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Cada hora, una persona: reflexiones para una Cumbre imprescindible

Cada hora de sol, una persona muere tratando de llegar a lugar seguro y encontrar una vida digna. Cada día, unas 17 personas en todo el mundo. Casi 14 de ellas en el Mediterráneo, que se ha convertido en la frontera más mortífera del mundo.

Por eso cada hora que pasa es vital. Cada acción para conseguir cambiar este espeluznante pasar del tiempo es crucial. Mientras tanto, los políticos -sin escuchar la voz de la ciudadanía- miran hacia otro lado e incluso toman medidas que, en lugar de proteger a las personas, violan sistemáticamente sus derechos.

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Chalecos salvavidas inservibles abandonados en la costa de Grecia. Imagen: Pablo Tosco/Oxfam Intermón

Chalecos salvavidas inservibles abandonados en la costa de Grecia. Imagen: Pablo Tosco/Oxfam Intermón

Los días  19 y 20 de septiembre Nueva York acoge dos conferencias internacionales sobre migración y refugio. Una promovida por Naciones Unidas; la otra, por el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. Estas dos jornadas  constituyen una excelente oportunidad para coger el toro por los cuernos y tomar decisiones responsables que acaben con tamaña indignidad. Pero no. Los líderes políticos ya han anunciado que no llegarán a un acuerdo global hasta 2018. Solo en vidas -al ritmo actual- serán 15.000 muertes más, aunque a ellas hay que sumar otros cientos de miles que sufren de violaciones de derechos humanos.

Cada hora cuenta. Los políticos deben asumir sus responsabilidades y cumplir con la legislación internacional en materia de asilo, refugio y derechos humanos. De no hacerlo, el presente nos seguirá golpeando y el futuro nos pasará factura.

España, que participará en estos encuentros, parece haberse unido al club de quienes toman té mientras la situación no deja de empeorar; y entre tacita y tacita, levantan una valla, expulsan en caliente y hacen oídos sordos a los discursos xenófobos. Hasta ahora solo han sido trasladadas a España 474 personas desde Grecia e Italia; una cifra que queda muy lejos de las 17.337 que se comprometió a reubicar y reasentar hasta 2017.

¿Aún estamos a tiempo? El tiempo pasa y las consecuencias humanas –y para la Humanidad- empeoran. A pesar de ello, aún es posible un giro que garantice los derechos de las personas y salve vidas. 17 organizaciones sociales nos hemos unido para exigir a los líderes internacionales y al gobierno español la inmediata adopción de medidas realistas y factibles que permitirían ese giro de timón. Hemos presentado nuestras propuestas al gobierno y al Rey, que en esta ocasión representará a España. Les pedimos, les exigimos, que sean capaces de estar a la altura.

En circunstancias como las actuales, urgen mecanismos que garanticen la plena protección de las personas frente a todo tipo de abuso, violencia y explotación. Deben garantizarse de manera inmediata vías legales y seguras que eviten que las personas se vean obligadas a arriesgar sus vidas en viajes peligrosos, a través de redes de tráfico y trata de personas.

Los países han de asumir su responsabilidad de manera equitativa. Resulta bastante vergonzoso que Europa, la región más rica del planeta, no sea capaz de acoger a quienes tienen derecho a la acogida. Mientras, países como el Líbano, con menos condiciones e infraestructuras, acoge un millón de personas –lo que supone el 25% de su población.

Los acuerdos firmados con terceros países no seguros deben revocarse. Alianzas, como la firmada con Turquía, ponen en grave riesgo la vida de las personas. Debe finalizar la militarización de las fronteras y no utilizar, bajo ningún pretexto, los fondos de cooperación para el control de fronteras. La cultura de paz, la resolución y prevención de conflictos debe ser una pieza clave de la diplomacia internacional.

El viaje no acaba con la llegada. La protección e integración de las personas en los países a los que llegan es clave para asegurar el bienestar de quien llega y la convivencia en las sociedades de acogida. Esto exige fondos suficientes para poner en marcha planes de educación y sensibilización que combatan el creciente ascenso del racismo y la xenofobia. Algunas decisiones que culpabilizan a quienes tratan de vivir como pueden en las precarias condiciones que están en nuestro país, no ayudan a esta acogida.

Mirar hacia otro lado ya no es posible. Precisamente por eso la urgencia es más apremiante. Ojalá que, como humanidad, seamos capaces de acompañarles en el viaje y garanticemos que en un futuro no vuelvan a producirse situaciones que no hacen sino engrosar la historia de la infamia. Aún estamos a tiempo.

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