. Nadie de la Europa del Este que entraron en la última hornada, la de los diez de la gran ampliación en 2004. Tampoco han contado con los nórdicos, ni con los bálticos o con los PIG sacrificados con la crisis financiera mundial. A España (la “’s” de PIG’s) no lo cuento en este grupo, porque no se rescató al Estado sino a la Banca. 

Bien es cierto que entre los seis ostentan el 70% del PIB de la UE, lo que supone un aliciente para influir en los mercados financieros internacionales y revitalizar el papel del euro, degradado con la crisis financiera mundial. Para ello, deben evitar la lenta maquinaria de los 27, que impide avanzar con la celeridad que requieren los tiempos y los contratiempos geopolíticos, mientras nos van dando bandazos.

El E6 pretende erigirse en un nuevo motor político y económico que acelere las inversiones empresariales, la industria de la defensa y las cadenas de suministros de materias primas estratégicas. En el epicentro está el impulso de la compra de material armamentístico, mientras se reconvierte la ajada industria automovilística alemana, algo que Francia ha temido y ha evitado desde el primer Tratado de 1951, el de París, y que sin embargo ahora alienta. 

El objetivo del canciller alemán es claro y lo ha declarado: “Convertir a Alemania en el ejército convencional más fuerte de Europa”. Y, para ello, la meta es aumentar el gasto militar al 5% del PBI, como afirmó Merz en el foro Económico de Davos, tras décadas de contención militar alemana. Vade retro

Y así se ha estrenado estos días el E6 en la reunión del Eurogrupo, con el ministro alemán de Finanzas Lars Klingsbeil defendiendo su posición como avanzadilla para potenciar el euro a nivel internacional y el ahorro privado como inversión en la economía productiva, especialmente la de defensa. 

Todo esto, que suena tan bien, choca frontalmente con un problema que no se quiere pronunciar en voz alta. La economía productiva necesita de energía y, en especial, de energía barata. Sabido es que la industria alemana está en proceso de desmantelamiento desde que no puede pagar la factura energética. Y no puede pagarla porque ya no es barata, porque nos hemos sancionado con la prohibición de comprar gas a Rusia.

Por tanto, esta inversión en defensa, si se quiere estar preparado para 2030, pasa por comprar armamento a los Estados Unidos que, por ahora, son nuestro principal proveedor. Porque debemos rearmamos en menos de cinco años, como establece nuestra hoja de ruta, publicada en marzo del año pasado como “ReArm Europe 2030”, y donde ya se indica que hay que movilizar capital privado para el sector de la guerra. También le habían puesto precio al proyecto: 800.000 millones de euros.

Pero el plan de Klingbeil corre el riesgo además de romper la cohesión europea. Presenta un proyecto excluyente y que vemos cómo va normalizándose pese a saltarse todos los controles del marco institucional, como es el del Parlamento, a través del artículo 122 del Tratado de la Unión Europea. Por cierto que algunos eurodiputados ya expresaron su preocupación porque estas iniciativas de acelerar la economía sin controles democráticos fueran en detrimento de la inversiones en las políticas sociales que benefician al ciudadano europeo. 

No nos vendría de nuevas. Porque esto ya lo anunció el canciller Friedrich Merz el verano pasado: “Se acabó el Estado del Bienestar”. Y, mientras se desmorona el marco institucional de la Unión tal y como lo conocemos, el Plan Klingbeil ya ha comenzado a andar y ese será el camino.

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