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Las polémicas de monseñor Martínez

El arzobispo de Granada, Javier Martínez, ha pasado toda su carrera episcopal envuelto en algún tipo de escándalo mediático.

Llegó a Granada en 2003 procedente de Córdoba, de donde lo sacaron sus disputas con el presidente de Cajasur.

En 2007 fue el primer obispo en España en sentarse en el banquillo de los acusados, por coacciones, aunque fue absuelto.

Su última polémica vino a raíz de la publicación del ensayo Cásate y sé sumisa por la editorial de su diócesis.

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Monseñor Javier Martínez, arzobispo de Granada/ Foto: web del Arzobispado de Granada

Monseñor Javier Martínez, arzobispo de Granada/ Foto: web del Arzobispado de Granada

No se puede decir que el ministerio de monseñor Javier Martínez como arzobispo de Granada haya sido tranquilo, le quede lo que le quede en el puesto. Jugándose una posible destitución a manos del Papa Francisco, el prelado es sospechoso de haber intentado tapar una trama de abusos sexuales en su propia diócesis, pero aunque esta sea la polémica más grave en la que se ha visto envuelto, no es, ni mucho menos, la primera. Ni siquiera la primera con consecuencias en los tribunales o en la que el Vaticano le ha dado la espalda.

El obispo más joven de España contra Cajasur

Martínez se convirtió en 1985, con apenas 37 años, en el obispo más joven de España, tras ser nombrado obispo auxiliar de Madrid. Legionario de Cristo, fue uno de los muchos prelados de perfil conservador auspiciados durante los primeros años del pontificado de Juan Pablo II. En 1995, con 48 años, Martínez fue destinado a Córdoba en sustitución de monseñor José Antonio Infantes Florido, obispo ya anciano y de vocación pastoral, que se marchó a misiones tras su jubilación, procedente de la época de Pablo VI y el Vaticano II.

Sus ocho años en Córdoba estuvieron marcados por su rivalidad con Miguel Castillejo, el sacerdote presidente de Cajasur y ‘banquero del Vaticano’ en España. Castillejo, acostumbrado a gestionar la diócesis cordobesa ante el carácter alejado del poder y los fastos de Florido, se encontró con un obispo joven y de ambición dentro de la Iglesia, y en diversas ocasiones recurrió a su influencia en Roma. La solución, salomónica, fue darle “la patada hacia arriba” a Martínez en 2003 y ascenderlo a arzobispo de Granada, apartándolo así del territorio de Castillejo. Sustituía a otro prelado de polémica trayectoria, el ya jubilado Antonio Cañizares, que se marchó a Toledo en aquella caída de fichas de dominó que lo apartaba de una Granada.

Defensa del cilicio en los medios

En 2006, el nuevo arzobispo vivió la primera de muchas polémicas en los medios al defender el uso del cilicio con una carta dirigida al periódico 20 Minutos. El rotativo había publicado un reportaje sobre la posibilidad de adquirir cilicios para “mortificar la carne” por un módico precio y tras dar la contraseña en un convento de monjas de clausura del centro de la capital granadina.

Monseñor Martínez, consultado por el periódico, envió una larga carta de la que se extractaban citas como “es doctrina común en la Iglesia católica que la abnegación del yo, mandato del Señor, requiere la mortificación corporal” y se criticaba el ejercicio físico o el uso de piercings, por contraste al cilicio, como formas egocéntricas de mortificación frente a la cristiana, que propone “negar el yo”.

Primer obispo en el banquillo

En 2007, Martínez logró otro hito: se convirtió en el primer obispo que se sentaba en un banquillo de los acusados en la historia de nuestro país. Lo hizo acusado de coacciones y amenazas a su tocayo Francisco Javier Martínez Medina, que fue canónigo de la Catedral de Granada, al que quiso prohibir la publicación de un libro y llegó a espetar por teléfono “con el látigo te enseñaré a obedecerme”, como figura en la sentencia del Juzgado de lo Penal 5.

En primera instancia, el Juzgado de lo Penal 5 de Granada lo condenó a pagar 3.750 euros de multa. Sin embargo, tras apelar –y junto a él la Fiscalía provincial–, la Audiencia provincial lo absolvió de todos los delitos por considerarlos prescritos. Curiosamente en aquel episodio el juez del Penal 5, Miguel Ángel Torres, instructor en su momento del ‘caso Malaya’, atribuía los ataques contra el canónigo a la vinculación de este con Cajasur. El canónigo, además, es jesuita, al igual que el Papa Francisco.

Albuñol se queda sin cura y los parados sin tierras

En el mismo año 2007 no fue su juicio el único quebradero de cabeza mediático para Martínez. Durante varios meses,  la pequeña localidad costera de Albuñol se quedó sin párroco tras trasladar al titular al municipio de Cenes Vega sin explicación oficial, aunque la oficiosa era que unas monjas de una comunidad cercana protestaron al ver que acogía en su hogar a varios inmigrantes sin hogar que trabajaban en los invernaderos de la playa de La Rábita. Las protestas de los vecinos por el cese de su párroco hicieron que Martínez decidiese “castigarlos sin párroco”, hasta que la imposibilidad de enterrar a una vecina de 80 años por no disponer de sacerdote le hicieron “levantar” la sanción al municipio.

En junio de 2012, otro episodio puso a prueba al prelado, cuando tres miembros de la Asociación de Parados de Casería de Montijo, uno de los barrios más deprimidos de la ciudad, se encerraron en la Curia para pedirle intermediación con las administraciones en la ocupación de las tierras de la ribera del río Beiro, donde habían establecidos 'huertos piratas' para proveer de verduras a las familias. Martínez atajó la situación, tras un mes de huelga de hambre de los parados, con la promesa del programa Tierras Vivas, que pondría al servicio de familias en exclusión tierras propiedad de la Iglesia. El programa nunca llegó a ponerse en marcha, pero ya en su planteamiento final excluía "a las personas no integradas en la comunidad cristiana". Además, trasladó al párroco del barrio de Casería, que había apoyado la movilización.

Homilías polémicas y un best-seller

Dos homilías de monseñor Martínez se convirtieron en motivo de polémicas, declaraciones cruzadas e incluso parodias en programas de televisión. Una, que aún colea en montajes en las redes sociales, en diciembre de 2009, en la que la mujer que aborta “da al varón licencia sin límite para abusar de su cuerpo”. A comienzos de 2012, fue su denuncia de “la España subsidiada” la que le hizo levantar las iras de extraños y la admiración de los propios.

Finalmente, hace apenas un año Martínez volvía al centro de la pista al publicar en España, a través de la editorial Nuevo Inicio, dependiente del Arzobispado, el ensayo Cásate y se sumisa, de la periodista italiana Constanza Miriano, que defendió atacando “al aborto y el divorcio” como destructores del modelo de familia tradicional. También se publicó la segunda parte: Cásate y da la vida por ella.

Este último episodio, el de su posible intento de ocultación de un caso de abusos sexuales, puede ir más allá de otra polémica mediática. Aunque para él no tenga las graves consecuencias legales que para los implicados, El Vaticano, ahora ocupado por el Papa Francisco, más cercano a aquel prelado Florido al que él sustituyó en Córdoba que a Juan Pablo II o Benedicto XVI, parece haber perdido la paciencia con el que fue el obispo más joven de España.

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