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Elcogas: el fracaso de una apuesta por las renovables

Con la desconexión de la central de Puertollano acaba también la única planta de gasificación de ciclo combinado de este tipo en Europa

El Gobierno central en funciones ha rechazado un plan de viabilidad de la empresa que apostaba por producir un 30% a partir de biomasa

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Planta de ciclo combinado de Puertollano / Elcogas

Planta de ciclo combinado de Puertollano / Elcogas

El cierre de la planta de Elcogas en Puertollano no solo ha supuesto el final de la esperanza para cerca de 150 familias y para un movimiento social que ha durado año y medio y sin casi precedentes en la comarca, sino también el fracaso de un modelo de generación de energía eléctrica que no ha podido encontrar encaje ni viabilidad dentro de la regulación del sistema energético impulsado por el ministro de Industria, José Manuel Soria. La propuesta de viabilidad aprobada por los accionistas y respaldada por el comité de empresa y los sindicatos ni siquiera ha sido considerada como tal por el Gobierno central, en una decisión que supone dar portazo a una apuesta por las energías renovables.

La empresa siempre estuvo en el punto de mira de Industria desde que solicitara su propio cierre en julio de 2014 debido a las pérdidas acumuladas de 190 millones de euros, según apuntaron entonces. Sin embargo, conforme pasaron los meses algunos estudios apuntaban a su revitalización y a las posibilidades que ofrecían otros regímenes retributivos aplicados a las energías renovables. Desde la propia compañía lo defendieron algunos de sus miembros como Pilar Coca Llano y Francisco García Peña, de la Dirección de ingeniería, en un artículo publicado en la revista IndustriAmbiente.

En ese texto apostaban por la eficiencia energética de la central mediante el aprovechamiento de biomasa y residuos. El Plan de Inversiones en IDI, realizado en 2007 contemplaba desarrollar la tecnología de ciclo combinado aplicada a la generación de energía sostenible, reduciendo el impacto ambiental con el mínimo de coste producción. Ambos hablaron de un “comportamiento ambiental excelente” y de un cumplimiento estricto de la Directiva de Emisiones Industriales (DEI).

Pero la compañía, de accionariado internacional y con un 40% en manos de Endesa, puso su futuro en manos del Ministerio, departamento que apalabró con los trabajadores, en marzo del año pasado, que pasaría a formar parte del famoso ‘Decreto del Carbón’. El Gobierno envío el borrador de esa orden ministerial a la Mesa del Carbón, con Elcogas incluida de forma específica, reconociendo sus “méritos tecnológicos en medio ambiente” desde su origen. Sin embargo, el pasado mes de mayo, la compañía consideró insuficiente esa propuesta de incentivos al consumo de carbón nacional.

Entre los incentivos al carbón y el plan de viabilidad

A partir de ahí, el futuro de la central parecía decidido. Pese a las manifestaciones, a la petición de la empresa de aprobar un régimen retributivo específico similar al de la planta de Hunosa en Gijón, en agosto la Comisión de los Mercados y la Competencia (CNMC) tumbó esa orden ministerial de incentivos y el Ministerio de Industria emitió resolución fijando la desconexión de la compañía. La fecha era el 31 de octubre, pero se prorrogó hasta el 31 de enero, después de las elecciones generales. En paralelo, se produjo un baile de cifras entre lo ofertado por el ministro Soria (27 millones de euros) y lo afirmado por su secretario de Estado, Alberto Nadal (15 o 20 millones), para salvar la compañía

Entre medias, el 22 de diciembre, los accionistas aprobaron un plan de viabilidad consistente en la hibridación de combustibles fósiles y biomasa para su uso en planta, que el Ministerio solo consideró una “declaración de intenciones”. Previamentem el Gobierno central ya había excluido a Elcogas del real decreto de subasta de energías renovables destinado a potencia eólica y a biomasa, donde no se recogió ningún régimen retributivo especial por producción de electricidad mediante quema de carbón. Esa era la solución que pedían tanto los sindicatos como la propia empresa. Una solución que nunca ha llegado y que hoy ya parece prácticamente imposible.

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