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Los catalanes llenan las urnas

Breve reflexión sobre la participación en el 25N

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Vean el gráfico de abajo.  Quizás coincidan conmigo que recoge uno de los elementos más excepcionales de estas elecciones catalanas. Un 69% de participación es ya un dato extraordinario en si mismo. Se trata de las elecciones más concurridas de toda la historia electoral de esta comunidad autónoma, nueve puntos por encima de la media (60,2%). Pero este dato, si lo ponemos en contexto y lo comparamos con la participación en las elecciones generales, aún gana en espectacularidad. Veamos muy brevemente por qué.


La participación en las elecciones generales y autonómicas en Cataluña- 1980-2012

La participación en las elecciones generales y autonómicas en Cataluña- 1980-2012



Las elecciones autonómicas suelen presentar unas características típicas de unas elecciones que los politólogos llamamos de “segundo orden”, un tipo de comicios que suelen ser percibidos como menos relevantes por los ciudadanos. Debido a esto, las elecciones de segundo orden suelen mostrar dos características principales: (i) los ciudadanos suelen estar menos motivados para acudir a las urnas y  (ii) son un tipo de elecciones altamente influidas por lo que ocurre en las elecciones de primer orden: las del Congreso de Diputados (es decir, los ciudadanos votan pensando más en clave nacional que en clave autonómica).

El gráfico muestra cómo ambas características de las elecciones de segundo orden están presentes en el período 1980-2010. Por un lado, la participación ha tendido a ser más baja en las elecciones catalanas que en las generales. Por el otro, la participación en Cataluña ha fluctuado de forma paralela a la participación a las generales. Es decir, la participación en las catalanas viene marcada por el grado de movilización en las generales. 

Sin embargo, ambas cuestiones se han desvanecido completamente en estas elecciones.  La participación en las generales cayó notablemente entre 2008-2011, por lo que, a priori, deberíamos haber esperado lo mismo en Cataluña. No ha sido así. Por primera vez la participación en las catalanas -lejos de moverse de forma paralela- ha fluctuado en sentido opuesto a las generales. Se trata de un hecho excepcional que ha provocado que se rompa con una regularidad típica de las elecciones de segundo orden: que la participación en las autonómicas sea inferior que las generales.

Los notables cambios en la correlación de fuerzas del Parlament no debería provocar que nos olvidáramos este excepcional dato. Toda la prensa ‘seria’ debería destacar en sus portadas del lunes el punto y aparte que supone la participación en estas elecciones. Los catalanes no han votado en esta ocasión como si estuvieran ante unos comicios de segundo orden. Quizás por primera vez, las elecciones autonómicas se han posicionado en un primerísimo plano. Que tomen nota en Moncloa.

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