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"Los perros tienen una predisposición biológica para ayudar"

“Si todos tuviésemos en casa una persona que reciba nuestra llegada como lo hace un perro, no habría depresión”, asegura un psicólogo.

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Desfile de perros abandonados de Bioparc Valencia

Desfile de perros abandonados

¿Pueden los perros ayudar a superar una enfermedad? Esa es una de las cuestiones que ha tratado el taller ‘Animales y personas: importancia del vínculo en el proceso terapéutico’, organizado en el marco de los cursos de verano de la Universidad del País Vasco. “Un amigo es alguien que te conoce bien y que a pesar de ello, te quiere”. Así definió Mabel Arciniega, médico adjunta de Urgencias del Hospital Comarcal del Alto Deba y que ha superado un cáncer, el vínculo que tiene con su perro. Según está médico, los perros tienen una predisposición biológica para ayudar.

Arciniega ofreció la ponencia ‘¿Animal doméstico o salvavidas? Cómo nos ayudan durante la enfermedad’. Por su experiencia personal, cuando una persona tiene una enfermedad el perro es de los pocos que se acerca sin juzgar, sin pedir y sin exigir nada a cambio. Hizo referencia a un psicólogo experto en psicología interactiva que dijo que “si todos tuviésemos en casa una persona que reciba nuestra llegada como lo hace un perro, no habría depresión”.

“Un cáncer o una enfermedad seria hace que dejes de trabajar y crea un paréntesis en tu vida. Tus amigos y tu familia siguen yendo a trabajar, el que paras eres tú. El hecho de tener al perro y de tener que cuidarlo, te hace sentir que sigues teniendo tu propia vida (...) El perro te motiva a seguir haciendo ejercicio. Hasta mi octava sesión de quimioterapia yo andaba 15-20 kilómetros diarios con el perro”. El cáncer le generó un estado de desensimismamiento, “estado del que te abstraes o concentras en ti mismo aislándote de lo que le rodea”. El perro le ayudó a evadirse de sí misma y a dejar de pensar constantemente en su enfermedad. También le ayudó a “expresar una pena o un estado de ánimo para hacerlo más soportable. Yo le contaba todas mis miserias, mis miedos, incluso cuando no lo hacía con mi familia porque no quería preocuparles y por mi tendencia a protegerles”.

Otra de las cosas que más apreció de su perro fue la naturalidad en el trato. “Con el perro siempre eres tú, da igual que no tengas cejas, que no tengas pestañas o que peses 5 kilos menos. Le da igual, tú sigues siendo tú. Los perros aceptan la enfermedad y la vejez como parte de la vida”.

También recalcó que su perro le ayudó a vivir el instante presente. “De los perros tenemos mucho que aprender, son seres meditativos por excelencia. Nosotros estamos siempre pensando en el pasado, que ya no está; y en el futuro, que tampoco está. El perro vive el ahora, que es lo único que tenemos”.

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