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Unidad. Lucha. Batalla. Victoria. Podemos. Ganemos

El autor desgrana una serie de razones para alcanzar un acuerdo entre las fuerzas de la izquierda transformadora de cara a los próximos procesos electorales en España. Un acuerdo que provoque la caída del régimen de 1978.

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La aparición de Podemos en el panorama político estatal ha generado un escenario que creo que no estamos sabiendo gestionar. En estas líneas quiero reflejar mi posición respecto a esta situación ilusionante que debemos aprovechar para iniciar un camino que nos lleve a “darle la vuelta a la tortilla”.

Muchos militantes de organizaciones políticas con trayectoria en la lucha por la transformación -en mi caso, PCE e IU- hemos visto este fenómeno casi como una intromisión, como si Podemos se hubiese apropiado indebidamente de un apoyo social que nos perteneciese a nosotros, desconcertados ante una situación que juzgamos injusta. Hemos respondido a este fenómeno de un modo inapropiado, afectados por una especie de ataque de celos que nos ha dificultado llevar a cabo un análisis político serio y sereno.

Desde la izquierda, históricamente, hemos tenido mucha más facilidad para encontrar motivos para la división que puntos de encuentro que nos proporcionen espacios de confluencia. Esta circunstancia ha llevado a una fragmentación de la izquierda que nos impide aparecer como una alternativa real a los partidos que sirven al verdadero poder que no es otro que el gran capital, la oligarquía capitalista.

En mi opinión IU tiene un programa y proyecto apropiados para poder llevar a efecto una verdadera transformación social que es cada vez más urgente, pero el grueso de este programa y proyecto no es patrimonio exclusivo suyo. Equo-Compromis-ICV, Bindu, CHA, Anova, CUP y otras muchas organizaciones políticas comparten planteamientos en el ámbito social, pero no cuentan con el apoyo popular necesario para aspirar al gobierno.

Podemos, con una base programática muy similar a la de estas organizaciones, ha sido capaz de ocupar un espacio político al que aquellas no han llegado. Tenemos que reconocer a Podemos -y no sólo reconocer sino agradecer- que ha conseguido captar para posiciones de izquierdas el apoyo de sectores sociales y populares con profundo hartazgo de la forma actual de hacer política. En otros Estados han sido captados por la extrema derecha, como el Frente Nacional en Francia, o por bufonadas populistas como el Movimiento Cinco Estrellas en Italia. Y digo “para posiciones de izquierdas” porque a pesar de que Podemos no se define como un partido de izquierdas, es evidente que su programa sí lo es. Así lo evidencia su pertenencia al grupo de la Izquierda Unitaria Europea que comparte con IU y Bildu.

¿Cuáles son los motivos que han llevado a una fuerza nueva como Podemos a conseguir un ascenso en apoyo popular sin precedentes en la historia? Para explicarlo, hay muchos motivos que podrían resumirse en tres.

El primero de ellos sería la popularidad de su líder, Pablo Iglesias; popularidad conseguida gracias a su participación en muchos programas televisivos donde se ha fajado con mucha habilidad con los representantes más reaccionarios de los medios de comunicación más reaccionarios.

La segunda razón sería el lenguaje utilizado en esos debates. Un lenguaje exportado a los actos políticos de Podemos y que conecta con las inquietudes de una ciudadanía hastiada del discurso político estándar y uniformado. El discurso de Podemos puede ser tachado en ocasiones de ambiguo, pero hay que reconocerle que ha conseguido activar a grandes bolsas de ciudadanas y ciudadanos que hasta su aparición no se habían visto representados por ninguna otra opción, o que se habían alejado de aquellas por las que hubieran optado en momentos anteriores.

El tercer motivo sería que este partido nuevo estaría libre del lastre de que supone el estar vinculado a un sistema caduco. Organizaciones como IU han combatido frontalmente este sistema, pero no han conseguido que el sector de la ciudadanía opuesto a este régimen la viera como su herramienta para derrocarlo. Si a esto añadimos que algunos militantes de IU han sido “pillados” vinculados a tramas de corrupción, esta organización aparece a los ojos de esa ciudadanía hastiada como un miembro más de ese régimen sustentado en la plutocracia.

Este plus con el que cuenta Podemos -al que no se le puede vincular a este régimen debido a que acaba de nacer, no tiene pasado y por lo tanto nada que se le pueda detectar- le supone también el mayor de sus obstáculos para poder alcanzar sus pretensiones. Podemos está basado en una imagen atrayente que no tiene ninguna estructura organizativa afianzada y que como consecuencia negativa tiene la falta de coherencia en el discurso de sus “círculos”. La ausencia de mecanismos de control sobre quién puede pertenecer a este partido y quién no lleva a que puedan formar parte de él personas que provienen de la izquierda militante y otras que aterrizarían desde la extrema derecha. Puede haber círculos que defiendan planteamientos antiimperialistas y otros que defiendan el mantenimiento de las bases de la OTAN porque éstas generan empleo. Por otro lado, tienen un programa bienintencionado, pero carecen de experiencia de gestión y de una estructura mínima para llevarla a cabo.

En este momento estamos en un punto crítico en el que de actuar bien podemos dar un gran salto adelante, dándole la “puntilla” a un régimen que agoniza pero que lo hace dando cornadas mortales. Ahora se trataría de aunar lo nuevo y lo viejo, la fuerza y la experiencia, la formación y el control. En una palabra: la sinergia

¿Cuál debería ser la salida? Éste no es momento para sectarismos ni egoísmos. Hay que apostar por un Frente Amplio, un Frente Popular, un Ganemos, un Syriza... el nombre es irrelevante. Un frente para echar abajo este régimen perverso. Un frente en el que tengan cabida no solo los militantes de los partidos que buscan claramente la transformación social. Un frente abierto a todos los movimientos sociales que resisten día a día los embites de estos sirvientes de la oligarquía capitalista, en el que debieran encontrar la puerta abierta incluso muchos militantes del PSOE que no hayan participado en las maniobras de la dirección de su partido no sólo en cuanto a corrupción se refiere, sino en la toma de medidas legislativas destinadas a acrecentar más aún más la injusticia y la desigualdad social.

Para que esto sea posible es necesario que no gastemos munición con nuestros aliados clásicos. Es un despropósito estar buscando compulsivamente informaciones de decisiones incoherentes por parte de los portavoces de Podemos o de algunos de sus “círculos”. Por otro lado, los dirigentes del joven partido deberían evitar declaraciones insultantes o provocadoras hacia organizaciones con mucho bagaje positivo y cuyos militantes no van a permitir que sean humilladas. Cada comentario ofensivo tiene como consecuencia que los militantes de estas organizaciones cierren filas, se cohesionen y comiencen a disparar para al lado en vez de guardar la munición para enfrente.

Resumiendo, habría que evitar el cainismo y el adanismo, ser generosos, poner los objetivos colectivos por encima de los particulares, hacer que tengan más peso las muchas coincidencias que las pocas diferencias y tender puentes a la colaboración entre los que compartimos el objetivo de derribar este régimen e implantar un sistema que se ponga al servicio del pueblo en vez de servir a los poderosos.

Si no conseguimos confluir bajo una candidatura única que le dé el poder al pueblo, sentemos al menos las bases para una futura colaboración en función de los apoyos populares que obtenga cada opción.

Soy militante del Partido Comunista de España. Un partido que lanzó el llamamiento a la política de frentes populares en 1934 frente al avance del fascismo, que elaboró un análisis correcto, en un principio acusado de visionario y alarmista, pero que el tiempo proclamó desgraciadamente como acertado. Pero este mismo partido, mi partido, ha vivido periodos de extremo sectarismo; un sectarismo que llegó al paroxismo el 14 de abril de 1931 cuando, mientras el pueblo estaba en la calle celebrando la proclamación de la II República, el PCE salió al grito de "¡Abajo la república burguesa!".

Esperemos que el futuro próximo esté inspirado por la visión estratégica de los que apostaron por la confluencia en el 34 y no por el sectarismo de los del 31.

Esperemos que la noche en que se proclamen los resultados de las próximas elecciones generales podamos salir de la mano a celebrar un primer paso para la caída de este régimen y que no gastemos nuestros recursos desgastándonos entre nosotros acusándonos de impuros o revisionistas.

El tren está a punto de pasar, no lo perdamos.

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