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Entrevista - Miguel Brieva, dibujante y escritor

"Nos nos damos cuenta pero estamos al borde un crack, de un colapso sin precedentes"

"Cualquier tiempo pasado fue menos destructivo", señala el joven sevillano, que acaba de publicar un ensayo gráfico sobre la historia del ser humano: 'La gran aventura humana. Pasado, presente y futuro del mono desnudo'

"Todo a lo que tenemos que renunciar es justamente lo que es insustancial"

"El capitalismo sin vida no existe pero la vida sin capitalismo ha existido durante cientos de miles de años"

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Miguel Brieva

Un estado de ánimo sintetizado, y superado, por dos sentimientos: "pesimista con la inteligencia pero optimista para voluntad". La cita de Antonio Gramsci, de su libro Cartas de la cárcel, le viene que ni dibujada a Miguel Brieva (Sevilla, 1974). Las ilustraciones y los textos de 'La gran aventura humana. Pasado, presente y futuro del mono desnudo'  repasan con escándalo la historia del ser humano y asoma temores cercanos generados en la actual etapa de consumismo voraz, crisis energética, tecnología omnipresente y ombliguismo generalizado. Una reflexión, no sobrante, sobre las sensaciones de detrás de la piel y algunos consejos para superar la adicción capitalista.

Parece que, resumiendo mucho, la cosa no pinta bien, ¿no?

La situación cada vez es más crítica y pienso que no nos queda otra que, para conseguir reaccionar y salir un poco de este estado de parálisis y de shock existencial en el que estamos, mirar hacia atrás. Eso es algo que este momento vital, el de esta cultura del capitalismo invadida por la tecnología, básicamente ha renunciado a nuestro pasado y, por otra parte, no quiere mirar hacia adelante porque todos los indicios apuntan a un futuro sombrío. Justamente, para salir un poco de este impás y ponernos otra vez en marcha y ver si somos capaces de reaccionar. Creo que hay que hacer ese esfuerzo de abrir los ojos, mirar hacia atrás y tratar de entender quiénes somos, cómo nos hemos constituido en este ser extraño que somos y ver si tenemos resortes, que voy nombrando en el libro, para salir de esta encrucijada.

Y luego ver hacia dónde vamos...

Sí, son esas eternas preguntas que tienen un sentido existencial y que cada uno de nosotros nos podemos hacer como curiosidad y tal, pero que creo que a día de hoy la superviviencia de nuestra especie pasa por hacérnoslas de un modo ambicioso y con autocrítica.

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

Creo que podemos decir que cualquier tiempo pasado fue menos destructivo, no mejor en el sentido de menor sufrimiento humano o de más inteligencia o de más uso de la razón. El ser humano ha ido in crescendo en su capacidad de impacto sobre la naturaleza, sobre la materia, y eso que se empezó a acelerar en la revolución industrial cada década que pasa aumenta en una progresión brutal ascendente. Ahora mismo, hemos perdido contacto con nuestra propia capacidad de impacto sobre el entorno, y cosas como el cambio climático o el agotamiento de todos los recursos es parte de nuestro día a día y sin embargo hemos sido capaces de blindar esa cotidianeidad y no ser en absoluto conscientes de eso que está pasando. En el pasado no hay refugios en la historia, pero sí hay muchas claves de por qué estamos aquí y hay muchos caminos errados que hemos ido tomando y que podríamos desandar.

¿Como por ejemplo?

Uno se da por ejemplo en el neolítco, cuando se asumen civilizaciones cada vez más complejas y comienza la jerarquía, el dinero, el patriarcado, que es como un hito antropológico que de algún modo va a marcar el devenir de toda la historia. Por eso en el libro, no desde la nostalgia pero sí desde la curiosidad, hago una llamada de atención a nuestro periodo prehistórico, que tendemos a verlo como una cosa absolutamente primitiva y distante y, sin embargo, ya estaban presentes buena parte de los elementos que a día de hoy nos hacen enorgullecermos de nuestra especie como por ejemplo el procesar información, el generar mundos o símbolos, el desarrollar ser capaces de cultivar la belleza, etc.

¿Somos un poco primitivos entonces?

Somos absolutamente primitivos. De hecho digo muchas veces en el libro que aún vivimos en la Edad de Piedra en el sentido de que todavía seguimos fundamentando nuestra economía y muchos de nuestros valores en torno al oro, los materiales, el petróleo, la quema de combustible, etc. Son cosas como muy antiguas. Sin embargo, hemos dejado atrás cosas que nos salvaguardaban, como esa capacidad de crear relatos y símbolos, y a día de hoy seguimos fundamentando nuestra vida colectiva en torno a esos relatos pero los genera la publicidad o los medios de comunicación, y esos relatos son muy cómplices de un modelo de vida que es autodestructivo.

¿Los valores importantes han desaparecido del mapa?

Ahora mismo, el centro de la actuación humana y de nuestra organización son valores totémicos muy abstractos y dañinos como son el crecimiento permanente, la acumulación de valor, la mercancía, el desarrollo tecnológico por sí mismo y a cualquier precio, y se está dejando de lado la creatividad, los afectos, la empatía,... la vida. El capitalismo sin vida no existe pero la vida sin capitalismo ha existido durante cientos de miles de años, con lo cual es obvio que es prioritario y es justamente lo que hay que hacer y es lo que también trato de perfilar en la parte del 'futuro' en el libro.

¿Y cómo podemos volver a la vida?

Es la parte más propositiva: vaciar ese centro metafórico de nuestras sociedades que ahora mismo lo ocupa la mercancía y el crecimiento, y en su lugar colocar algo que no es abstracto sino bien tangible como es la vida. Y la vida implica el cuidado de las vidas de cada uno de nosotros y todo lo que eso conlleva, y por supuesto el cuidado del entorno, porque el planeta Tierra es una gigantesca bola de vida y de ciclos que interactúan, que están en un delicado equilibrio y que nosotros estamos descolocando, de la manera más estúpida y temeraria imaginable, sin alcanzar a ver las consecuencias que eso va a tener.

brieva

¿Para ser optimista hay que ser muy optimista?

Mejor dicho, para recuperar la esperanza hay que atreverse a ver. Y lo que ahora hay que ver, no es agradable, porque es un problema muy serio que estamos afrontando como especie y además un problema cuya resolución no se debate en los parlamentos necesariamente sino que, de un modo mucho más claro, se debate en nuestra conciencia y en nuestra capacidad de renuncia a unos hábitos de vida totalmente desquiciados, de consumo, de narraciones que son completamente falaces.

¿Son evitables esos hábitos?

Yo lo asocio a un acto de voluntad increíble, solo equiparable a la gente que consigue superar una adicción. La sociedad está sometida a un estrés adictivo brutal y creo que esa batalla, justamente por recuperar la esperanza, se libra en la conciencia y en la capacidad que podamos para tomar las riendas de nuestras vidas y nuestro pensamiento. El problema es que nos nos damos cuenta pero estamos al borde un crack, de un colapso sin precedentes.

¿En qué sentido?

Hemos pasado el pico del petróleo, estamos a punto de pasar el pico del gas. Vivimos en una sociedad hipersofisticada y no somos conscientes de nada, no sabemos cómo funciona el ordenador, ni un avión, ni de dónde vienen los combustibles que usamos, ni de dónde viene la camiseta de cinco euros que, milagrosamete, tiene un precio ultrabarato sin más explicación que tener una explotación terrible detrás... No somos conscientes de nada. Cuando eres consciente de eso, podemos seguir explotándonos unos a otros pero es que ya no queda petróleo y todo en nuestra sociedad se basa en la energía barata que es el gas, el petróleo.. Oímos los cantos de sirena de las energías renovables pero no nos molestamos en leer un informe científico sobre cómo es el estado de las energías renovables. No nos molestanos en consultar a los expertos, pero lo que nos están diciendo es que estamos al borde de una crisis de modelo.

Para bajarse en la próxima...

También hemos generado un impacto en los ciclos planetarios. Estamos en el antropoceno, la primera era geológica de la historia de la Tierra producida por un ser vivo, no por un asteroide o la erupción de mil volcanes. Los conocimientos científicos sobre cambio climático se están renovando constantemente y la realidad es tétrica, con consecuencias muy serias de aquí a veinte años. No estamos hablando de nuestros tataranietos sino de que todos los que estamos ahora mismo compartiendo este planeta, salvo los octogenarios, lo vamos a vivir.

¿Cuál es el granito de arena que cada uno puede poner?

Todo pasa por desandar. El decrecimiento, hace veinte años, se esgrimió como una especie de idea de posible solución al tumor este del crecimiento permanente. A día de hoy, lo queramos o no, vamos a experimentar un decrecimiento, quiera Wall Street o no lo quiera, simplemente por el agotamiento de recursos. En ese escenario, que va a ser inminente, cualquier actitud que no sea la que nos sea impuesta por una situación crecientemente compleja y desigual, y la llevamos al terreno de la voluntad como una persona que supera las drogas, notaremos que lo podríamos vivir como una carencia, como algo que nos han arrebatado, de repente podrá ser algo que nos empodere, sobre todo porque todo a lo que tenemos que renunciar es justamente lo que es insustancial: no tenemos que renunciar a enamorarnos, ni a tener amigos, ni a ser creativo, ni a ser curiosos, ni a ensanchar nuestro conocimiento sobre el mundo,... No hace falta dinero para eso.

Ni estar mirando el móvil en todo momento...

Todo lo que podamos renunciar en eso será un camino andado en la dirección adecuada, porque intuyo que vamos a tener que renunciar a todo eso más pronto que tarde. Ma perece que esa es una manera....y abriendo los ojos, dándonos cuenta de cuáles son las cosas valiosas y cómo esa cosas valiosas no tienen por qué estar mediadas por lo económico, la menos tal y como se entiende hoy. Básicamente, lo mejor que podemos hacer es dejar de consumir todo lo que podamos y dejar de creernos todo ese entramado simbólico de relatos, de modelos de vida, de deseo, de aspiración, que en el fondo está construido desde los medios de masas y que no nos hacen felices a nadie.

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