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"Un alma lánguida escribirá una mierda; si profundizas en el mundo, tendrás algo que decir"

Martí Sales publica novela, ‘Principi d’incertesa’, a caballo entre la meta-literatura, la biografía y la crónica

El barcelonés desafía los métodos de escritura canónicos y reflexiona sobre el oficio de escribir: “Como proceso y no como finalidad”

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Martí Sales en el bar Els Tres Tombs del barrio de Sant Antoni / SANDRA LÁZARO

Martí Sales en el bar Els Tres Tombs del barrio de Sant Antoni / SANDRA LÁZARO

Una primera entrevista a un escritor debe ser dramática como la escritura de un primer libro. Todo inquietud. Pero no nos engañemos, ni cuando uno se piensa que hace la primera entrevista a un escritor (¿qué significa ser escritor?) es la primera, ni cuando uno escribe un primer libro (¿qué es la escritura?) es el primero. Escritores hay muchos, de muchos tipos; más cerca de lo que creemos. Y libros escribimos todos, a todas horas –o, como mínimo, nos pasamos la vida intentando construir un auto-relato verosímil–. Así lo cree Martí Sales (Barcelona, 1979), que es de los que mantiene los ojos bien abiertos –y las orejas más– todo el día. Sabedor que, como una puerta oxidada, la libreta de escritor, la 9x14 que lo acompaña, no se acaba de cerrar nunca (si uno quiere hacer bien su trabajo). "Todo es food for the soul", concluye.

Después de probar con la traducción (Kurt Vonnegut, entre otros), la música (Surfing Sirles, RIP), la narrativa (Días felices en prisión), la sección Gay y Lésbico de TimeOut... Martí Sales publica Principi d'incertesa (Principio de incertidumbre) en la Editorial Males Herbes, una mezcla entre el proceso de escritura y la biografía, una mixtape de disciplinas (y de la propia vida). Un viaje.

Nos encontramos en Tres Tombs, bar mítico al ladito del Mercat de Sant Antoni. Debíamos vernos YA; a finales de octubre se marcha a presentar la traducción al inglés de su primer libro de poesía Huckleberry Finn (2005) a Toronto, al International Festival of Authors. Poca broma.

Él se sienta en la silla donde le queda perspectiva directa del cruce; la mejor silla, la de interactuar. Pasan dos chicos y una chica y le sueltan a Sandra Lázaro (fotógrafa): "Haznos una foto, que nosotros sí tenemos cosas que decir", ríen. Por la cara, han madrugado; o no han dormido, directamente. Ay, las terrazas. Jugamos en casa de Martí: los baretos, la calle, los barrios. Hablar con él es la mejor manera de entender el oficio –y el no-oficio– de escribir. Quizás me explique porqué no había entrevistado nunca hasta ahora a un escritor; quizás entienda que había entrevistado muchos más de los que creía, sin saberlo.

Principi d'incertesa. ¿Había un planteamiento inicial?

Para mí la escritura no es la transmisión de una idea preconcebida en un texto sino que a partir de la misma escritura genero pensamiento. Por lo tanto, escribo y la escritura me lleva a ciertos lugares, como el pensamiento. Escribo lo que me pasa, desde el lugar donde estoy, y poco a poco, hay ciertos centros de interés que se encuentran.

No hay un masterplan.

A veces hay fases de la escritura que son cerradas. Y otros se retoman. No hay un masterplan. No escribo un libro sobre qué/quién/aquello.

¿Es lo que nos han vendido básicamente, no?

Dentro del mundo de la escritura hay una jerarquía salvaje que favorece y entroniza la novela. La novela decimonónica del siglo XIX (personajes; principio, nudo y desenlace). Para construir eso lo mejor es: 'Post-it y un mapa'. [abre los brazos como dibujando una gran pared llena de hojas con garabatos]. Yo no conozco ningún escritor que lo haga así. Seguramente debe haberlos, pero siempre me he relacionado con la escritura de una manera mucho más bestia: pienso escribiendo, por lo que en la propia escritura está la razón de ser de la escritura. Me siento un falso si me pongo a decir: 'Escribiré una novela donde pase esto, y habrá tal personaje...'. Todo lo que he hecho hasta ahora ha dejado mucho más espacio a la escritura en sí.

Martí Sales en el bar Els Tres Tombs del barrio de Sant Antoni / SANDRA LÁZARO

Martí Sales en el bar Els Tres Tombs del barrio de Sant Antoni / SANDRA LÁZARO

Entonces, ¿no hay método?

Siempre he seguido el mismo procedimiento: un a-procedimiento. Es un procedimiento que él mismo se va encontrando. Hubo varios viajes, entre medio he escrito otros libros... No sé, lo materiales los vas escribiendo, los hay que se quedan en un cajón, otros desaparecen y, de repente, un día miras, repasas y te das cuenta que este y aquel hablan de lo mismo... Y fluuuuup, resulta que siempre has estado hablando de lo mismo.

En un análisis posterior...

Correcto. Mira, este es el tema central del libro [piensa bastante rato]: ya nos podemos ir preguntado las grandes preguntas que todo es absurdo. Nunca sabremos nada. Vivir, vivimos probando. Nunca encontrarás el sentido final de todo, o será absurdo. La incertidumbre de estar perdido. 'Y de repente se muere alguien. Mientras yo estaba: Piiiiiriiiipiiiiiriiiiiiipippppp', la realidad se ha encargado de darme una lección y sacudirme estos esquemas limitados (que responden a los límites del propio cerebro humano) de pregunta-respuesta y causa-efecto ante la complejidad de todo.

Pero esa idea de fondo, ¿cómo la materializas en espacios/escenas/personajes?

Al final cogí una parte de mi vida, de 2008, para hablar de lo que pasa entre lo que escribes y lo que te pasa, y qué distorsión hay. A veces puedes escribir muy bien de lo que te pasa y otras no... Va de todo esto pero siempre muy arraigado en las cosas. Parece meramente biográfico, dietario, pero detrás hay una búsqueda constante de ver qué relación existe entre la escritura y la vida.

¿Esto supone una dificultad estilística? El libro tiene textos muy dispares...

No era tan difícil porque en este proyecto quería mostrar diversas maneras, varios ritmos. Dentro de esta amalgama, a pesar de haber textos muy diferentes, al final yo soy el mínimo común denominador. No sabría describirte cuál es mi relación con la escritura puramente a nivel de estilo .

Déjame volver a mis esquemas benedictinos: ¿Cuál es la rutina? El día a día, ¿te permite escribir, o te lo impones?

De vez en cuando he hecho períodos de retiro. Y... Siempre llevo una libreta. Pero siempre he desvinculado el proceso de la escritura con la escritura: yo estoy escribiendo todo el día, ahora mismo. Todo el tiempo es material. Es decir, escribir no es el acto físico, sino enfocarse en la escritura (no para usar el material siempre, eh) sino como fondo. Todo lo vas poniendo en un cajón. Todo lo que escribo ejercitando los dedos [hace gesto como de mecanografiar] va al cajón. Para mí es una formación constante: cuanto más me formo en la vida, más me formo como escritor. Como un maestro zen ante un cuadro siete años y al final hace un trazo... Y es una puta maravilla.

Muerte a los horarios, las escuelas y demás mandangas

Hay mucha gente que se disciplina con horarios, y no puede ser. Para mí no desvincular la vida de la profesión y enfocarse, es lo mismo. Todo cuenta y todo juega. Un concierto, un paseo, un polvo, una entrevista... Todo es food for your soul [comida para el alma]. Un alma lánguida escribirá una mierda; si profundizas en el mundo, tendrás que decir.

Todo es material, ok. Pero ¿genera dudas el 'hasta qué punto me expongo'?

Es un tema que está ahí, y por el que he pasado varias veces. Una vez publicado, pensé: 'Enseño mucho el culo'. Aunque en el proceso de escritura nunca pensé que fuera un criterio. Escribía según lo que me pedía el texto. Si aquel trozo requería cosas absolutamente verdaderas, pues sigo el reclamo del texto. Y después sí que dices: 'Pero si hablo de una orgía de no se qué...' [risas].

Martí Sales en el bar Els Tres Tombs del barrio de Sant Antoni / SANDRA LÁZARO

Martí Sales en el bar Els Tres Tombs del barrio de Sant Antoni / SANDRA LÁZARO

Cuando dices, aplicado al mundo de la traducción: 'Mejor intentar reproducir una idea que no ser estrictamente fiel a las palabras'. ¿La verosimilitud es lo más importante? ¿Qué papel juega la realidad en la auto-biografía? ¿Hasta qué punto hay un juego literario?

Es pura literatura todo el tiempo. Es un mundo cerrado. La verdad es la verdad que el mismo texto genera. Debe ser verosímil consigo mismo el relato. Ahora he estado en Paraguay y tengo que escribir un par de temas. Te diré algo que tiene que ver con el libro, la forma en que entiendo la crónica y la literatura: tú te pones delante de una realidad X y los procedimientos habituales de conocerla son el estudio sistemático, las entrevistas, métodos etnográficos, datos, y... Llegas a lugares interesantes. Pero, si tú lo que haces es abrir otro camino (el de la sensibilidad y el de la creación), si lo haces bien, es increíble, ¡porque llegas al corazón de las cosas! Y por método científico no llegarás nunca, porque el corazón de las cosas es ignoto. Si vas aix í, la realidad hará ax à s.

El atajo del arte.

El atajo del arte, absolutamente aleatoria y azarosa. En Paraguay he usado la intuición y la escritura, y a veces este combo te permite llegar muy lejos. Un ejemplo. Yo creo que he llegado más lejos viendo las pelis de Kurosawa que con los manuales sobre Japón. El cine y la literatura son salvajes porque hay un mediador que rompe esta lógica del causa-efecto que te decía antes. Este es el poder que tenemos como seres vivos y sensibles. Sino nuestra relación con el mundo son compartimentos estancos. O tomas setas [drogas] o necesitas algún otro truco. Si no te das golpes contra la pared [impacta la cara de la mano derecha con la palma de la izquierda, simulando el golpe].

Parte de esto es el periodismo literario, entiendo.

Bruce Chatwin, y de otra gente muy potente del periodismo literario juegan a esto. Algunos lo utilizan más narrativamente y otros más líricamente.

Miedito te daría el concepto que se tiene al respecto de la mirada en las facultades del periodismo

¿Se quiere una foto, no? ¿La realidad 'tal y como es, no'? [ríe] Hay unas páginas del Joseph Roth, periodista... El tío era acojonante. Él había hablado mucho de la mirada.

El libro está plegado de referentes, ¿esto puede hacer que mucha gente se aleje? Tanto disco, canción, escritor...

Como siempre, me lo planteo después. Cuando estoy escribiendo no pongo la oreja a los cultismos [hace el gesto de las comillas]. Yo creo que responde a algo programática mío: quiero aprender cosas. Todos los libros que me han gustado, me han enseñado. El otro día un amigo me decía: terminé tu libro y me fui corriendo a comprar el de Flann O'brien, y yo dije: 'Qué bien!'. ¡Qué puta maravilla! Para mí es muy orgánico, todo tiene un sentido dentro del texto, por eso no me da miedo citar. Lo que sí me haría mucha rabia sería que se me tomara por pedante o sabelotodo. Me gusta que haya información: discos, libros, pelis, vocabulario... Chicha.

Que no quede elitista.

El hecho no son la cantidad de referentes sino como se dan. Si el escritor está vistiendo un discurso elitista y su obra va de este rollo, será una mierda. Para mí el autor más extremo en este sentido sería Nabokov. Él habla mil lenguas y los personajes también... Está hablando de su mundo, a mí me gusta que me enseñen cosas que no sé. Prefiero ir a un bar que no conozco que a uno que conozco. Yo, si un autor que me mola se entusiasma por algo, pues mejor.

Martí Sales en el bar Els Tres Tombs del barrio de Sant Antoni / SANDRA LÁZARO

Martí Sales en el bar Els Tres Tombs del barrio de Sant Antoni / SANDRA LÁZARO

Siempre hablas del "entusiasmo" como motor...

No sé... lo practico desde antes de decirlo. Es mi manera de relacionarme con el mundo. Me levanto de buen humor y me parece que el mundo es un lugar para aprovechar; sino, te puedes morir. Y el entusiasmo es una fuente maravillosa de felicidad, y no es egoísta, siempre es colectiva. Hay un gran referente de eso... "Elevación, entusiasmo, elegancia", título de la obra completa del Francisco Casavella. Sale de una nota del disco "A Love supremo" de John Coltrane. Esas tres palabras quisiera que fueran mi escritura. "Elevación" algo muy potente; "Entusiasmo", por la energía; "Elegancia", bien escrito. Fantástico.

Volviendo al libro. Por lo que cuenta y por cómo se explica, Principi d'incertesa es una batalla entre el costumbrismo y la trascendencia.

Me alegro, era el gran miedo que tenía. Mucha gente lo ha leído sólo como un anecdotario, cuando por mí son detalles y cosas concretas. ¿Has leído la columna de Jordi Graupera? Para mí es eso. La lectura más buena que han hecho de este libro. Más allá de todos los detalles hay unas ideas que quiero que estén allí dando cuerpo de verdad en el libro, que no deja de ser un artefacto. La trascendencia es lo que cose el libro. Sin ella, no tendría volumen. Sería una cosa delgada. La literatura puede ser compleja sin parecerlo, esto es lo interesante.

El gran miedo sería, imagino, hablar diretamente sobre la trascendencia.

Claro, la base de la literatura: 'Show do not tell'. Es decir, que la gente saque su propia conclusión, pero tú no lo explicites.

Por eso es tan horrible la literatura...

...la literatura mala: 'Pepet estaba tan triste' [Lo dramatiza]. ¡Coño! ¡Muéstrame cómo estaba! No te creeré porque me lo digas. Cuéntame el cómo, déjame que yo lo vea. Sino es muy torpe. Hay un ejemplo muy claro: el libro de Nuria Martínez-Bernis, Deix on dir, que es un puto viaje al infierno. Es una depresión chunguísima. Y en ningún momento dice depresión ni tristeza. La tía viste un imaginario mega-complejo porque digas: me estás llevando a las puertas del horror.

Acabamos Martí ¿Se pueden planificar libros?

¿Que si se puede hacer? Sí, y lo hace todo el mundo constantemente. Yo no. Te lo he dicho al principio. Me llama la escritura y a partir de ella estiro o no estiro. Normalmente sí sé que cuando termino un libro el siguiente no tendrá nada que ver. He publicado cuatro y ya te puedo decir que el siguiente no tendrá nada que ver ni con éste ni con los demás. Esto es lo que me hace trempar [empalmarme]. Sin proponérmelo, la voluntad de buscar en la escritura te lleva a un lugar nuevo. Yo no tengo una idea y la llevo al papel, no soy un narrador convencional buscando el tema del que no se ha hablado en literatura catalana.

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