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El reconocimiento de Palestina: un primer paso en la senda correcta

El reconocimiento por parte del Congreso español del derecho de autodeterminación del pueblo palestino es un paso valioso para la consecución diplomática de los dos Estados

A Israel hay dos cosas que le incomodan mucho: la prensa libre y el derecho internacional. Por eso ha condenado el pronunciamiento

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Para quienes estuvimos en el Congreso español, la votación que casi por unanimidad ha interpelado al Gobierno para que reconozca el Estado de Palestina fue un momento histórico. Un buen primer paso que envía un mensaje en la dirección correcta. Con independencia de todos los comentarios y análisis que puedan darse, lo cierto es que el Congreso español ha continuado la ola europea de reconocimientos parlamentarios de Palestina, algo que puede continuar el próximo viernes en el Parlamento francés. Al concluir una semana en la que las noticias desde Palestina estuvieron dominadas por la violencia, apoyar la estrategia palestina de impulsar la vía diplomática resulta hoy más necesario que nunca. 

Lo dijeron en el Parlamento algunos buenos amigos del pueblo palestino. Si bien la resolución pudo ser mejor, lo importante era continuar la senda de reconocimientos. El Congreso tuvo esta semana la posibilidad de ratificar, o no, la voluntad de la inmensa mayoría de la opinión pública española, que apoya el reconocimiento de Palestina, y lo hizo. A mí, que no soy español, me bastó que se citase en la justificación del voto el discurso dado hace 40 años por el Presidente Yasser Arafat en la ONU para sentir que mis emociones se descarrilaban. Y es que, para quienes no han vivido el sufrimiento de la dispersión y la destrucción de su país, es difícil entender lo que significa cuando en un Parlamento se ratifica el derecho a la autodeterminación de nuestro pueblo. Sentimentalismos a un lado, Palestina logró lo máximo que podría haber logrado con la composición actual del Parlamento español, y aquello fue un rotundo sí.

Como era de esperar, Israel respondió al reconocimiento señalando que era contrario a la paz. Los representantes del mismo país que lleva 66 años violando el derecho internacional y cada resolución de la ONU que les concierne, se arrogan hoy el derecho de enseñar cómo se debe llegar a la paz. En paralelo, son sus maquinarias las que expanden las colonias y demuelen hogares palestinos, mientras son las decisiones de su gobierno las que continúan oprimiendo al pueblo palestino en contra de la ley internacional. Vaya forma de enseñarnos cómo hacer la paz.

El hecho de que Israel haya hecho esfuerzos importantes por detener la decisión refleja que ésta no era meramente simbólica. Es parte de un esfuerzo diplomático que Israel rechaza, por cuanto apunta a consolidar la solución de dos-estados que el gobierno israelí tanto se esfuerza en prevenir. A Israel hay dos cosas que le incomodan mucho: la prensa libre y el derecho internacional. Para apercibirse de ello, es solo cuestión de fijarse en la crítica destructiva que Israel hace contra los corresponsales que sobre el terreno describen lo que está pasando en Palestina, cosa que hacen con los corresponsales que se dedican meramente a traducir la prensa israelí. Por otro lado, Israel es muy crítico con los países que deciden llevar a cabo acciones concretas para cumplir el derecho internacional. Ocurre todo lo contrario con los países que siguen la línea de “solo a través de las negociaciones reconoceremos el Estado palestino”, expresión que solo quiere decir una cosa: convertir el derecho palestino a la autodeterminación en rehén de la voluntad caprichosa de un gobierno cuyos miembros van desde los que aspiran a un “estado” palestino convertido en un archipiélago rodeado de soldados y colonias israelíes, a quienes simplemente sueñan con una nueva expulsión masiva de los palestinos. 

Cada país debe ser consecuente con su posición, y con sus leyes, y llevar a cabo las acciones que sean necesarias en orden a cumplir su deber de intervenir en casos de violación sistemática del derecho internacional. El proceso de internacionalización de la solución llevada a cabo por el liderazgo palestino busca precisamente una salida basada en la responsabilidad que recae en cada uno de los actores, con el fin de plantear a Israel objetivos reales para que respete el derecho internacional. Hasta el momento Israel cree que, con independencia de lo que haga, palabras tales como “sanciones” y “desinversión” no serán pronunciadas por la dirigencia de la Unión Europea. La filtración la semana pasada de un documento interno del servicio exterior europeo señalando lo contrario, junto a la ola de reconocimientos, están enviando el mensaje correcto al gobierno de Tel Aviv, pero aún se necesita más.

Claro es que el reconocimiento cuasi-unánime del Parlamento español al derecho palestino a la autodeterminación fue un momento emotivo para muchos de nosotros. Pero el trabajo recién ha comenzado. Partiendo de una iniciativa que algunos consideran “simbólica”, se deben realizar otras acciones que, impulsando la vía diplomática, no solo demuestren una vez más que la violencia no es la vía para lograr la paz, sino que pongan fin a décadas de impunidad por parte de Israel, el principal peligro para una paz justa y duradera.

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