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Desesperación, mafias, pobreza y esperanza en "Metro Manila", de Sean Ellis

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Desesperación, mafias, pobreza y esperanza en "Metro Manila", de Sean Ellis

Desesperación, mafias, pobreza y esperanza en "Metro Manila", de Sean Ellis

La desesperada decisión que toma un hombre para salvar a su familia de la miseria sirve de base al realizador británico Sean Ellis para ofrecer en "Metro Manila" ración doble de inmersión en la política y la sociedad de Islas Filipinas, con sus desigualdades sociales, su violencia y su corrupción de fondo.

"La denuncia es un producto colateral, no el propósito de mi cine", explica Ellis en una entrevista con Efe realizada en Madrid a donde se desplazó el director tras presentar su película en la Seminci de Valladolid.

Lo importante es la historia, profundiza el inglés, nacido en Brighton en 1970, "y para hacerla interesante hay que crear conflictos creíbles. Cuanto más realista el conflicto, más real parece el drama, pero no como documental, porque entonces no podría permitirme el final poético que tiene esta película".

Cargado de un potente sentido del humor, el realizador cuenta cómo fue capaz de dejar el ya bajo presupuesto de la película a la mitad al asumir el trabajo de diez personas (además de guionista, productor y realizador se encargó de la cámara, las luces, el sonido y la steady-cam), aunque espera "no volver a hacerlo nunca".

En esa línea, explica que su productora ejecutiva, Celine López, "la única persona que conocía en Manila", fue para él como "una Paris Hilton" filipina.

"Ella conocía al actor principal, que nos condujo al resto del elenco; y al dueño de una compañía de seguridad, que nos dejó desde los blindados, hasta los uniformes. Y al de la compañía aérea, que aceptó que rodásemos en su avión si su hijo salía en la película", cuenta, aguantando la risa, que se le escapa por sus ojos azules.

Y lo de los actores no era una cuestión menor, porque toda la película recae en los más que expresivos rostros de Jake Macapagal (Óscar Ramírez), Althea Vega (su esposa Mai) y John Arcilla, Ong, su compañero de trabajo.

"No tenía dinero, dividimos las tareas. Lo más caro fue el veterinario del gato", continúa siguiendo la broma.

Habla de una escena real, que metió en la cinta: unos niños apalean a un gatito callejero y Ellis y su equipo gastan un buen pellizco en llevarlo al veterinario: "Le curamos, se vino al hotel y luego se lo quedó Jake, pero el pobre se murió unos meses después", narra con gracia, bromeando con el "Óscar póstumo" que tendrían que darle si se llevase la estatuilla.

Porque el filme, rodado en la lengua nativa de Islas Filipinas, el tagalo, que tiene muchos términos en castellano, representará a Reino Unido en la carrera por el Óscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa.

No es la primera vez para Ellis, que ya estuvo en Hollywood en 2004 cuando fue nominado su cortometraje "Cashback", cinta que en 2006 convirtió en un largo que fue premiado en el Festival de San Sebastián.

Cuando se le hace notar que no tienen nada que ver ninguna de sus tres películas, aunque las dos primeras tienen un coincidente tono fantástico (la segunda, "The Broken", fue premiada en el Festival de Sitges), Ellis señala que "hacer una película es como tener una aventura amorosa; no me gusta tener el mismo rollo con la misma chica una y otra vez, eso me pasa también con el cine".

"Creo que no puedes hacer una buena película si no estás obsesionado, si no, es solo trabajo, y si es trabajo, es negocio, y eso no es interesante para mi: hay maneras más fáciles de ganar dinero, como ser corredor de bolsa o traficante de drogas", provoca.

Al igual que la historia del gato, Ellis introduce el caso real de Reginald Chua, al que convierte en "Alfred Santos", un hombre desesperado que, tras perder la fábrica de seda de su padre, al que asesinaron las mafias, secuestra un avión de las líneas aéreas filipinas del que salta asido a un paracaídas casero. Murió.

La formación de este fanático del cine (a los diez años veía "dos o tres películas diarias", asegura) fue "básicamente esa: ver películas". Pero ahora, afirma, hay "cierto ruido que uno tiene que borrar", por lo que solo ve cine "bueno y de referencia".

Alicia G.Arribas.

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