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TTIP y CETA: la última batalla del capital contra la vida

Estados Unidos no ha ratificado la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, ¿de verdad es este país el mejor socio para Europa?

De aprobarse estos tratados, la sostenibilidad de la vida sólo quedará a merced de manos amigas que aúpen, mimen y cuiden esos cuerpos y esas almas que la economía financiera no es capaz ni de traducir a números

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Cabecera de la marcha contra el TTIP y CETA, en el Paseo del Prado de Madrid

Cabecera de la marcha contra el TTIP y CETA, en el Paseo del Prado de Madrid FOTO CAMPAÑA CONTRA EL TTIP/CETA

El pasado sábado miles de personas marcharon en más de veinte ciudades del Estado español contra los nuevos acuerdos de libre comercio que está promoviendo la Unión Europea. Tanto el TTIP –que se está negociando con Estados Unidos– como el CETA –del que ya existe un texto cerrado con Canadá y está pendiente de ratificación– son unos acuerdos de última generación que crearán una nueva regulación que afectará a cuestiones sociales y laborales. Y por tanto, a la vida.

" La erradicación de las causas de la pobreza y de la desigualdad son decisiones políticas y los tratados comerciales que se están negociando solo servirán para el enriquecimiento de unos pocos y el aumento de las desigualdades", apuntan la organizaciones convocantes de la manifestación y de las protestas llamadas ‘Otoño en resistencia’. Y la desigualdad de género, lejos de erradicarse, será profundizada.

En un panorama económico en el que apenas quedan aranceles, son los derechos sociales, laborales y las protecciones ambientales y sanitarias las únicas que ponen freno a las grandes compañías, empeñadas en el lucro desmedido y ajeno a cualquier tipo de principios.

La nueva estrategia del capital son estos acuerdos de nueva generación, complejos, opacos y depredadores que buscan destripar regulaciones y amoldarlas a sus intereses. Como ha explicado en diferentes ocasiones la profesora de Derecho del Trabajo en la Universitat de València Adoración Guamán, el corazón del TTIP y del CETA es la cooperación reguladora, que establecerá una nueva normativa al margen de las reglas democráticas actuales: "Tienen poco de libre comercio, tienen más de inversión y tienen sobre todo de regulación. Forma parte de una estrategia para reducir al mínimo la capacidad de decisión de la ciudadanía".

Esa homogeneización en la regulación supondrá por ejemplo que se igualen las normas laborales porque, claro, frenan los beneficios empresariales. Un único dato para temblar: Estados Unidos sólo ha ratificado doce convenios de la Organización Internacional del Trabajo, ninguno sobre libertad sindical o negociación colectiva. Si la desregulación laboral continúa en aumento afectará, como sucede habitualmente, de manera más directa a las mujeres. Por sólo apuntar una tema: ¿qué pasará con los intentos tan mediáticos de conciliación laboral y familiar?, ¿o las bajas por maternidad o paternidad?, o, como dice Coral Herrera, el tiempo para el amor.

No hay que ser erudita en políticas económicas para ver que si estos tratados buscan limitar las barreras a los beneficios económicos, los cuidados, una de las claves de la economía feminista, serán aún más invisibilizados; y la vida y espalda de las mujeres estrujada sin pudor. Porque si queremos vivir, como seres dependientes que somos, necesitamos a alguien que nos cuide. Y, ¡cosas del querer!, suele ser la madre, la hermana, la abuela, la hija, la novia, la esposa o la nieta. ¡Hasta la prima!

También están en juego los servicios públicos, aunque cada vez lo sean menos y de peor calidad. La economista Yolanda Jubeto ha explicado que éstos " son fundamentales para las mujeres porque emplean a muchas y también porque dan servicios asignados tradicionalmente a éstas. Todo esto hace que la carga de trabajo de las mujeres se multiplique en una época de crisis donde se está poniendo todo el acento en la familia, que es uno de los pilares sobre los que están recayendo la mayor parte de los recortes".

Cuando desaparecen o debilitan los servicios sociales son las mujeres quienes hacen estas tareas de cuidados, invisibilizadas, no remuneradas y denostadas. La economista Lina Gálvez recuerda por su parte que las mujeres hacen el 70 por ciento del trabajo no remunerado. Sin olvidar que también son las principales empleadas del sector público.

Las amenazas, por tanto, son múltiples. No se puede olvidar la democrática. Y es que, de momento, la población de Europa está al margen del proceso de negociación del TTIP, que lidera la Comisión Europea dejando al margen al Parlamento de la Unión. La falta de transparencia y la información son las primeras consecuencias que dejan estos tratados, aun antes de ratificarse o entrar en vigor. Suponen sin duda un paso atrás en la democracia y en la participación ciudadana, una de las reclamaciones más vehementes de los movimientos sociales europeos en los últimos años.

El análisis no puede obviar que los avances en materia de igualdad de género llegaron de la mano de los avances democráticos. ¿Qué pasará si hay una regresión? Y lo que es más sangrante de todo: Estados Unidos no ha ratificado el Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés). ¿De verdad es este país el mejor socio para Europa?

De aprobarse el CETA y el TTIP, la sostenibilidad de la vida quedará a merced de manos amigas que aúpen, mimen y cuiden esos cuerpos y esas almas que la economía financiera no es capaz ni de traducir a números. En todo caso, los cuenta como ceros a la izquierda. Como sostiene la ecofeminista Yayo Herrero, "el sistema económico capitalista se ha construido ignorando e invisibilizando usurpaciones determinantes: la de lo ecológico y el acaparamiento del trabajo y el tiempo de las personas que cuidan la vida humana y los cuerpos vulnerables, en su mayoría mujeres”.

Es ahora más que nunca el momento en que la economía feminista retome la voz de la protesta europea, de la oposición a estos tratados de libre comercio que se levantarán sobre las espaldas de millones de mujeres. Es la hora de gritar que la producción no se puede imponer a la reproducción.

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