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Causa y efecto: el ejemplo de la Astrología como pseudociencia

  • La existencia de correlación no implica causalidad.
  • La Astrología ha persistido a lo largo de la historia a pesar de una falta total de evidencia científica y de que no existe un mecanismo que explique cómo los astros podrían ser la causa del comportamiento humano.
  • Sin embargo, sí podría haber mecanismos fisiológicos en la madre que explicasen el comportamiento de los hijos según la fecha de nacimiento.
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Las Pléyades

Las Pléyades

Desde tiempos remotos los humanos han intentado predecir una gran variedad de sucesos en función de lo que ocurría en el firmamento. Es obvio que esta querencia por la interpretación del patrón celestial se basa en la experiencia. Desde los bosques tropicales hasta los polos, pasando por los desiertos o la campiña francesa, la posición de las constelaciones a una determinada hora del día puede anunciar de manera más o menos exacta la proximidad de la época lluviosa o el invierno (dependiendo de las coordenadas del globo en que nos encontremos). Así el nacimiento de la Astrología podría haber tenido inicialmente una base puramente empírica, basada en experiencias o mediciones reales. Sin embargo, incluso si aceptásemos que alguna parte de la Astrología, tal y como se usa hoy día, tuviese algún poder predictivo, deberíamos preguntarnos si la causa (posición de las constelaciones) es lo que lleva al efecto (ej. perfil de personalidad). A través de este caso (la Astrología) queremos analizar en este post una de las labores principales de la ciencia: dilucidar sin ambigüedades las causas que llevan a determinados efectos observados.


Hoy en día a (casi) nadie se le ocurre pensar que son las estrellas presentes en el firmamento en un momento puntual las que tienen el poder de determinar la llegada de las lluvias, tal y como presupondría una Astrología ancestral y geocéntrica. Y eso a pesar de que la estacionalidad sí tiene que ver con la interacción entre la Tierra y el Sol. La diferencia entre la verdadera causa de la estacionalidad (la inclinación del eje de La Tierra respecto a la eclíptica que hace que el Sol incida de manera diferente sobre los diferentes puntos de ésta en diferentes épocas del año) y la coincidencia entre las estaciones y la posición de las constelaciones nos lleva a un corolario importante en ciencia: “ correlación no implica causalidad”. Con el movimiento del globo terráqueo alrededor del sol, la noche nos orienta a una parte diferente del firmamento en las diferentes estaciones. Esta es la razón de que veamos constelaciones diferentes, o bien las mismas a diferentes horas, y la razón por la que coincide con el cambio de las estaciones. Es decir, una tercera razón coincidente (la órbita terrestre) explica la asociación entre la configuración del firmamento y la estacionalidad, en un claro ejemplo de como correlación no implica causalidad.


Este “error histórico” fue corrigiéndose a lo largo de los siglos, seguramente impulsado por la aceptación definitiva de la teoría heliocéntrica. Sin embargo, las consecuencias de la extensión del poder adivinatorio de las estrellas a muchos otros ámbitos humanos perduran hasta nuestros días. En un principio (hace unos 4000 años), la Astrología intentaba hacer premoniciones mundanas (sobre fenómenos meteorológicos y climatológicos) y fue después de Ptolomeo, quien recopiló el “conocimiento” astrológico en su Tetrabiblos (S. II) cuando este “ arte adivinatorio”  se extendió a la personalidad humana y la premonición de sucesos humanos. Lejos de alejarnos de la Astrología como del borracho que nos da la plasta en un bar, como científicos debemos preguntarnos lo siguiente: ¿existe evidencia de que las posiciones de los astros (causa) afectan al comportamiento humano (efecto)?


Sin ir más lejos, el padre de la filosofía de la ciencia moderna, Karl Popper, ya utilizó a la Astrología como ejemplo de disciplina pseudo-empírica, dado que no se ajustaba a los principios del falsacionismo (el contraste con la negación de la pauta propuesta). Y esto es porque una de las maneras más potentes que tienen los científicos de establecer una relación causa-efecto sin equívocos es la experimentación, mediante la manipulación de la causa potencial y el posterior estudio del efecto y la comparación de sus resultados con un control (muestras en las que no se ha manipulado dicha causa potencial). Uno de los problemas principales de la Astrología es que no podemos modificar experimentalmente los planetas y las estrellas para ver su efecto sobre las personalidades. Sin embargo, si no existe una asociación (correlación) entre la fecha de nacimiento y los perfiles de personalidad propuestos por la Astrología, esto bastaría para concluir que la Astrología carece de poder predictivo, lo que nos lleva a otro importante corolario: la ausencia de correlación apunta a la falta de causalidad.


Como cabía esperar de una pseudo-ciencia, ninguno de los trabajos en que se ha investigado la relación entre las personalidades y la posición de los astros ha encontrado evidencia alguna de correlación entre fecha de nacimiento y el perfil astrológico de personalidad. Y esto a pesar de que, curiosamente –aunque sin coincidir con las personalidades propuestas por la Astrología, sí existen algunos indicios de que la fecha de nacimiento afecta a la personalidad. Debido a la falta de un mecanismo físico plausible y de fuertes contradicciones con la realidad astronómica podemos descartar a los astros como la causa directa de este enlace. Entonces, ¿qué mecanismo podría ser responsable de esta asociación? En otras palabras ¿cuál es la causa real de la correlación entre fecha de nacimiento y los perfiles de personalidad?


Una de las maneras en que avanza la ciencia es con hipótesis que deben ser contrastadas más pronto o más tarde. Sin ningún tipo de pretensión, y sólo por razones didácticas, nos gustaría aquí aventurar una, y es que la melatonina podría, a través de su interacción con el medio interno de la madre, afectar al desarrollo del sistema nervioso del feto y por ende al comportamiento del adulto. La melatonina es una hormona cuya segregación en los mamíferos depende del fotoperíodo (duración del día) y está involucrada, entre otras cosas, en el ciclo sexual (celo). Esta hipótesis sí sería falsable y contrastable. Por un lado, dado que la segregación de melatonina aumenta con las horas de luz, sería de esperar que los perfiles de personalidad de una persona nacida en agosto en el hemisferio sur tuviese un de perfil de personalidad similar a otra a igual latitud en el hemisferio norte, pero nacida en febrero. Obviamente, este efecto sería residual y no muy fuerte, dado que otros factores ambientales (en particular la educación), así como la genética, tendrían seguramente efectos más importantes.


Pero sí es posible estudiarlo. Por ejemplo, a partir de un experimento con ratas de laboratorio en el que se suplementen las dietas de algunas hembras con melatonina, estudiando si existen cambios consistentes en la “ personalidad” de su descendencia (comparado con una serie de individuos “control”). Dichos resultados, combinados con una demostración de cómo los diferentes fotoperiodos afectan el contenido en melatonina de la bolsa intrauterina durante el embarazo, pueden permitirnos armar el puzle de una hipótesis que, a diferencia de la Astrología, habría sido construida en base al conocimiento de los procesos subyacentes de un patrón real observado. Identificar mecanismos plausibles es pues una importante tarea de los científicos cuando se pretende establecer relaciones causa-efecto. La búsqueda bibliográfica de estudios anteriores relacionados con diferentes aspectos de la fisiología asociada a la melatonina puede ser de gran ayuda en este respecto. Haciendo este último ejercicio, vemos que la idea de que la melatonina podría afectar al comportamiento en la descendencia viene apoyada por el hecho de que esta molécula protege a la materia blanca del sistema nervioso central del feto, y que se ha propuesto que de hecho la cantidad de esta substancia en el embarazo puede estar detrás del desarrollo de esquizofrenia en los hijos. Pero en ausencia de la conexión final entre fecha de nacimiento y personalidad, mediada o no por este mecanismo (la melatonina que sintetizan las madres durante el embarazo), y la existencia de numerosas “razones coincidentes” con la fecha de nacimiento hacen que la Astrología carezca, hasta el momento, de fundamento científico.


Parece pues que la Astrología es pseudociencia y forma más bien parte del campo de la magia. Sin embargo, a pesar de su nula base científica, algunos estudios sugieren que desde 1930 hasta 1980 existe cierta estabilidad en las creencias astrológicas de la población occidental, y muestran que el 41% de las personas creen en las personalidades de los horóscopos, el 26% en las predicciones de los periódicos y el 13% han consultado por lo menos una vez a un astrólogo. ¿Será que los humanos tenemos una atracción innata por lo mágico? No sabemos si esto será cierto, pero lo que sí está claro es que los medios de comunicación se hacen eco en multitud de ocasiones de causas y efectos apoyados por simples correlaciones, lo cual, como se muestra en el caso de la Astrología, puede ser bastante contraproducente. Es bien conocida la propensión de nuestra especie a buscar en lo esotérico explicaciones a lo que resulta difícil o imposible de explicar sobre la base del conocimiento. La Astrología, como otras pseudociencias tiene mucha incidencia en los sectores sociales de menor nivel educativo así como en los más “frágiles” (desempleados, enfermos, personas aisladas). Lo que convendría corregir es la frecuente propensión de los medios de comunicación de hacerse eco de causas y efectos que se apoyan en simples correlaciones, lo cual  confunde sobre la solidez de una predicción y perjudica la formación racional y científica de la sociedad. Por ejemplo, en EEUU siempre se ha creído que conseguir más dinero para las campañas políticas aumenta el número de votos al partido financiado. Pues, bien, a pesar de que es obvio que los partidos con más dinero consiguen más propaganda y más votos al poder monopolizar los medios de comunicación (algo que podríamos llamar mediocracia más que democracia), resulta que un estudio demostraba que, una vez dentro de un contexto mediocrático de monopolio bipartidista, la causa del incremento de votos (y curiosamente también de conseguir más donaciones) era lo atractivo del candidato... y es que, insistimos, correlación no implica causación...



Imagen: Las 7 Pleyades. Esta foto se obtuvo de tomas astronómicas que fueron puestas a disposición del público a través del Digitized Sky Survey.

http://www.flickr.com/photos/jimkster/832582262/

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