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Empoderamiento: Yes you can

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Cuenta una antigua leyenda hindú que hubo un tiempo en el que todas las personas eran deidades, pero abusaron de tal forma de su divinidad que Brahma decidió desposeerlas de su poder divino y esconderlo en un lugar donde les fuera imposible encontrarlo. El problema, por tanto, era decidir cuál sería ese escondrijo.

Cuando las deidades fueron convocadas, propusieron ocultar la divinidad de las personas bajo la tierra, en lo más hondo de los océanos y en los lugares más recónditos del planeta, pero Brahma respondió que en aquellos lugares, más tarde o más temprano, las personas acabarían encontrándola y entonces propuso: “Esconderemos la divinidad de las personas en lo más profundo de sí mismas, pues será el único lugar en el que nunca pensarán buscar”.

Desde ese momento, concluye la leyenda, las personas han dado la vuelta a la Tierra, han explorado, escalado, excavado y se han sumergido en ella, han explorado la luna y el cielo en busca de algo que se encuentra dentro de ellas mismas.

Leyendas aparte, el valor más poderoso de las personas reside en ellas mismas, en su interior. El empoderamiento supone un proceso en el que las personas se responsabilizan de su propia vida y se hacen protagonistas de la misma, para ello es preciso hacerse consciente de las propias capacidades y utilizar los recursos y fortalezas personales para afrontar las circunstancias que se presentan y para la consecución de los objetivos.

Esto supone, por un lado, romper con formas de actuar en las que se cumplen y se tratan de cumplir expectativas o deseos de otras personas sobre nuestra propia vida y, por otro lado, parte también de un concepto muy importante que es la autoconfianza y que consiste precisamente en tener confianza en tí, en sentirte capaz.

¿Cómo nos empoderamos?

El primer paso consiste en aceptarnos tal como somos, amarnos y valorar lo excepcional de nuestro ser.

Como bien señala el psicólogo Ramón Riera i Alibés, el precepto cristiano viene a decir “ama a las demás personas como te amas a ti mismo/a”, no “en lugar de a ti mismo/a”.

Aquí aparece el conocido concepto de la autoestima, que es el grado de valoración que tenemos sobre nosotros/as. Significa amarse, aceptarse, respetarse, cuidarse y confiar en sí (sin necesidad de la constante aprobación externa). La percepción o experiencia que tenemos de nuestra persona es determinante en el transcurso de nuestras vidas. Nuestra actitud ante una situación concreta viene en alto grado determinada por nuestra propia autoimagen.

Dentro de este apartado, es necesario tomarse el tiempo de recopilar y tener presentes las fortalezas individuales que nos han acompañado en nuestra vida. Sí, esas que son tuyas, muy tuyas. Este es un trabajo que todas las personas deberíamos hacer y “plastificar” el resultado para llevarlo en la cartera, o mejor dicho, en la cabeza y en el corazón, cada mañana cuando empezamos un nuevo día.

A partir de ahí, hay que recopilar también todas las experiencias de nuestra vida en las que hemos tenido éxito, hemos conseguido nuestras metas, nos hemos sentido en plenitud… Hay que revivir esos momentos y visibilizar las emociones y los pensamientos que nos acompañaron en aquella ocasión y recuperarlos en cualquier otra situación que nos obligue de una manera u otra a salir de nuestra zona de confort.

Como último ingrediente de esta fórmula, hay que ser consciente de que los seres humanos somos únicos, combinaciones inigualables e irrepetibles. Tú eres un “cocktail genético adornado de experiencias vitales” que ninguna otra persona del planeta, excepto tú, posee.

“una mujer no llega a ser líder por comportarse como un hombre. Sino por potenciar y creer en sus cualidades”.

¿Qué implica esto en términos de perspectiva de género?

Tal como menciona Carmen García Ribas (periodista, profesora de comunicación estratégica y Directora del Master de Liderazgo Femenino de la UPF) “una mujer no llega a ser líder por comportarse como un hombre. Sino por potenciar y creer en sus cualidades”.

Los condicionantes sociales y culturales de género suelen fomentar, en el caso de las mujeres, comportamientos en los que se cumplen los estereotipos aceptados y se priorizan las necesidades, los deseos y las expectativas de otras personas en detrimento de las propias, con el objetivo de lograr aceptación y valoración positiva del entorno. Esto provoca un círculo vicioso en el que la renuncia a los intereses y deseos personales, da lugar a una negación de la identidad y desemboca en un comportamiento de resignación con múltiples consecuencias negativas, entre ellas sentimiento de culpa, miedo al rechazo, auto-sabotaje…

Uno de los antídotos para hacer frente a estos condicionantes a nivel individual, pasa por el empoderamiento y por la autorización personal. Se trata de que las mujeres recuperen y fortalezcan el derecho y el valor de ser quien son.

Por todo ello:

Sé tú, sé auténtica. Conócete. Analiza con honestidad cuáles son tus deseos y tus objetivos y también las creencias sociales y culturales que te han transmitido y que te impiden avanzar hacia ellos. Toma las decisiones de tu vida de manera coherente con quien eres.¡¡¡EMPODÉRATE!!!!

YES, YOU CAN! – BAIETZ, AHAL DUZULA!

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