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Arquitecta joven busca clientes que no le hagan comentarios sexuales

Delia relata cómo muchos de sus clientes intentan ligar y le lanzan comentarios irrespetuosos

"He sido la joven simpática que los machirulos culpan por dar pie al que nos acosa y también la borde que corta en seco las salidas de tono. Haga lo que haga, siempre pasa lo mismo", concluye

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Delia cuenta los comentarios frecuentes de sus clientes que tiene que aguantar. EFE

Soy arquitecta y soy joven. La mayoría de mis clientes son hombres y muchos intentan ligar conmigo. Al principio me desconcertaba y no sabía como reaccionar. Al final terminaba poniendo una sonrisa tonta que al parecer les daba pie a seguir diciendo barbaridades no profesionales y me costaba esfuerzo centrar el tema en el trabajo. No era el fin del mundo, pero era molesto.

Al poco tiempo, estas salidas de tono ya no me pillaban por sorpresa. No me hago la ofendida ni la escandalizada, pero no les río las gracias y, obviando por completo cualquier comentario sexual, sigo muy amablemente con lo estrictamente profesional. Pese a que considero que mi actitud no fomenta ni motiva que sigan lanzando comentarios irrespetuosos, debo decir que muchos insisten hasta que me obligan a ser descaradamente borde. Tener que hacerte la borde cuando no lo eres no es agradable, sobre todo si te toca hacerte la borde con quien tiene que pagarte. No es el fin del mundo, pero es molesto.

El otro día un cliente que por su actitud (primero sexual que, ante mi indiferencia, pasó a paternalista) ya me había obligado a ser borde e ir seria a sus reuniones decidió que yo hablaba mucho y me mandó callar. En un punto en el que no estábamos de acuerdo me soltó un "cállate un poco que hablas demasiado" y se puso el dedo índice en la boca. Obviamente le dije que yo así no trabajaba. No le monté ningún pollo ni subí el tono de voz, pero le solté un discurso sobre el respeto y la educación que le podría haber dicho a un niño de diez años. En fin, me tocó decírselo a un cliente. Me tocó poner en riesgo un proyecto y, por lo tanto, mi salario. Tampoco fue el fin del mundo, pero fue molesto.

He sido la joven simpática que los machirulos culpan por dar pie al que nos acosa, he sido la borde que corta en seco cualquier salida de tono, he sido la que maneja perfectamente la delgada línea entre ingenua y borde. Finalmente he llegado a la conclusión de que, haga lo que haga, siempre pasa lo mismo. 

Delia

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