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La eficacia alemana se estrella contra el nuevo aeropuerto de Berlín

Las obras acumulan cuatro años de retraso y han multiplicado casi por tres su presupuesto inicial

Lufthansa quería convertir la inauguración en el pistoletazo de salida para la constitución de su nueva base de operaciones

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El nuevo aeropuerto de Berlín, en construcción. FOTO: Antonio Ruiz del Árbol

El nuevo aeropuerto de Berlín, en construcción. FOTO: Antonio Ruiz del Árbol

Si les contara que existe un gran proyecto de aeropuerto cuyas obras llevan cuatro años de retraso, con un presupuesto que se ha disparado y en el que las graves deficiencias estructurales han permitido decir a un supervisor aquello que nos suena tan cotidiano de “mejor tirarlo y empezar de nuevo”, alguno de ustedes estaría convencido de que nos referimos al aeródromo de Ciudad Real o de Castellón. 

Pero, en este caso yerran el tiro. Aunque sea a costa de hacer tambalear uno de los pilares más firmes en los que se asienta la viabilidad de la Unión Europea, a la vez que ponemos en entredicho el mito de la organización perfecta, de la exactitud sin tacha y de la infalibilidad de la maquinaria social y productiva germana, no nos estamos refiriendo a sucesos acaecidos en Italia, España, Portugal o Grecia. Hablamos del nuevo aeropuerto de Berlín, en la mismísima capital federal de Alemania.

Esta increíble historia dio comienzo en 2006 cuando los gobiernos federal, el del 'land' de Brandemburgo y el del Ayuntamiento de la ciudad de Berlín se pusieron de acuerdo para acabar con la absurda situación heredada de los tiempos en los que la capital estaba dividida por el famoso muro gloriosamente derribado en 1989. Decidieron programar el cierre de los tres antiguos aeropuertos, Tempelhof, Tegel y Schönefel y, utilizando una de las pistas de este último, levantar un flamante nuevo aeródromo con el nombre de Brandemburgo-Willy Brandt, en honor al líder socialdemócrata que, por otra parte, tuvo un papel tan destacado en la evolución de la transición política española.

Por las fechas en las que se emprendió el proyecto y dado que durante la década de los 90 del pasado siglo Alemania ya había derrochado todo lo que tenía que derrochar (y más) con el objetivo de volver a convertir en Berlín en una de las grandes urbes europeas, el nuevo aeropuerto fue diseñado bajo los imperativos de la austeridad que en los años siguientes los alemanes habrían de exportar a toda Europa, especialmente a los países del sur.

Un diseño ejemplar

El complejo constaría de un único edificio terminal entre dos pistas; una reutilizada de las instalaciones de Schönefel y otra de nueva construcción. Con estos tres elementos se pretendió dar a luz a la estructura más eficiente de Europa en su género de manera que, desde que las aeronaves tocaban tierra, solo debían pasar cinco minutos hasta su llegada al punto de desembarque. Este concepto de eficiencia se cruzó con el de operación de bajo coste, de modo que quedaría ante los ojos del mundo como una aplicación aeroportuaria de los vientos ‘low cost’ que se habían impuesto en la aviación comercial.

El presupuesto inicial se cifró en 1.700 millones de euros, acorde con los vientos de austeridad, y los arquitectos fueron los del prestigioso estudio GMP (Gerkan, Marg und Partner), responsable de grandes obras en todo el mundo y de la espectacular Estación Central de ferrocarril en el mismo Berlín.

La primera fecha anunciada para la inauguración del aeródromo de Brandemburgo-Willy Brandt fue el 3 de junio de 2012. Las dos principales aerolíneas alemanas, Lufthansa y Air Berlín, se enfrascaron en una dura competencia por identificar su imagen con la del aeropuerto. Lufthansa incluso convirtió el acontecimiento en el pistoletazo de salida para la constitución de una nueva base de operaciones desde la que pensaba ofrecer más de 50 destinos en Europa con el marchamo de vuelos baratos.

Incumplimiento antiincendios

Cuando la fecha se aproximaba de manera inexorable, los responsables tuvieron que reconocer que no se encontraban en condiciones de cumplir el calendario previsto y aplazaron la inauguración nada menos que hasta el día 17 de marzo de 2013. A la vista de lo dilatado de la demora entre los medios de comunicación y la opinión pública alemana, comenzó a hablarse de escándalo. Desde entonces la bola de nieve no ha hecho sino crecer. 

Pocos días después del primer aplazamiento se hizo público un informe que aludió a “serios incumplimientos en la normativa antiincendios” en el edificio terminal y se reconocía que el presupuesto inicial se había sobrepasado con creces hasta los 4.700 millones. Aunque no hay demasiada transparencia sobre la naturaleza real de los problemas que aquejan al aeropuerto, parece que tras el concepto de “incumplimiento de normativa antiincendios” se esconde un esfuerzo en la fase final por recortar el presupuesto desbocado, lo que dio lugar a estrecheces en el tendido del cableado y a disfunciones en la configuración de las rutas de evacuación para situaciones de emergencia.

El nuevo responsable de la obra dijo en televisión "Pensar en 2015 es lo más realista"


La sustitución en la jefatura del proyecto de Rainer Schwarz por Horst Amann dio pie a un nuevo aplazamiento hasta el 27 de octubre de 2013 y a la frase famosa del nuevo responsable: “Mejor tirarlo y empezar de nuevo”. En un clima de indignación general, las compañías aéreas han denunciado a los propietarios de la terminal por incumplimiento. El estudio de arquitectos también se ha querellado por las modificaciones introducidas al proyecto original.

Los defectos estructurales deben de ser realmente graves porque el nuevo responsable de la obra, Horst Amann, en una entrevista televisiva en el canal ZDF, afirmó que no estaba en condiciones de mantener la fecha para la inauguración y se descolgó con una frase lacónica que dejó fríos a los televidentes: "Pensar en 2015 es lo más realista".

Responsabilidades

En un clima de bochorno nacional, Gunnar Schupelius, un prestigioso periodista del rotativo Berliner Zeunting, ha lanzado una campaña para conseguir que se impida que el nuevo aeródromo mantenga el nombre de Willy Brandt. En su opinión, sería un desprestigio para la memoria del político quedar permanentemente asociado a tamaño desastre. 

En el apartado de las responsabilidades el gran perjudicado es Klaus Wowereit, alcalde de Berlín desde 2001. Es un peso pesado del partido socialdemócrata SPD, donde ocupa el cargo de vicepresidente. Wowereit goza de una gran reputación. Admitió abiertamente ser gay y es el autor de la frase "Berlín es pobre, pero sexy" ('Berlin ist Arm, aber Sexy') que se ha convertido en un auténtico lema en la ciudad. Pero ya se sabe lo que les pasa a los pobres, incluso en Alemania.

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