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"No basta con despertar lástima, es una cuestión moral"

Tras 30 años como activista animalista y presidente de la Sociedad Protectora de Animales de Medellín, el profesor y columnista Aníbal Vallejo (hermano del célebre escritor Fernando Vallejo) se presenta candidato al Concejo de su ciudad para defender a todas las especies y con el objetivo de "cumplir con lo que es de competencia de los entes oficiales".

La candidatura de Aníbal Vallejo supone la participación activa del movimiento animalista en la política institucional y la implicación de la sociedad intelectual en la consecución de derechos aún no conquistados.

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Aníbal Vallejo. Foto: © Mónica González

Aníbal Vallejo. Foto: © Mónica González

Hablo con Aníbal Vallejo, el de los animales, de Barcelona a Medellín. Porque ambas ciudades son ejemplo mundial por sus políticas públicas de protección animal, porque a Medellín le tocará decidir al respecto dentro de muy poco, en sus comicios municipales, y porque la mayor novedad, gran sorpresa para mí, fue encontrar entre los candidatos al Concejo a Aníbal Vallejo, conocido por más de 30 años de militancia cívica en la causa animalista, y especialmente en la Presidencia de la Sociedad Protectora de Animales de Medellín, la ONG animalista más antigua de Latinoamérica.

Medellín es de las pocas ciudades de Latinoamérica donde no hay tracción a sangre (caballos tirando de carros) en su tejido urbano, donde la Administración impulsó campañas de comunicación antitaurinas y donde los perros ni se matan ni se hacinan, sino que se esterilizan y se promueve su adopción.

En Barcelona se prohibieron las corridas de toros y el uso de animales en los circos, y es la única ciudad de todo el Estado español donde, desde hace más de 10 años, no se mata a los animales de compañía.

Profesor universitario, formado en arte y museografía, columnista habitual de varios periódico de gran importancia en Colombia, Aníbal Vallejo ha escrito libros y ofrecido centenares de conferencias. Conocido también por ser hermano del célebre escritor Fernando Vallejo e hijo de Aníbal Vallejo Álvarez, quien fue Ministro de Estado en Colombia. Excelente orador y con una memoria prodigiosa, resulta un auténtico placer, por el cual pagarías una entrada, el sentarse en su biblioteca a escuchar historias, anécdotas, argumentos y reflexiones filosóficas y políticas.

La candidatura de Vallejo refleja dos importantes aspectos que la hacen especialmente inédita y esperanzadora: por un lado, la necesaria participación activa del movimiento animalista en la política institucional, y por otro, aún más importante, la implicación de la sociedad intelectual en la consecución de los nuevos derechos aun no conquistados.

Vallejo se encamina hacia el Concejo para dar voz a los animales dentro de una lógica mas amplia, la lógica de una nueva sociedad y de un nuevo humano. Su objetivo es mantener algunas de las políticas bien encarriladas en la ciudad hasta la fecha, a la vez que poner en marcha todo aquello que todavía queda por hacer, y que nunca es poco.

Si tuviera que elegir diez palabras para sustentar su candidatura o su legislatura en un escaño de Medellín, ¿cuáles serían?

Educación, justicia, solidaridad, igualdad, pluralismo, compromiso, argumentación,  abolición, tolerancia, moral.

¿Cree que la política pública de protección animal ha llegado demasiado tarde o a destiempo?

La entidad que representé como presidente por 25 años, la Sociedad Protectora de Animales de Medellín, data del año 1917. Cuando yo llegué a su dirección, la ciudad atravesaba por una situación muy dramática de violencia por el narcotráfico.  No era la ocasión de presentar propuestas sobre animales, cuando el irrespeto a la vida cobraba sus víctimas sin discriminación.

El tema de los animales era marginal y desconocido cuando no era negado por la misma comunidad que en pocos años había cambiado esas épocas de sus inicios con un sentido cívico y había convertido el pequeño poblado en una incipiente ciudad, con la presencia en su seno de numerosos ciudadanos provenientes de distintos gremios.

Treinta años de trabajo voluntario con enormes limitaciones, generando los propios recursos para cumplir lo que es de competencia de los entes oficiales me han llevado a la política para hacer los cambios y concretar los procesos que de forma particular no logran trascender.

¿Qué se ha hecho en Medellín en materia de políticas públicas de protección animal?

Colombia, en comparación con otros países latinoamericanos, adoptó tardíamente una legislación, para lo cual tuvo que aceptar sus excepciones. Después de 26 años de aprobado el Estatuto Nacional de Protección de los Animales, no se ha reglamentado ni actualizado. Lastimosamente, una tendencia bienestarista, requerida por la comercialización internacional, ha marcado las relaciones con las especies animales en mi ciudad, como si de una concesión generosa se tratara, cuando es cuestión de justicia. Perfeccionar algo bien hecho es complicado.

¿Qué cree que puede hacer usted?

Los ministerios de Educación y del Medio Ambiente tienen la misión de lo ambiental, apoyando proyectos y utilizando los medios masivos. Por la Ley General de Educación constituye un área obligatoria, que no puede quedarse en la importancia de la Antártida o de la industria nuclear sin asumir el futuro que les espera a las especies animales. Para que las nuevas generaciones valoren lo que les rodea y den a las especies llamadas inferiores el trato digno que por principio les deben. La actitud sentimental con la que son mirados los animales es una manera evasiva para enfrentar la realidad que obliga a replantear presupuestos morales y a promover el desarrollo de nuevos ideales éticos. No basta con despertar conmiseración o lástima, es una cuestión moral.

Entre las muchas propuestas para mejorar la realidad de los animales en la ciudad, ¿podría destacar alguna?

La arquitectura, el transporte, los espacios públicos, el medio ambiente, son comunes a los humanos y a los animales en el contexto urbano. Sus necesidades son diferentes y no podemos humanizarlos construyendo espacios arquitectónicos inapropiados, para recluirlos o para comercializarlos.

¿Cuál es su elemento diferencial en relación a otros candidatos?

La interdisciplinariedad obliga a asumir una posición analítica y cercana a la academia para intervenir en los procesos que dentro del Concejo se dan. Se precisa una visión pluralista y reflexiva que permita incidir en la puesta en marcha de proyectos orientados a buscar un mejor desarrollo social, económico, urbanístico y cultural de la ciudad, al tiempo que se trabaja en los proyectos de respeto por las especies animales.

El Concejo municipal no puede ser un recinto para la hegemonía negado para otras voces que tienen el derecho a conformarlo, abriendo la oportunidad de las divergencias y otras miradas de un cuerpo colegiado, plural y democrático. No podemos desligar a los animales del contexto urbano, de la ciudad que compartimos: el mismo suelo, el mismo aire, las mismas calles.

¿Con qué apoyos cuenta para la campaña?

No cuento con aportes económicos, ni los busco. No pretendo convencer seguidores con ofrecimientos ni promesas. No presento imágenes impresionables, dolorosas ni tristes para despertar lástima. No busco escalar posiciones ni el reconocimiento vanidoso. No monopolizo ninguna temática ni usurpo la labor que la sociedad ha encomendado a los profesionales especializados. Me apoyo en sus conocimientos y acudo a conocer sus apreciaciones. No desprecio a los políticos, ni me considero superior a nadie. No soy misántropo y reconozco el derecho a compartir con otras especies para desarrollar una actitud humana basada en el respeto hacia los otros seres vivos. Mi apoyo son las realizaciones que sirven de aval al cumplimiento de un compromiso voluntario de 30 años, sin claudicaciones.

Como animalista, ¿ha sufrido ataques en el terreno político?

Lastimosamente, debo decirle que sí. En este momento soy objeto de campañas sucias, desobligantes, mentirosas y calumniadoras de quienes ahora actúan en el Concejo, y antes estuvieron de mi lado y en otro momento me hicieron distinciones en el recinto. Ahora, cuando aspiro a un escaño, soy para ellos enemigo, politiquero oportunista y niegan que haya trabajado por la defensa animal. No sé entonces qué defendía antes. Y ellos, ¿qué son? Ese es el tipo de política que la sociedad repudia y a la que yo no juego.

¿Con qué le atacan y qué responde usted a eso?

Un principio de la Declaración Universal de los Derechos de los Animales señala que el respeto del hombre por los animales va unido al respeto del hombre por sus semejantes. Principio que regula mi actuación en esta campaña política. No tengo ningún arrepentimiento en 30 años de voluntariado por la defensa animal, como si lo debe tener alguno de los que me atacan. En mis 845 columnas de prensa nadie me ha reprochado lo escrito. No participo de protestas, respeto la opinión ajena como parte de la pluralidad, no busco generar radicalismos. Sus mensajes insultantes hablan muy mal de ellos, no de mí. Por ello hago caso omiso a las agresiones, que me resbalan y no contestaré.

Si algo me impresionó cuando lo conocí en su casa en Medellín es su exquisita memoria y su cálida y correcta retórica para exponer sus recuerdos. ¿Puede despedirnos con alguna historia que quiera contarnos?

En un recinto campestre rodeado de jardines estaba con un grupo de profesores en reunión académica conformando un círculo. Por la puerta entreabierta se asomó un gato. Miró con detenimiento a su alrededor y a cada uno de los asistentes. Cruzó en diagonal el círculo, llegó a mi puesto y se echó a mis pies. Allí se quedó acompañándome hasta el final de la reunión. Alguien preguntó por qué se había echado a mis pies y otro le respondió: “Miren a quién busca el animal”. Quienes han conocido mi trabajo en la causa y mis actuaciones sabrán muy fácilmente de qué lado buscar.

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